sábado 04 de abril de 2026 - Edición Nº2677

Internacionales | 4 abr 2026

Un político honesto, ya es una revolución.

Las peores elecciones de la historia

09:09 |“En el Perú, un político honesto, ya es una revolución”. Alfonso Barrantes. Está llegando a su fin el peor congreso de la historia, prontuariados, violadores, malversadores, estafadores, no todos, pero casi.


Por: Tomás Carlos Barriga. Fuente: La Mula.Pe

Fachada de la sede del Congreso del Perú.

“En el Perú, un político honesto, ya es una revolución”. Alfonso Barrantes.

Está llegando a su fin el peor congreso de la historia, prontuariados, violadores, malversadores, estafadores, no todos, pero casi. Los pactos infames que se han visto en los últimos tiempos para escoger títeres y manejar cuotas de poder nos tienen asqueados de la política, pero ¿esto es la política?

En peruano, política parece significar un conjunto de estrategias para lograr el poder y luego traficar con él, para conseguir prebendas y beneficios. Acostumbrados a hacer lobbies para favorecer mineras, empresas legales e ilegales, recibir comisiones, traficar puestos de trabajo y hasta meterse en negocios cuasi prohibidos como prostitución o extorción a sus propios empleados exigiéndoles cuotas de sus sueldos para continuar trabajando.

Ya no hay partidos políticos ni ideologías. Se han desgastado y fragmentado hasta la microscopía. Todos colapsaron en los últimos años y la política ha estado caracterizada por la volatilidad, el transfuguismo y la proliferación de agrupaciones sin arraigo ideológico, sin ninguna legitimidad.

Al igual que la mayoría de peruanos no sé por quién votar, no hay confianza en las promesas, no hay confianza en las personas y, sin embargo, debemos ser más responsables que nunca, porque en el caos, siempre son los lobos los que suelen comerse a las ovejas. ¿Qué debemos hacer?

He Descartado a los grupos de la ultraderecha dura y achorada, fanáticos que han negociado en los últimos años los destinos del Perú haciendo pactos infames con el demonio. Esos que tiene las letras de sus nombres en vez de símbolos partidarios (narcisismo puro) que prometen estabilidad y orden, pero generan odio e indignación en la población.

He descartado a los irresponsables de izquierda que creen que hay que usar las reservas del BCR para construir colegios (con total desconocimiento de macroeconomía que nos enseña la necesidad de mantener estable la moneda para no caer en la inflación). Grupos ideologizados que nos quieren convertir en Cuba o Venezuela. Que siguen creyendo que la riqueza no hay que crearla sino repartirla, que el papá Estado debe dar todo y producir riqueza del aire, sin inversiones, sin estabilidad.

He descartado también a los comediantes involuntarios, a los memes andantes, los futbolistas de la política, los empresarios positivos, los insultadores profesionales con escoba, los racistas, los agresivos. Quedan en realidad pocos candidatos serios, racionales, equilibrados que, sin embargo, están muy lejos en las encuestas.

Los amigos me recomiendan usar un voto estratégico para no perderlo, votar por alguno de los que van ganando en las encuestas, votar tapándose la nariz, con miedo al otro, con dolor de estómago. Pero no: si votamos “estratégicamente” ganarán los que han ganado siempre.

Después de pensar hasta el insomnio encontré una fórmula para menguar el caos:

1. No votar por los partidos protagonistas nefastos del último congreso que quedará en la historia probablemente como el peor de todos. Sería fantástico que no pasaran la valla y desaparecieran.

2. No votar por radicales, que tu voto conservador no vaya a los que han puesto sus caprichos por encima del país; que tu voto de protesta no sea tan irresponsable que nos haga regresar a los años ochenta, donde pagaba mi pasaje escolar con un fajo de billetes de medio millón de intis.

3. Buscar un candidato responsable, coherente, que no tenga las malas mañas de los políticos que han venido gobernando se me ocurren algunos nombres, pero guardaré silencio. Solo te pido que averigües un poco y revises su pasado. El Perú no sobrevivirá a otro Castillo, a otro Fujimori, a otro Velazco.

4. Votar por el mismo partido para presidente, senadores y diputados (sin mayoría no habrá gobernabilidad y gane quien gane será vacado por el congreso de siempre). Cuando elijamos un candidato busquemos gente honesta dentro de sus listas al congreso.

5. Rezar, vigilar, supervisar para que el próximo gobierno sea responsable y traiga bienestar al país. Debe haber, en algún lado, peruanos que quieran trabajar para mejorar al Perú y no solo estén buscando enriquecerse.

Antes de las elecciones del 2021 escribí un texto titulado Cinco años perdidos, mirando pesimistamente la pobreza y oscuridad de los candidatos de entonces. Pensé que no se podría estar peor y me equivoqué. Estas son las peores elecciones de la historia, justo por eso, casi no hay qué elegir. Generemos un cambio. Estas elecciones pueden ser un punto de inflexión, votemos responsablemente.

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