viernes 20 de febrero de 2026 - Edición Nº2634

Internacionales | 20 feb 2026

Comunicación y Tecnología.

Disputar el futuro: red federada, popular y soberana de datos

12:40 |En el embate de la vida concreta, buscamos alinear la teoría con las necesidades y posibilidades de la práctica. Sin miedo al futuro, buscamos presentar alternativas en una sociedad global que bloquea la esperanza, produciendo sufrimiento, agotamiento y depresión. Disputar el futuro se ha convertido en una tarea política urgente.


Por: Mauro Salles Machado. Fuente: https://www.alai.info/

Sindicalismo, tecnología y soberanía digital

En el embate de la vida concreta, buscamos alinear la teoría con las necesidades y posibilidades de la práctica. Sin miedo al futuro, buscamos presentar alternativas en una sociedad global que bloquea la esperanza, produciendo sufrimiento, agotamiento y depresión. Disputar el futuro se ha convertido en una tarea política urgente.

Vivimos contradicciones reales de la lucha sindical en el sistema financiero y más allá de él, marcadas por el uso ultraintensivo de la tecnología. Ésta no solo sirve para potenciar los negocios, sino también para resolver el “problema de la Gestión”, como ya señalaba Harry Braverman: ampliar el control, estandarizar las tareas, fragmentar los conocimientos. Sentimos, en carne propia, sus consecuencias —alienación, intensificación del trabajo, vigilancia permanente—, pero también sabemos que este sufrimiento puede abrir caminos para elevar la conciencia.

Por eso, el debate tecnológico es existencial para el sindicalismo bancario. Sin enfrentarlo, el sindicato corre el riesgo de reducirse a una instancia administrativa. Los trabajadores bancarios necesitan ver en el sindicato un proyecto de futuro.

Incidir en las contradicciones del capitalismo digital

El capitalismo digital es una nueva etapa de la acumulación capitalista, no porque rompa con el capitalismo clásico, sino porque reorganiza profundamente sus mecanismos de extracción de valor, dominación y control, reconfigurando las fuerzas productivas. Se caracteriza por la centralidad de los datos, los algoritmos y la financiarización, lo que intensifica la explotación, profundiza las desigualdades y pone de relieve que la lucha de clases también se libra en el terreno tecnológico.

Para los trabajadores, el debate es existencial, porque disputar la tecnología es disputar el poder, y la soberanía digital es una cuestión esencial, por lo que es necesario reapropiarse socialmente de la tecnología.

Con la ayuda de Juliane Furno, es importante comprender que

a lo largo de la historia, el capitalismo ha mantenido sus principales características, pero se ha visto atravesado por contradicciones que, en cada momento histórico (dependiendo sobre todo del grado de correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo), se han presentado de forma distinta. Captar las características predominantes en cada fase o subfase de este modo de producción es esencial para comprenderlo en su totalidad, algo tan caro a los marxistas.

Un análisis marxista no parte de la voluntad política, sino de las contradicciones objetivas del modo de producción. En el capitalismo digital, estas contradicciones deben ser estudiadas y exploradas por una política de soberanía tecnológica popular.

Una primera paradoja es el intelecto general. Según Marx, el conocimiento se produce socialmente, pero se apropia de forma privada. La cooperación social genera riqueza, mientras que la infraestructura técnica y los medios digitales permanecen concentrados. El capital depende de algo que no puede producir por sí solo: el conocimiento social colectivo.

Un segundo elemento es la contradicción entre las fuerzas productivas avanzadas y las relaciones de producción atrasadas. La inteligencia artificial, la automatización y las redes digitales crean un potencial de abundancia, pero las relaciones sociales siguen organizadas por la escasez artificial. Incluso con la reducción del trabajo directo, se sigue extrayendo valor, lo que profundiza la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

Otro aspecto relevante es la centralización técnica. Los datos y el poder se concentran, mientras que el trabajo se fragmenta, se precariza y se aísla. La coordinación social existe, pero sin control de los trabajadores.

En la tradición marxista, lo nuevo no nace fuera de lo viejo, sino a partir de sus contradicciones internas. Esto exige disputar la propiedad y el control de las fuerzas productivas. Hoy en día, esto significa luchar por una infraestructura digital pública o cooperativa, redes de comunicación soberanas, nubes públicas, plataformas no comerciales y centros de datos bajo control social.

Los datos, producidos socialmente, deben ser tratados como un bien común, con propiedad colectiva, gobernanza democrática y uso público. La reapropiación del intelecto general pasa por hacer frente a la captura del conocimiento a través de patentes, secretos comerciales y algoritmos cerrados. Como contrapunto, es necesario desarrollar software libre, IA auditable, tecnologías socialmente controladas y formación técnica de los trabajadores.

No hay infraestructura soberana sin sujeto colectivo. El capital necesita al trabajador conectado, pero lo aísla. La respuesta es conectar organizaciones y construir soluciones colectivas y federadas. El conocimiento sólo es emancipador cuando se comparte.

Es indispensable disputar el Estado que, capturado por los gigantes tecnológicos (Big Techs), debe ser presionado para invertir en infraestructura soberana, planificación tecnológica y compras públicas estratégicas. El Estado no se emancipa por sí solo, necesitamos disputar la agenda social y política porque, sin él, ciertas infraestructuras no se construyen. Aun así, no podemos esperar pasivamente soluciones que vengan de arriba, las alternativas populares deben construirse desde ya.

Podemos basarnos en Gramsci y comprender que la guerra de posiciones, en el capitalismo digital, se libra en el terreno técnico. Cada servidor, código y plataforma es una trinchera. Esto nos desafía a crear alternativas funcionales, disputar estándares técnicos, formar cuadros técnicos orgánicos y producir consenso social en torno a la soberanía digital.

El marxismo no propone saltos al vacío, pero tampoco bloquea la audacia. Incidir en las contradicciones del capitalismo digital es disputar el control del intelecto general, revertir la mercantilización de la vida y reorganizar la infraestructura técnica como bien común.

La IA en el mundo laboral

La IA no está “llegando” al trabajo, ya organiza objetivos, ritmos, evaluaciones de rendimiento, vigilancia y despidos automatizados. Actúa como capital fijo algorítmico, profundizando la subordinación real del trabajo al capital.

El movimiento sindical ha actuado, en general, de forma defensiva en este terreno, en la disputa de cláusulas sobre nuevas tecnologías, exigencia de negociación previa, límites a la vigilancia y denuncias de acoso algorítmico. Estas iniciativas son importantes, pero insuficientes, ya que actuamos después de que la tecnología ya ha sido impuesta.

El salto necesario es pasar de lo reactivo a lo estratégico:

  • Disputar el diseño de la tecnología. La tecnología es una decisión política cristalizada en código. El sindicato debe luchar por el acceso a los sistemas, la auditoría de algoritmos, la transparencia de las métricas y el poder de veto sobre tecnologías nocivas y discriminatorias. No basta con negociar las consecuencias, hay que negociar la técnica.
  • Construir infraestructura propia. Usar solo plataformas de las grandes tecnológicas es aceptar la hegemonía del capital. Las plataformas sindicales propias, las bases de datos bajo control colectivo, la comunicación soberana y el software libre no son un lujo, sino una condición para la autonomía política.
  • Organizar el trabajo digital invisible. La moderación, la alimentación de sistemas y otras formas de trabajo oculto deben ser reconocidas, organizadas y sindicalizadas.
  • Situar la IA en el centro de la negociación colectiva, con normas sobre objetivos algorítmicos, ritmo de trabajo, derecho a la desconexión, prohibición de los despidos automatizados y responsabilidad humana obligatoria.

Banqueros y sistema financiero: disputa en el terreno tecnológico

En el sistema financiero, la tecnología se utiliza de forma exponencial. La automatización, los algoritmos y la IA tienen como objetivo reducir costos, intensificar el trabajo y maximizar los beneficios, actualizando el viejo problema gerencial del control total del proceso productivo.

A pesar del discurso del “banco sin personas”, el sistema financiero no prescinde del trabajo humano. Lo que ocurre es una recomposición precaria de la fuerza laboral. Hoy en día, más de un millón de trabajadores trabajan para los bancos en Brasil, directa o indirectamente (teniendo en cuenta la subcontratación, las plataformas, las cooperativas, las fintech, los seguros y las finanzas), de los cuales unos 424,000 son empleados bancarios vinculados directamente a los bancos. La dependencia del trabajo sigue existiendo, pero su forma se ha degradado.

Para 2025, los datos del Dieese y las investigaciones de Febraban indican una profunda reestructuración: inversiones en tecnología del orden de 50,000 millones de reales, expansión acelerada de la IA, 82% de las transacciones realizadas por canales digitales, cierre de sucursales físicas y beneficios récord para los grandes bancos, combinados con la reducción de puestos de trabajo, la subcontratación y las enfermedades laborales. La tecnología se utiliza como instrumento de reorganización productiva e intensificación del trabajo.

Las inversiones tecnológicas no generan un retorno social proporcional. No reducen la jornada laboral, no amplían los derechos ni mejoran las condiciones de trabajo. Por el contrario, profundizan las desigualdades, los objetivos inalcanzables y la vigilancia permanente. Y, aun siendo una concesión pública, tampoco mejora la vida de los clientes, que se convierten en ejecutores de tareas con un servicio precario, pagan intereses y tarifas elevadas y son víctimas de fraudes financieros.

Somos conscientes de la importancia del debate tecnológico y actuamos en él mediante la negociación con los bancos. Aun así, nuestra intervención sigue siendo esencialmente reactiva, centrada en la defensa de cláusulas protectoras, sin cuestionar el proyecto tecnológico en sí.

El desafío estratégico: soberanía digital y protección de datos

La transformación digital ha profundizado la centralidad de los datos como activo estratégico. Para los sindicatos y los movimientos sociales, esto plantea un desafío ineludible para garantizar la autonomía política, la seguridad de la información y el uso inteligente de los datos en un escenario de creciente dependencia de las grandes plataformas privadas.

Los sindicatos y los movimientos sociales manejan a diario datos sensibles: información personal, registros de afiliación, datos financieros, historiales de movilización, estrategias políticas y jurídicas. Estos datos están dispersos, sin un tratamiento estratégico. Necesitamos agregar estos datos y utilizar las tecnologías para crear inteligencia a partir de nuestra información.

La dependencia de las grandes tecnológicas genera riesgos estructurales como la pérdida de control sobre datos estratégicos, vulnerabilidad ante la Ley General de Protección de Datos (LGPD) y ausencia de un modelo de infraestructura replicable y escalable. Esta dependencia compromete la autonomía política y la planificación estratégica a largo plazo.

La solución propuesta

Ante esta situación, la dirección del sindicato SindBancários de Porto Alegre decidió invertir en soluciones soberanas, articulando un equipo técnico cualificado, con trayectoria en bancos públicos y estatales, combinando formación técnica y compromiso social, y estableciendo alianzas con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), la Marcha Mundial de las Mujeres y otras organizaciones.

Creamos el proyecto “Red Popular Federada y Soberana de Datos”, que parte de la comprensión de que la soberanía digital no es un tema técnico aislado, sino una condición de existencia organizativa y política.

El proyecto en curso implementará un marco modular, estructurado como una red federada soberana de datos (RSD), basada en software libre, arquitectura distribuida y gobernanza colectiva.

Cada entidad será un “nodo” institucional, interconectado a una red común por estándares de seguridad, interoperabilidad y gobernanza compartida, lo que garantiza el control local de los datos y la cooperación a escala de red.

La complejidad técnica con control político está garantizada con un lago de datos soberano, un entorno de colaboración y una arquitectura en capas que garantizan una evolución continua y una protección sólida.

Será la primera solución integrada de red federada soberana diseñada para sindicatos y movimientos sociales, que combina autonomía digital, conformidad con la LGPD, reducción de la dependencia de las grandes tecnológicas y escalabilidad.

Está previsto el desarrollo de un ecosistema de aplicaciones de streaming, mensajería cifrada, correo electrónico soberano, almacenamiento colaborativo, IA y análisis bajo el control de las entidades; plataforma de formación; aplicación para trabajadores con servicios e interactividad; plataforma de asambleas; biblioteca y observatorio digital sindical, etc.

También es nuestro objetivo alojar sistemas, aplicaciones y soluciones desarrolladas por entidades populares.

Apropiación del futuro

La Red Soberana de Datos no es un mero proyecto de Tecnologías de la Información (TI). Es una estrategia política de soberanía, protección institucional y futuro organizativo. Disputar el terreno tecnológico es disputar las condiciones de existencia y de lucha en el siglo XXI.

Siempre estamos tanteando la realidad en busca de salidas humanas, necesitando el “presente eterno”. Para recuperar la capacidad de imaginar y construir caminos, apropiarnos del futuro, como propone Mark Fisher.

Referencias

Braverman, H. (1978). Trabalho e capital monopolista: a degradação do trabalho no século XX. LTC.

Fisher, M. (2020). Realismo capitalista: é mais fácil imaginar o fim do mundo do que o fim do capitalismo? Autonomia Literária.

Furno, J. (2020). Imperialismo: uma introdução econômica. Da Vinci.

Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro I. Boitempo.

Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro III. Boitempo.

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