sábado 18 de mayo de 2024 - Edición Nº1991

Derechos Humanos | 6 may 2024

Lucha de mujeres indígenas en Guatemala.

Guatemala: La lucha de las mujeres indígenas contra la discriminación y el racismo

En el marco del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, Noticias ONU habla con dos lideresas guatemaltecas para conocer cómo trabajan para poner fin al racismo y la violencia en un Estado donde, dicen, las élites no permiten el reconocimiento de la diversidad.


Por: Noticias ONU

 Cuando uno rompe el silencio rompe también con los estigmas, rompe con todo. 

Juana Sales Morales , lideresa indígena guatemalteca.

El padre de Juana Sales Morales  nunca fue a la escuela, pero aprendió a leer y a escribir por sus propios medios. Durante el conflicto armado en Guatemala, se refugió en México juntos a otras personas del pueblo indígena Maya Mam, y cuando las condiciones de seguridad lo permitieron, lideró las negociaciones de su retorno. 

Juana heredó su determinación y resiliencia: “Yo digo que combino los genes de mi papá con la idea de que alguien de nosotros debió haber estudiado. Durante el conflicto, me casé, tuve mi hijo, tuve problemas de violencia y me divorcié. Luego tomé una decisión personal; dije ok, yo me divorcio, pero ahora mi mundo va a ser distintoAhora mi reto es seguir estudiando. Tuve que empezar de cero porque mis documentos se quemaron durante el conflicto”.

También heredó las habilidades de liderazgo de su padre, con las que ha movilizado a otras mujeres en el país. Así, es una de las lideresas del Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’una iniciativa que reúne a 85 organizaciones y a través de la cual ha participado en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que tuvo lugar en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York del 15 al 26 de abril. 

Siempre ha habido exclusión y marginación

Con más de 16 millones de habitantes, Guatemala no solo es el país más poblado de Centroamérica, sino que tiene uno de los porcentajes más altos de población indígena. A pesar de ello, según el último informe de la oficina de la ONU para los derechos humanos, persisten las desigualdades sistémicas, la discriminación y el racismo. 

Juana observa que esto no es una situación específica del 2023, sino que viene arrastrada de muchos años porque, según cuenta, la situación de pueblos indígenas nunca ha estado bien: “Siempre ha habido exclusión y marginación”. 

La clave, a su parecer, es la corrupción que hay y que fue especialmente visible en 2023, por todos los obstáculos que hubo durante el proceso electoral. En el Congreso, tras muchos esfuerzos y la creación de una alianza, hay una sola mujer indígena diputada.

“No hay voluntad política porque hay un sistema corrompido, que no responde a nuestros intereses. Creo que eso va a ser muy difícil de superar inmediatamente, a pesar del Gobierno actual, con todo lo que le ha costado llegar y ocupar el espacio”, comenta en una entrevista con Noticias ONU. 

Otro de los retos fundamentales para Juana, es el racismo sistémico: “Hay una cooptación del Estado por unas élites que no permiten el reconocimiento de la diversidad, pero también hay racismo desde los imaginarios, desde las prácticas, desde lo legal, desde lo interpersonal; hay que luchar bastante y por eso para nosotros es clave poner sobre la mesa la discusión del racismo”. 

La licenciatura, ese cartón

Juana comenzó de forma constante a alzar la voz en favor de los intereses de su pueblo desde los años 90. Sin embargo, se encontró con numerosos obstáculos por no tener un título académico estatal.  Explica que, al tratar de hacer incidencia en espacios de Estado y de diálogo, era vista como “una señora”, a diferencia de “la licenciada” o “la doctora” a las que les daban la palabra. 

Sin embargo, no se rindió. Decidió que estudiaría una carrera de nivel medio para hacerse con “ese cartón” que necesitaba para respaldar sus conocimientos y sabiduría. 

Poco a poco, fue conectándose con el proceso de paz, y empezó a trabajar en Naciones Unidas en el año 2000 como traductora de idiomas. Más adelante, conoció al responsable de la misión de la ONU en el país, y gracias a la labor social que había realizado hasta el momento, se unió al equipo. 

A pesar de estar trabajando a tiempo completo, decidió ir por más. “Terminé la licenciatura, la maestría. Cuando uno rompe el silencio rompe también con los estigmas, rompe con todo”. 

Un imaginario social monocultural

Romper con todo, insiste Juana, incluye acabar con un imaginario monocultural compartido por toda la sociedad guatemalteca, que pone a los pueblos indígenas por debajo de los intereses de otras personas.

“Hay un imaginario racista en el que nosotros no somos importantes, somos de segunda categoría”, explica Juana. Sin embargo, confiesa que esos estereotipos los han internalizado y normalizado, por lo que es necesario tener discusiones introspectivas al respecto. 

Hemos trabajado para poner sobre la mesa de discusión la situación de violencia, pero vista desde la perspectiva de las mujeres indígenas.

Juana reconoce que tomar conciencia es una decisión personal, pero a partir de ahí, es necesario organizarse. Constituido en 2010, el Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’ ofrece formación a las mujeres indígenas y las capacita como lideresas, para que estén preparadas para generar propuestas y hablar en nombre de sus pueblos donde quiera que se encuentren.  

En la iniciativa participan mujeres de los tres pueblos indígenas principales: maya, garífuna y xinka. 

“Hemos trabajado para poner sobre la mesa de discusión la situación de violencia, pero vista desde la perspectiva de las mujeres indígenas. Cómo lo sentimos, cómo lo vivimos, cómo lo hemos enfrentado. El racismo lo estamos viviendo como una violencia”. 

Para ellas, hablar de violencia contra las mujeres indígenas no es solamente algo de género, también existe la violencia política, la violencia obstétrica, la violencia en elecciones. 

Más que reconocimiento 

Tras décadas trabajando por posicionar los intereses de los pueblos indígenas encima de la mesa, Juana reconoce que ya no luchan por poder usar su indumentaria o hablar su idioma materno en público, algo que nadie les puede prohibir. 

“Se va a exigir permanentemente para que haya más que reconocimiento, porque la gente sabe de sobra la existencia de pueblos indígenas. Hace falta respeto a nuestras formas y el respeto de la existencia misma. Respeto a los pueblos que conviven que cohabitamos el país. Se sigue dando la criminalización, el desalojo, el despojo. ¿Cómo se va a solucionar eso? Ese es el desafío más grande”. 

Añade que, cuando hablan de tierra y territorio, les dicen que eso no se puede tocar. “Porque es propiedad privada. Porque hay intereses privados”. Pero el territorio para los pueblos indígenas no es solamente la geografía, sino que es conocimiento, es cultura, es cosmovisión, es la vida misma, afirma.  

Para Juana, es posible armonizar sus formas de gobierno con la democracia. “Pero el Estado tiene que tomar conciencia y debe tener voluntad política para hacer. Puede haber leyes, pero si no hay mecanismos técnicos para aplicarlas no cambia nada”. 

Preparación de la siguiente generación

Alejandra García Ramírez, también del pueblo Maya Mam y licenciada en enseñanza de matemática y física, acudió al Foro Permanente en calidad de presidenta de la Coordinadora Departamental de la Juventud Huehueteca de Guatemala y nominada por la organización Pop Noj. Para la joven lideresa, la discriminación es evidente si no puedes estudiar en tu idioma materno o acudir a un centro de salud en un área remota.

Existen barreras entre lo rural y lo urbano. No hay acceso a una educación bilingüe intercultural. Existe racismo en el área de la salud, porque la sanidad no está descentralizada. No existe una salud integral, ni una salud sexual y reproductiva para mujeres, para las juventudes, para hombres también” dijo a Noticias ONU. Para cambiarlo, pide más inversión y más asignación de presupuesto. 

Consciente de que recibirá el testigo de sus antecesoras para defender los derechos de su comunidad, Alejandra es parte del proyecto NAB’IL, una iniciativa que tiene el objetivo de construir una sociedad inclusiva y pacífica a través de la formación de los jóvenes. 

“El proyecto NAB’IL es una plataforma para impulsar la participación tanto de jóvenes indígenas como juventudes mestizas también. Estoy aprendiendo bastante”, explica Alejandra. El curso, de ocho meses, es un esfuerzo conjunto de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, el Fondo de Población y la Organización Internacional para las Migraciones. 

Para Alejandra, la desinformación de la juventud es uno de los principales retos, por lo que los invita a conocer tanto los marcos legales nacionales como las herramientas internacionales de las que disponen.  

Tras una primera participación en el Foro Permanente, señala que es un lugar fundamental para crear redes y fomentar la organización y en el que participan jóvenes que, a pesar de su corta edad, ya tienen mucha experiencia en derechos humanos, derechos de las mujeres y las niñas y otras temáticas, como el territorio.

Participación y organización de la juventud 

Sin embargo, pide a la ONU fomentar la participación de todos los asistentes. “Una solución podría ser crear un documento o una plataforma en la cual pues todos podamos enviar un mensaje; hay que buscar otras maneras de que todos y todas podamos participar y que no solo vengamos a escuchar, porque escuchar lo puedo hacer desde mi casa”. 

Hago un llamamiento a todas las mujeres a que nos eduquemos y conozcamos nuestros derechos.

Al pedirle que enviara un mensaje a las mujeres de toda América Latina, Alejandra coincidió con la visión de Juana Sales: La formación y la organización comunitaria son fundamentales. “En algún momento las decisiones que se toman en el Estado, las decisiones que se toman a nivel municipal, departamental, nos terminan afectando”, explica. 

“Hago un llamamiento a todas las mujeres, a que en primer lugar nos eduquemos, estudiemos nuestros derechos, los marcos legales, las herramientas internacionales para evitar repetir historias que nos siguen vendiendo”. 

Alejandra concluye que es importante trascender lo individual para generar un mayor impacto. “Debemos tener esa plataforma que nos respalde y sobre todo nos apoye a la hora de implementar nuestras propuestas”.

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