Por: Agencia InnContext
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El ecosistema filantrópico en América Latina y el Caribe atraviesa una transformación estructural impulsada por la reducción de la cooperación internacional, especialmente desde Estados Unidos y Europa, y el crecimiento de fuentes locales de financiamiento. Según el informe Tendencias de Filantropía en América Latina y el Caribe 2026, elaborado por la red global WINGS, esta reconfiguración está obligando a las organizaciones de la sociedad civil a diversificar sus ingresos y replantear sus estrategias de sostenibilidad a mediano y largo plazo.
Desde 2025, se observa un cambio en la composición de los recursos, con un aumento relativo de donaciones privadas, fondos asesorados por donantes y aportes individuales. Este proceso responde, en parte, a la reorientación de la ayuda internacional hacia otras regiones y prioridades geopolíticas, lo que ha generado una mayor competencia por los fondos disponibles y un entorno financiero más incierto para las organizaciones latinoamericanas.
En este nuevo escenario, la filantropía comunitaria gana protagonismo como una alternativa para fortalecer el desarrollo local. Las fundaciones territoriales, impulsadas por actores de cada comunidad, se consolidan como espacios de articulación entre distintos sectores y como mecanismos para canalizar recursos con mayor cercanía a las necesidades locales. Actualmente, existen más de 50 iniciativas de este tipo en la región, en un contexto de creciente desconfianza institucional y reducción del financiamiento público.
Al mismo tiempo, las fundaciones empresariales enfrentan un debate estratégico sobre su rol: continuar como financiadoras de terceros o avanzar hacia la ejecución directa de programas sociales. La tendencia predominante apunta a modelos híbridos, que combinan ambas modalidades. Sin embargo, esta transición plantea tensiones, como el posible desplazamiento de organizaciones de base y la concentración de poder en actores corporativos, en un contexto donde el 71% de las organizaciones no logra cubrir sus costos operativos básicos.
Otro eje clave es el crecimiento de la filantropía ambiental y climática, que incorpora enfoques de justicia social y territorialidad frente a la crisis climática. Aunque se multiplican las alianzas multisectoriales y los compromisos internacionales, persisten fuertes desigualdades en el acceso a financiamiento: menos del 10% de los recursos climáticos llegan directamente a comunidades indígenas y locales, pese a su rol central en la protección de los territorios.
En conjunto, estas tendencias reflejan el cierre de un ciclo de dependencia de la cooperación internacional y el inicio de una etapa marcada por la diversificación, la colaboración y la búsqueda de modelos más sostenibles. El informe advierte que, sin una inversión estratégica en el ecosistema filantrópico, será difícil sostener iniciativas en el tiempo y responder de manera coordinada a los desafíos estructurales que enfrenta la región.
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