Por: Eric Calcagno
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La noción de “cordón sanitario” nos viene de las pandemias sufridas por la humanidad a lo largo de la historia. En efecto, frente al desconocimiento de una dolencia contagiosa, peligrosa, mortal, primero se establecieron cuarentenas para detener el flagelo. En general no funcionaron, siempre hay gente que quiere ser libre de contagiar y morir. Con la llegada de la modernidad se establecieron otras medidas. Una de ellas fue el “cordón sanitario”.
Uno de los primeros en instrumentarlo fue D’Auguesseau en 1720, por entonces Canciller de Francia. Unos mercaderes poco escrupulosos, como son los grandes empresarios, evitaron la consigna que obligaba al control de los bienes importados, e introdujeron en la Provenza francesa exquisitas telas turcas empapadas de Peste Negra. ¿Pero qué importa la muerte del otro frente al lucro propio? La cosa es que frente a la infección que afecta a una ciudad tan grande como Marsella y ciudades adyacentes, D’Auguesseau hizo política. Declaró en público que no era importante. Pero para el gobierno dejó claro que no había amenaza más peligrosa para el Reino. Así mandó a la mitad del ejército francés para establecer un perímetro del cual no podría salir nadie. La orden fue abatir a quien quisiera escapar de la zona pestífera. Eso es un “cordón sanitario”.
Por eso no sorprende que sea un médico como Georges Clemenceau que haya propuesto establecer un “cordón sanitario” contra la Revolución Rusa. En efecto, luego de la primera guerra mundial las potencias occidentales intentaron ahogar a la naciente revolución con intervenciones militares, que al final fueron derrotadas. Frente a esa situación, Clemenceau propuso el “cordón sanitario” contra los bolcheviques, que de repente aparecieron más peligrosos que los germanos derrotados ayer nomás, frente a quienes había que instalar medidas propia de la epidemiología.
Algo parecido sucedió al principio de la guerra fría, cuando se habló de “un telón de acero” que cayó sobre media Europa, en referencia al bloque de los países socialistas. “Mundo libre” contra “mundo comunista”.
Al escribir estas líneas, no sospechábamos que occidente atacaría Irán este fin de semana. Ni que nos daría el mejor ejemplo de la necesidad de establecer un “cordón sanitario” que contenga las agresiones permanentes que cometen las naciones “civilizadas”-
Es que el ataque no se realiza “pese” a violar las leyes internacionales, el ataque se realiza “para” violar esas leyes que rigen la convivencia más o menos pacífica entre los Estados. Eso fue la historia de la “Sociedad de las Naciones”, creada después de la primera guerra mundial –la que debería ser la guerra para terminar con todas las guerras- y que falló al convertiste en un club franco-ingles. Mejor suerte corrió la Organización de las Naciones Unidas creada al terminar la segunda guerra mundial. Si bien careció de la eficacia esperada en la prevención de conflictos, a lo largo de varios decenios obtuvo resultados sobresalientes en la ayuda al desarrollo económico, la salud, la alimentación, la cultura, las condiciones de trabajo y no pocas veces en el campo de los derechos humanos. Frente a la actual situación de guerra mundial deberá probar que puede y debe existir, so pena de convertirse en una institución vacía o cómplice. Lo que desean muchos en occidente, por cierto.
Los argumentos que justificaron el “cordón sanitario” contra los soviets se inspiraban en conceptos científicos, mal traídos al campo político, pues las ideas no son gérmenes, sino una construcción cultural. Sin duda Clemenceau lo utilizó como una metáfora, pero pronto muchos lo tomamos de manera literal. Al mismo tiempo, los argumentos a favor de la guerra perpetua que hoy impone occidente al mundo pertenecen a la dimensión de la fe: Dios nos ha dicho, Dios nos ha dado, Dios nos ha prometido. Esa son las certezas de alguien como Pete Hegseth, el secretario de Guerra de los Estados Unidos, que ve en el actual Estado de Israel la forma perfecta de gobierno. Basta con leer “American Crusade” (2020), un escrito cometido por este secretario. En ambos casos, la política desaparece y deja un vacío. Que occidente propone llenar con violencia.
En ese contexto es pertinente pensar en la construcción de un “cordón sanitario” que pueda limitar los excesos imperiales y las fantasías milenaristas que han reemplazado al pensamiento occidental. Por supuesto no se trata de epidemiología, sino de política. No hablamos de fanatismos, sino de argumentos. Si como resultado de la guerra en curso las Naciones Unidas habrán de caer, entonces serán los Estado-Civilización como China, la India y Rusia los que desarrollarán nuevos foros internacionales, nuevas instituciones que aseguren “la cooperación mutuamente provechosa” entre las Naciones. Muchos de esos organismos ya existen y pueden alcanzar la dimensión multipolar necesaria para el cuidado de los habitantes del planeta. Sí, esos mismos que occidente parece disfrutar al masacrarlos. «