Por: Silvina Heguy Arte: Juan Soto. Fuente: Revista Anfibia.
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La restricción que puso el gobierno de Milei al ingreso de periodistas en Casa Rosada no es original: ya lo hizo Trump en Estados Unidos hace unos meses. La campaña “No odiamos lo suficiente a los periodistas” se recalienta con insólitas acusaciones de traición a la patria y más ataques del Presidente y sus funcionarios. Mientras, los trabajadores de prensa están atomizados, pluriempleados y precarizados. ¿Hay posibilidad de una reacción colectiva?
“A las cuatro de la tarde del miércoles 15 de octubre de 2025 más de cuarenta periodistas salieron del edificio del Pentágono en Washington DC cargando cajas con sus pertenencias. Habían trabajado durante años acreditados en la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Fue la reacción ante la revocación de credenciales a un grupo de ellos y las restricciones impuestas por el gobierno de Donald Trump para informar sobre las actividades militares. Cinco meses después, el 20 de marzo de 2026, un tribunal declaró inconstitucionales las restricciones a la prensa del gobierno federal.
El lunes 6 de abril, en Argentina, la escena tuvo una réplica. La Casa Rosada revocó las credenciales de varios periodistas acreditados. Para justificar la medida, aprovechó la publicación de una investigación periodística con documentos filtrados con los supuestos pagos a algunos medios por parte de una red de propaganda rusa que buscaba desestabilizar al gobierno de Javier Milei. Esos periodistas no habían firmado los artículos señalados. Unos días antes, a uno de ellos el Jefe de Gabinete libertario le había dicho que era ‘apenas un periodista’ cuando le preguntó por la causa judicial por enriquecimiento ilícito en la que está siendo investigado. En menos de un mes, los periodistas argentinos pasaron de ser catalogados como ‘apenas periodistas’ por el vocero presidencial Manuel Adorni a ‘traidores a la Patria’ por el Presidente. De la deslegitimación a la estigmatización.
Las dos escenas -Washington y Buenos Aires- sucedieron en contextos donde los gobiernos han convertido a la prensa en blanco de ataques sistemáticos. La diferencia no estuvo en el gesto del poder. Sí en la reacción de los periodistas. Y eso abre una serie de preguntas para el debate”.