sábado 07 de marzo de 2026 - Edición Nº2649

Derechos Humanos | 7 mar 2026

Lógica de la Dominación.

99,9% iguales… y atrapados en la lógica de la dominación

08:58 |Somos 99,9% iguales y la diferencia del 0,1% de nuestros genes no debiera ser excusa para la dominación, sino oportunidad para el aprendizaje mutuo. Esa infinitesimal diversidad no es la amenaza que se cierne sobre la humanidad. Es la condición misma de nuestra especie. La variación cultural, lingüística y religiosa es riqueza, no jerarquía ni división.


Por: Marcelo Trivelli. Fuente: Agencia Pressenza.

Imagen de Genotipia

Somos 99,9% iguales y la diferencia del 0,1% de nuestros genes no debiera ser excusa para la dominación, sino oportunidad para el aprendizaje mutuo. Esa infinitesimal diversidad no es la amenaza que se cierne sobre la humanidad. Es la condición misma de nuestra especie. La variación cultural, lingüística y religiosa es riqueza, no jerarquía ni división.

El genetista Francis Collins, director del Proyecto Genoma Humano, escribió en su libro The Language of God que “todos los seres humanos somos 99,9% idénticos en nuestra secuencia de ADN”. No es una consigna ética ni un eslogan buenista. Es un dato científico.

Ese 0,1% explica el color de piel, algunos rasgos físicos y ciertas predisposiciones biológicas. No explica el odio. No explica la voluntad de exterminio. No explica la obsesión por marcar superioridades.

Si la biología nos une casi por completo, entonces la división es una construcción. Un relato. Y cuando las diferencias se exageran, siempre hay una búsqueda de poder detrás.

La historia lo confirma con crudeza. En la guerra en Gaza, el enfrentamiento entre israelíes y palestinos —judíos y musulmanes— ha escalado hasta niveles donde la deshumanización permite justificar lo injustificable. Lo mismo ocurre en los conflictos contemporáneos: Estados Unidos versus Irán, Rusia versus Ucrania. Identidades religiosas, lenguas o relatos nacionales se convierten en banderas de confrontación. La fe, que debiera ser un puente moral, se transforma en frontera armada.

Nada de eso está escrito en nuestros genes.

Lo que sí está inscrito es nuestra capacidad de empatía, cooperación y supervivencia colectiva. Evolucionamos colaborando, no exterminándonos. Sin embargo, la política del miedo necesita enemigos nítidos. La diferencia exagerada cohesiona al grupo propio y legitima la exclusión del otro.

No necesitamos mirar solo al escenario internacional. En Chile, lo ocurrido a ocho días del cambio de mando con el presidente electo realizando ingentes esfuerzos por diferenciarse del presidente saliente es un espectáculo lamentable para el país. Refleja la misma lógica de ruptura simbólica. En vez de continuidad republicana, contraste forzado. En vez de altura institucional, distanciamiento teatral. La política convertida en demostración de superioridad y no en ejercicio de responsabilidad compartida.

Si somos 99,9% iguales en nuestra arquitectura genética, la pulsión de dominación no es biológica: es cultural y estratégica. Dividir otorga poder inmediato. Unir exige liderazgo.

La diversidad no amenaza la democracia; la fortalece. Lo que la debilita es la utilización de esa diversidad para jerarquizar, humillar o imponer. La ciencia ya desmintió el mito de la superioridad biológica. Falta que la política abandone la ficción de la superioridad moral absoluta.

Porque si la biología no nos separa, entonces cada frontera que levantamos es una decisión. Y decidir dividir, pudiendo integrar, es siempre una forma de pequeñez. Entonces, la pregunta no es cuánto nos diferenciamos. La pregunta es cuánto estamos dispuestos a elevarnos por encima de esa mínima diferencia.

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