Por: Aram Aharonian. Fuente: Agencia Pressenza.
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1ª Reunião da Mobilização Progressista Global, realizado na Feira de Barcelona. Fotos: Ricardo Stuckert/PR (Imagen de Lula Oficial, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons)
La española ciudad de Barcelona acogió varias cumbres progresistas donde el eje antagónico a Donald Trump tuvo un protagonismo especial. Una semana después, la filtración del Pentágono sobre una supuesta intención de expulsar a España de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sirvió como un ejemplo más sobre lo incómodo que se siente el omnipotente presidente estadounidense ante las críticas a su gobierno y a él mismo.
En el cónclave, los líderes coincidieron en la necesidad de reformar el multilateralismo, lo que implica el fortalecimiento del derecho internacional. La irrelevancia de Naciones Unidas se ha mostrado con crudeza en la incapacidad de prevenir o detener las guerras en curso, las invasiones, genocidios, asesinatos, secuestros y violaciones a los derechos humanos que han provocado que la opinión pública mundial ya no crea en el sistema.
La cumbre buscó no solo resistir, sino proponer y liderar soluciones progresistas globales, visibilizarlas como creíbles y efectivas, y sentar las bases para una acción coordinada a largo plazo que defienda la democracia, la justicia social y un mundo más igualitario y sostenible. Los líderes destacaron que el progresismo debe actualizarse y actuar con ambición para demostrar que ofrece respuestas reales a los problemas de las personas, anticipando desafíos futuros.
El evento reunió a líderes, representantes de partidos progresistas, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil de decenas de países, con el objetivo de coordinar respuestas frente a la extrema derecha, el autoritarismo y la erosión del multilateralismo. Asistieron figuras como los presidentes Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México), Gustavo Petro (Colombia), Yamandú Orsi (Uruguay) y el exmandatario chileno Gabriel Boric, entre otros.
Y el anfitrión Pedro Sánchez sorprendió citando al presidente estadounidense Abraham Lincoln: “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Obviamente un recordatorio a un Trump, acusado en su país de autoritarismo, lo que llevó a un enorme movilización contra «el reinado»: No Kings, dijo todo el país.
Sánchez promovió el encuentro en su doble rol como presidente de la Internacional Socialista y líder del PSOE, en colaboración con Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PES) y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (quien copresidió algunos actos y compartió liderazgo en el foro más amplio). Las plataformas promotoras principales fueron el Partido de los Socialistas Europeos (PES), la Internacional Socialista y la Alianza Progresista.
Los objetivos fundamentales fueron la defensa de la democracia y fortalecimiento de las instituciones democráticas frente al avance de la extrema derecha, el autoritarismo, la polarización, la desinformación y los retrocesos democráticos; y el rechazo a la ola reaccionaria y ultraderecha global, posicionando el progresismo como alternativa que promueve esperanza, justicia social y valores como la igualdad, en contraposición al odio, el pesimismo y la fragmentación.
Asimismo, el fortalecimiento del multilateralismo y del orden internacional basado en reglas, con énfasis en la reforma y renovación de instituciones como la ONU (haciéndola más plural, representativa y eficaz), y oposición al unilateralismo o imposición de reglas por parte de potencias individuales y la promoción de la cooperación internacional y la construcción de una red o comunidad progresista duradera (no un evento puntual, sino el inicio de una movilización permanente), uniendo partidos, sindicatos, sociedad civil y líderes de diferentes regiones y generaciones para trabajar en agendas compartidas.
Hay que reconocer que fue Donald Trump quien logró movilizar al progresismo al romper los principios básicos del derecho internacional en un intento de imponer políticas que buscan privilegiar los intereses de Estados Unidos por sobre los individuales, a través de su uso indiscriminado del poder, castigando con la fuerza militar o económica, con aranceles, con suspensiones de visas u otras medidas a todos aquellos países o personas que se nieguen a aceptar o privilegiar las políticas de Estados Unidos por sobre el interés nacional de cada país.
Desde América Latina quedó patentada la voluntad política de tres de los principales países de la región, México, Brasil y Colombia, cuyos presidentes (Claudia Sheinbaum, Lula da Silva y Gustavo Petro) asistieron al encuentro en Barcelona, demostrando independencia, liderazgo y un discurso valiente, sin temor a las habituales rabietas de Trump. Sheinbaum, propuso destinar el 10% del gasto militar a reforestar el planeta afectado cada día más por la crisis ecológica, así como su oposición decidida a una eventual intervención militar en Cuba, junto con la defensa de la democracia.
Pedro Sánchez, quien se ha transformado en un referente europeo para oponerse y enfrentar las políticas hegemónicas del presidente Trump, también se refirió a la desinformación que abunda en las redes, a la necesidad de proteger la democracia de la ultraderecha, remarcando que España “es hija de la migración, por lo que no puede ser madre de la xenofobia”. Además, reiteró su llamado de no a la guerra y sí a la paz, que ha sido su consigna.
La asistencia de alrededor de cinco mil personas refleja el interés por denunciar el estado actual en el mundo, Así lo manifestaron los presidentes de Colombia, Sudáfrica, Uruguay, la primera ministra de Barbados, políticos como la exsenadora Isabel Allende, la líder del partido democrático de Italia, Elly Schlein, y muchos otros, junto a mensajes grabados con saludos de los estadounidenses Hillary Clinton, Michelle Bachelet, Zohran Mamdani o Bernie Sanders.
Sánchez reafirmó su compromiso con la OTAN y con los países «aliados». Evadió entrar en el cuerpo a cuerpo directo con Trump sobre la contribución española a la organización atlántica pero sí reiteró que cumplía sus compromisos pese a no querer acceder a subir al 5% del PIB el gasto militar. Esa negativa fue precisamente uno de los orígenes de la tensión entre Trump y el gobierno español.
La relación entre ambos países escaló de manera progresiva hasta el estallido de la guerra en Oriente Medio y los ataques de EEUU e Israel a Irán. Sánchez enarboló el ‘no a la guerra’ e impidió a los aviones estadounidenses usar las bases de Rota y Morón en suelo español, para sus operaciones.
Como en la mayoría de las ocasiones, el gobierno español minimizó el impacto de la información salida del Pentágono, señalando que lo que se ha filtrado es simplemente «un documento interno de Estados Unidos», un «correo electrónico entre trabajadores». Y recordó que la OTAN no tiene prevista en su normativa interna la expulsión de sus miembros. Y en todo caso si eso pudiera suceder tendría que ser avalado por unanimidad de todos los países miembros. «Esto es una anécdota de la época que nos ha tocado vivir pero nada más», señalaron desde el palacio de la Moncloa
Desde allí señalan además que Trump ya se ha quejado de España con mucha mayor vehemencia en otras ocasiones pero que las relaciones en la OTAN y a nivel bilateral no han variado demasiado. El último sábado, mientras Sánchez y Lula Da Silva lideraban la alianza progresista y democrática, el presidente de EEUU cargó contra España en sus redes sociales.
«¿Alguien ha mirado lo mal que le está yendo al país de España? Sus cifras económicas, a pesar de aportar casi nada a la OTAN y a su defensa militar, son absolutamente horrendas. ¡Es triste de ver!», destacó.
Hoy, en medio de una ofensiva a fondo de la derecha más reaccionaria y dependiente, el progresismo, la izquierda, no sale de su laberinto, incapaz de rediseñar su discurso y sus formas de acción. Algunos de los gobiernos progresistas surgidos en este siglo en nuestra región se dedicaron más a defender lo logrado que a profundizar los cambios. y sembrar futuro.
Progresismo latinoamericano
Tras el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, la ola progresista comenzó a propagarse en América latina, de la mano del expresidente colombiano Ernesto Samper Pisano y el Grupo de Puebla. Con esta corriente vincularon a varios presidentes en América Latina: Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Pedro Castillo en Perú, Gabriel Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia, Evo Morales y Luis Arce en Bolivia, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Andrés López Obrador y Claudia Sheinbaum en México, José «Pepe» Mujica, Tabaré Vázquez y Yamandú Orsi en Uruguay.
No se trata solo de mandatarios, sino también de partidos, alianzas y movimientos que se congregan bajo el lema del «progresismo». Sin embargo, el hecho de haber convocado a partidos «progresistas» no logra cubrir la alta heterogeneidad de los planes de gobierno y sus protagonistas.
La «cumbre» de Barcelona dejó en claro que la profundidad de la crisis actual cuestiona al capitalismo. Ya no se trata de reformar al Estado sino de cambiar los paradigmas que hacen a su vigencia, existencia, constitución y organización, y ponerle freno a la ofensiva libertaria de la ultraderecha bien financiada desde Washington, para imponer gobiernos que sean cómodos para el gobierno de Estados Unidos y sus financistas.
La nueva doctrina de seguridad estratégica de los Estados Unidos radicaliza el injerencismo político y el intervencionismo militar con el que Washington ya no sólo actúa en su “patio trasero”, sino en todo el mundo.