Por: Agencia Pressenza
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De un lado, Keiko Fujimori (Fuerza Popular) representa la propuesta de la derecha peruana, de corte conservador (sobre todo para temas como el enfoque de género y el aborto) y autoritario (propone “orden” y mano dura con el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional), además de un “shock anticorrupción”. Además, la reducción del rol del Estado y un “shock desregulatorio” para dinamizar las inversiones y el libre mercado.
Según los resultados actuales, sus principales seguidores se encuentran en las zonas urbanas y de la costa (63%): la ciudad de Lima donde alcanzó el 66,1% de los votos, y en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Callao e Ica; además en la zona centro (Pasco) y en la región selva (Loreto y Ucayali) y el voto del extranjero.
Según los especialistas, el Fujimorismo cuenta con un voto duro que se mantiene pese a las campañas #NoAKeiko y #PorEstosNo motivado principalmente por la propuesta conservadora y de libre mercado, que asegura el estatus económico y social de las zonas urbanas, sus principales aliadas.
Mientras que, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) representa la izquierda peruana, sin énfasis en el aspecto ideológico, pero con mucha identidad regional y rural, promoviendo una economía social de mercado y rol promotor del Estado. El nuevo plan de gobierno de Sánchez asumió las demandas sociales por la derogatoria de las leyes pro-crimen, impulso a las micro y pequeñas empresas (mypes), justicia y reparación por las víctimas de las protestas, entre otras.
Según los resultados de hoy, sus principales seguidores se distribuyen en las regiones (56,1%), en el sur del país como Apurimac, Ayacucho, Arequipa, Cajamarca, Cusco, Moquegua, Puno, Tacna; en el centro (Huancavelica, Junín) y en la selva (Amazonas, Huánuco, Madre de Dios y San Martín).
Los votantes de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) se ubican en 17 regiones (de 25 en total) especialmente de la zona rural, motivados por demandas de larga data (más de dos décadas) como justicia social, mayor presencia y descentralización del Estado, trabajo, educación y salud de calidad; y en los últimos años, inseguridad ciudadana.
La diferencia de enfoque de ambas tendencias, ha generado una polarización en la población peruana, que si bien, no ha llegado a los niveles violentos de las anteriores elecciones (2021: Pedro Castillo), impide el diálogo y el intercambio político que la coyuntura demanda. La buena gobernanza, con participación activa de la población, exige reducir las diferencias y encontrarnos en las coincidencias.