Por: Redacción Central.
![]()
Mujeres de las Ollas Populares del Bañado Sur.
Las mujeres representantes de ollas populares e integrantes de la Directiva de la Articulación Pykui denunciaron que, pese a los pedidos de reuniones, nunca fueron recibidas por el ministro de Desarrollo Social, Tadeo Rojas, cuya institución no cumple con la ley, la asistencia y además politiza la ayuda, instando a representantes de comedores a desorganizarse para equiparles sus comedores.
“Somos las mujeres que en su momento, desde una pandemia, un momento tan trágico, sostuvo a un territorio, no solamente nosotros en el bañado, fue a nivel nacional donde en su mayoría fueron mujeres que sostuvieron la alimentación de un pueblo con hambre”, denunció Kimberly Samaniego
“Esta Ley 6645 sale desde nuestras comunidades, desde todo el trabajo, la necesidad y el compromiso”, recalcó, recordando que fueron reprimidos por la Policía Nacional cuando se manifestaron frente a Mburuvichá Róga durante la pandemia.
No obstante, expuso que la ley, que establece que las ollas populares deben convertirse en comedores y centros comunitarios, con apoyo de infraestructura del Ministerio de Desarrollo Social, hoy se está usando en contra de ellas para evitar brindarles la asistencia.
Samaniego recalcó que también trabajan en la formación laboral y el refuerzo escolar de los niños, las referentes a quienes avisan cuando no hay medicamentos, cuando no quieren tomarles la denuncia a las personas en la comisaría o cuando hay violencia familiar.
“La ley dice que el Ministerio de Desarrollo es el responsable de la infraestructura, pero hoy usan contra nosotros la ley señalando que no hay infraestructura o las ollas funcionan en las casas”, recalcó.
También expuso que hay un montón de centros comunitarios municipales en los que podrían funcionar los comedores, pero no hay voluntad política.
“Nosotros no le conocemos a Tadeo Rojas, solo por televisión, nunca dio la cara con estas mujeres que sostuvieron a un país durante una crisis”, manifestó.
En ese sentido, dijo que les preocupa que se puedan cerrar los comedores y quedarse sin recibir los insumos, que llegan tres veces al año, cuando deberían llegar cada dos meses, según la ley, y además llegan en mal estado y no incluyen muchas cosas.
Debido a su centralización, les sale a ellas G. 700.000 para la búsqueda de los alimentos, dinero que ya podría ser destinado a la compra de carne o verduras.
Como consecuencia del Programa Hambre Cero, el Ministerio de Desarrollo Social les dice que ya no pueden alimentar a los niños, por lo que cuestionan qué pasa de tarde, noche, los días de vacaciones, cuando no hay clases o fines de semana. Las organizaciones están haciendo merencena para apoyar a las familias necesitadas, con un costo en verduras y carne de G. 150.000 a G. 200.000 por día.
“Somos mujeres que también salimos a trabajar, que tenemos una vida, familia a la que sostener”, mencionó Samaniego, recalcando que con 3 kilos de carne suelen alimentar a 300 personas y a veces nisiquiera es carne, sino huesos como puchero, cuyo precio incluso subió a G. 10.000.
“Nos hablan de un programa Hambre Cero, los niños no comen solo una vez al día. Cuando hablamos en personas de situación vulnerabilidad, para mí Kimberly, persona del bañado, persona en situación de vulnerabilidad, es toda persona que no tenga un ingreso seguro, que no tenga garantizado salud, un trabajo seguro, un adulto mayor, ¿acaso no tenemos derechos? ¿No podemos comer?”, cuestionó.
Sobre el estereotipo de que hay personas que no quieren trabajar en los bañados, manifestó que no hay trabajos estables, que trabajan en supermercados, estaciones de servicios por 15 horas y hasta el papel higiénico que usan les quieren cobrar.
Incluso mencionó que crearon una microempresa para ofrecer servicios a las personas y buscar sustentar los comedores.
“Hacemos merencena, guiso y sino, por lo menos cocido con leche para la gente y niños en la noche. Desde que empezó la pandemia, se tiene la misma precariedad. Antes era más fácil comprar dos kilos de carne y tampoco podemos consumir verduras”, detalló.
Junto a su compañera de lucha, María Denis bromearon sobre que se puede decir que son vegetarianos, porque están haciendo arroz con tortillas todo el tiempo, ya que no alcanza para la carne. “El estado nos obliga a ser vegetarianos”.
“La merencena se sirve de 18:00 a 19:00. Llegamos a nuestra casa de nuestros trabajos y tenemos ya compañeras que están preparando el fuego, cortando las verduras para repartir”, mencionó Samaniego.
Las mujeres mencionaron que pasaron humillaciones, violencia y compañeras garroteadas por exigir una ley en su momento frente a Mburuvicha Róga, incluso compañeras que murieron de ACV en pandemia por la preocupación de no poder darle de comer a la gente.
“Peleamos dentro y fuera del bañado. Cuando llegan los camiones de insumos, los punteros políticos quieren contaminar y siempre lo hicieron. Esa ley es nuestra, que hoy duramente es una ley de hostigamiento hacia nosotras”, lamentó.
También denunció que la última vez cuando los funcionarios del MDS estuvieron recorriendo su territorio, llegaron con mentiras, diciéndoles que saliendo de la articulación le iban a equipar sus comedores.
“Nosotros somos una asociación y ellos no nos reconocen como asociación y la ley dice muy claramente asociaciones, comisiones vecinales pueden recibir, y ellos van con mentiras intentando dividir el trabajo de estas mujeres”, expuso.
María Denis por su parte cuestionó que son las personas las que pierden si los comedores dejan de funcionar.
“Ellos dicen que nosotros ya no podemos dar de comer a niños y niñas, porque para eso está Hambre Cero. Hambre Cero no está sábado y domingo, en vacaciones. En las escuelas públicas hay más paro de clases que clases, esos días de paro dónde comen, donde almuerzan”, aseveró.
Entre tanto, dijo que siempre tienen la negativa del Ministerio y que es una ley burocrática. “Si hablamos de cumplimiento, deberían entregarnos carne, verduras, infraestructura, este señor Tadeo Rojas nunca le vimos”, cuestionó.
Las mujeres pidieron al ministro Tadeo Rojas que las reciba y de respuesta a las notas presentadas en mesa de entrada, mientras no descartan movilizarse.
“La gente que vive allá arriba, en su burbujita y dentro de sus aviones, no van luego a saber luego lo que nosotros pasamos en nuestros territorios. Vienen chicos que no tiene un pedazo de pan y a veces los comedores no tenemos insumos suficientes. Somos 2.500 en 22 ollas y el MDS entrega para 1.000 y eso no alcanza y nosotros venimos a sostener con tripa y corazón”, afirmó María Denis
Otras representante de las ollas populares, Cynthia Lugo, expresó que como recicladora nota la falta de interés hacia la gente vulnerable en todo el territorio paraguayo.
“Yo soy recicladora de toda la vida, anteriormente trabajábamos en carros con caballo y gracias a dios tuvimos la oportunidad de obtener el motocarro; tuvimos mucho más tiempo de compartir con nuestros hijos”, expresó.
Asimismo, dijo que nota mucho la necesidad de todos los paraguayos, no solo en los bañados.
“Anteriormente yo me iba por la calle, las personas me sacaban ropa para mis hijos, para mis hijas, championes (calzados). En estos tiempos la situación del paraguayo cada día está peor, la gente que antes te daban, ahora están feriando frente a su casa”, describió.
“Una vez le pregunté a una señora que solía darnos para cortarle el pasto y me dijo, ‘sabes que Cynthia, estamos mal’. Para mí era una persona con dinero que no pasaba necesidad, pero vos podes fijarte que no estamos bien”, finalizó.