domingo 01 de marzo de 2026 - Edición Nº2643

Internacionales | 1 mar 2026

El Ayatolá Alí Jamenei Asesinado.

Jamenei, un duro discípulo de Jomeini, el obstáculo para que Trump se quede con el petróleo

09:37 |El ayatolá iraní, de 86 años, una figura política y religiosa clave, fue asesinado. Su propio gobierno lo desmientió en un principio, pero luego lo reconoció.


Por: Paloma del Berro

El ayatolá iraní, Alí Jamenei de 86 años.

“Soy sin duda discípulo del imán Ruholá Jomeini», declaró Alí Jamenei en 1989 tras suceder al poderoso ayatolá, fundador de la República Islámica. La leyenda habla de su habilidad para sortear una y otra crisis. No utilizaba su brazo derecho, herido por una bomba, tres décadas atrás. Hace unas horas, a los 86 años, primero desde el gobierno de Israel, y luego el propio Trump anunciaron la muerte del líder iraní. Su país nunca lo admitió.

Alí Hoseiní Jamenei dominó el gobierno de Irán desde que asumió el cargo. Había nacido el 19 de abril de 1939 en Mashad, ciudad santa para los chiítas. Segundo hijo del Hojatoleslam Javad Jamenei, estudió en un maktab y luego asistió al seminario de Mashad, junto al Gran Ayatolá Milani. Abandonó Irán a los 18 años para peregrinar a Nayaf, ciudad iraquí, que le marcó su vida. Al año siguiente, se trasladó a Qom, la santa sede de los chiítas y por más de una década siguió las enseñanzas de los ayatolás más famosos de la época (Borujerdi y Ruhollah Jomeini). En los ‘60 se unió a las filas revolucionarias que se oponían al régimen del Sha y consolidó como antiestadounidenses. En mayo del ’63, fue preso cuando, en una misión, llevaba un mensaje de Jomeini al ayatolá Milani.

Tras el regreso de Jomeini a Teherán en 1979, integró el Consejo Revolucionario y luego de su disolución se convirtió en viceministro de Defensa y representante personal de Jomeini en el Consejo Supremo. A la vez comandó la Guardia Revolucionaria. Un duro, especialmente en política exterior. Pero sabía negociar: lo demostró en la llamada crisis de los rehenes. Uno de los fundadores, en 1981  del Partido Republicano Islámico . Poco después, una bomba puesta por los Muyahidines del Pueblo explotó en la mezquita de Teherán y le hirió seriamante el brazo derecho. Luego fue diputado y finalmente presidente durante dos mandatos. En 1989, ante la muerte de Jomeini, fue elegido Rahbar. La Asamblea de Expertos, de la noche a la mañana, lo ascendió de hojatoleslam a ayatolá.

Bajo su liderazgo, Irán afrontó momentos de gran dificultad. Por caso, durante los dos mandatos del presidente Mohamed Jatamí, un reformista que impulsó la distensión con Occidente: los choques con Jamenei fueron notables. Luego pudo imponer al ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, su protegido. Ya en 2009, la República Islámica pasó por un momento de alta tensión, cuando se suscitó la controvertida reelección del Mohammad Baqer Qalibaf, exalcalde de Teherán, con miles de muertos en la represión de la Ola Verde: le indilgaron la responsabilidad a Jamenai. En 2015 apoyó al reformista Hassan Rouhani, por caso en el Plan de Acción Integral Conjunto, que produjo el levantamiento de las sanciones contra la República Islámica, luego frustrado por Trump en 2018. De todos modos, Jamenei retaceó su adhesión a los intentos de Rouhani de ampliar las libertades civiles. Al mismo tiempo, negó sistemáticamente el Holocausto e instó a “borrar del mapa al Estado judío”, calificándolo de «cáncer».

Durante su largo reinado, construyó una compleja arquitectura de seguridad basada en el «Eje de la Resistencia» -una red de alianzas y milicias en Líbano, Siria, Irak y Yemen diseñada para proyectar la influencia iraní- sentado sobre el poderío que le brindaban los pozos de petróleo.

Pero la guerra en Gaza marcó un punto de inflexión: líderes y comandantes de Hamas, Hezbolá y los hutíes murieron en operaciones selectivas, debilitando la red diseñada para cercar a Israel. Fue clave la caída de Asad en Damasco. Mientras, en el ámbito nacional, crecía el descontento y las protestas, duramente reprimidas. Los analistas insistían en la brecha entre ayatoláh y la sociedad. Una brecha jamás demostrada en las calles.

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