Por: Redacción Central.
![]()
Viceministro de Minas y Energía de Paraguay, Mauricio Bejarano
Paraguay y Argentina vuelven a sentarse en la misma mesa con un objetivo de convertir al Gasoducto Bioceánico en una pieza clave del mapa energético regional. La iniciativa, que busca articular inversiones privadas y conectar recursos gasíferos con nuevos mercados, avanza entre estudios técnicos, acuerdos políticos y asegurar demanda suficiente para que el proyecto sea rentable.
La viabilidad del gasoducto depende de consolidar un mercado regional que garantice consumo firme, con Paraguay y Brasil como actores centrales. Sin contratos de compra asegurados -los llamados offtake- y precios competitivos, la infraestructura difícilmente pase del papel.
De esta manera, el Gobierno paraguayo apuesta a un uso estratégico del gas natural, orientado principalmente a reforzar la generación eléctrica y sostener la disponibilidad energética que hoy distingue al país.
Para el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, el trabajo técnico se enmarca en lo que denominan "Integración gasífera del Mercosur más Chile".
El funcionario expresó que "realmente en este momento tenemos muchos interesados en la construcción, en algún proyecto de Asociación Público-Privada (APP), futuros tomadores del gas natural, que también están".
"Son muchos los interesados, pero no podemos tener algo firme hasta no tener el estudio de factibilidad realizada, pero por suerte tenemos muchos interesados a nivel nacional e internacional", apuntó el viceministro.
El proyecto cuenta con respaldo técnico y financiero de organismos internacionales, como la CAF, que ya impulsó estudios preliminares sobre su factibilidad. Pero el avance no es solo técnico. Paraguay trabaja en paralelo en ajustes legales e institucionales para crear condiciones atractivas a la inversión privada.
Entre las medidas en análisis figuran una ley específica para el transporte de gas natural y la creación de un ente regulador que ordene el sector. A esto se suma el memorándum de entendimiento firmado con Argentina, que establece una hoja de ruta con cronograma definido y reuniones periódicas de seguimiento.
Del lado argentino, el desafío pasa por garantizar el suministro. Para ello, el gobierno de Milei encara obras de refuerzo en su red interna de gasoductos, necesarias para asegurar un flujo constante hacia Paraguay. Además, avanza en esquemas de incentivo a la inversión, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), y en la definición de precios de exportación del gas, variables clave para cerrar la ecuación económica del proyecto.
En paralelo, Paraguay evalúa dos caminos posibles para sostener la demanda inicial. El primero apunta al consumo interno, con énfasis en la generación térmica de energía eléctrica y el desarrollo de un polo industrial que aproveche la disponibilidad del recurso.
El segundo incorpora a Brasil como comprador, un socio interesado desde las primeras conversaciones y con el que ya existen acercamientos formales, especialmente con el estado de Mato Grosso do Sul, e incluso la posibilidad de escalar hacia el mercado paulista.
El trazado definitivo del proyecto dependerá, en última instancia, de quiénes estén dispuestos a comprar gas de manera sostenida. Esa es la pieza que aún falta encajar para transformar la idea en una obra concreta.