Por: https://www.lapoliticaonline.com/
![]()
Lula da Silva y Santiago Peña se encontraron este domingo en Campo Grande, Brasil, para destrabar la negociación de Itaipú. El encuentro ocurrió bajo un clima de tensión diplomática alimentado por visiones políticas opuestas sobre la gobernanza regional y el multilateralismo. Ambos líderes buscan definir el futuro operativo de la mayor central hidroeléctrica del mundo para las próximas cinco décadas.
La reunión se produjo apenas un día después de que el mandatario brasileño cuestionara duramente las políticas neo colonizadoras de Donald Trump. Lula advirtió sobre la expansión del "trumpismo" en Sudamérica y la amenaza que esto representa para la soberanía de los recursos naturales. Por su parte, Peña muestra un alineamiento cada vez más pragmático hacia el republicano, priorizando alianzas estratégicas con Washington.
Uno de los mayores puntos de fricción es el acuerdo SOFA, que permite la presencia de instructores militares estadounidenses en territorio paraguayo. Brasil observa con recelo este pacto, especialmente por la cercanía de tropas norteamericanas a la zona estratégica de la Triple Frontera. Peña defiende la medida argumentando que los gobiernos progresistas -como el de Lula- han debilitado históricamente la seguridad y la lucha contra el crimen.
Tras la reunión entre ambos líderes nacionales, desde el equipo de comunicación de Peña infomaron que no habría declaración conjunta de los presidentes de Paraguay y Brasil en relación a la bilateral, lo que da a entender que el acuerdo aún no está cerrado.
El proceso de diálogo ya arrastraba heridas profundas tras las denuncias de espionaje realizadas por el propio gobierno de Lula. El hackeo a funcionarios paraguayos por parte de la Agencia Brasileña de Inteligencia durante la gestión anterior generó un fuerte malestar en Asunción. Santiago Peña llegó a suspender los contactos de alto nivel exigiendo explicaciones claras sobre estas prácticas que calificó de desleales.
En el centro del debate económico reside la divergencia sobre la tarifa de energía que regirá para el periodo de transición. Paraguay pretende mantener los valores elevados para financiar programas de "gastos sociales" que no figuran en el presupuesto ordinario. Por el contrario, Brasil presiona por una "tarifa técnica" que refleje solamente los costos operativos una vez saldada la deuda.
Ante la falta de acuerdo, los negociadores consideran la posibilidad de aplicar una "tarifa intermedia" como una salida política de consenso. Esta fórmula ya fue utilizada en el pasado para destrabar conflictos similares entre las administraciones de ambos países socios de la binacional. Se espera que este punto de equilibrio satisfaga parcialmente las metas de recaudación de Peña y las de ahorro de Lula.
La discusión actual ya no se limita exclusivamente al Anexo C, sino que apunta a una revisión integral de todo el Tratado. Los cancilleres confirmaron que se analizan aspectos del documento original para establecer las bases de una "segunda era" de la entidad. Paraguay busca reformular la ecuación económica para obtener beneficios reales y no solo una reducción de precios para Brasil.
Paraguay también ha puesto sobre la mesa su intención de dejar de ceder energía excedente a Brasil a precios reducidos. El plan de Peña consiste en convertir la energía en el "nuevo oro" con la inteligencia artificial y data centers, y privilegia a empresas estadounidenses. El objetivo es vender la electricidad a valores de mercado, lo que representaría un negocio mucho más lucrativo que el actual.
Otro tema clave en Campo Grande es el destino de los saldos de caja acumulados, que superan los mil millones de dólares. Paraguay solicita disponer de estos fondos correspondientes al ejercicio 2024 para utilizarlos en inversiones prioritarias durante el año 2027. Brasil mantiene una postura técnica y cautelosa, sugiriendo que estos montos deben ser analizados por las instancias contables de la binacional.
A pesar de las marcadas diferencias, ambos mandatarios han manifestado su optimismo por alcanzar un acuerdo definitivo en el corto plazo. Los equipos técnicos continúan redactando los borradores que definen la nueva estructura tarifaria y las inversiones estratégicas para los socios. La relación bilateral enfrenta su prueba más difícil, navegando entre la integración necesaria y la fragmentación ideológica regional.