Por: Noticias ONU
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Pedro Rodrigues Pequeño agricultor de Gonaives, Haití, en su campo de plátanos.
Aunque con grandes disparidades en la región, los problemas estructurales internos y el volátil contexto externo, mantienen la economía al ralentí. La media de crecimiento en 2026 será apenas de un 2,2%.
En medio de un panorama económico incierto debido a los conflictos geopolíticos y el precio del petróleo al alza, América Latina y el Caribe crecerán apenas un 2,2% este año, según las proyecciones de la Comisión Económica para la región (CEPAL), que rebaja en una décima la estimación anterior del 2,3%.
Por cuarto año consecutivo, la región se instala en un crecimiento perezoso, rondando el 2% anual. Un techo bajo que habla de una incapacidad estructural para despegar, insertada en un contexto internacional que pesa como un ladrillo.
Desde diciembre de 2025 hasta hoy, el escenario externo se ha endurecido, especialmente a raíz de la guerra en Oriente Medio que ha disparado la volatilidad de los mercados y el precio del petróleo que ha llegado a subir un 74% en lo que va de 2026 respecto a finales del año pasado.
También se encarecieron los alimentos a nivel global, mientras el comercio mundial frenó su crecimiento, con proyecciones de la Organización Mundial del Comercio que indican que crecerá solo de un 2,7% en 2026, frente al 4,7% de 2025.
A eso se añade que, también se ha desacelerado la economía de los grandes socios de la América Latina y el Caribe (China, la Zona Euro, India), al tiempo que los bancos centrales del mundo, asustados por la inflación, se han vuelto cautelosos, por lo que las condiciones financieras son menos amables que las esperadas hace apenas unos meses.
Dentro de la región, la ecuación es incómoda: la economía se desacelera, los precios suben y el trabajo escasea.
El freno viene sobre todo del bolsillo de la gente, ya que el consumo privado pierde fuelle. Peor aún, la media de la inflación en la región superará el 3% frente al 2,4% de 2025, aunque se dejará sentir más particularmente en América del Sur, debido a la volatilidad del tipo de cambio y la subida de los costos de la importación.
En ese contexto, la inversión muestra señales muy tímidas de recuperación y el empleo crecerá solo un 1,1% en 2026 (fue 1,5% en 2025).
De los 33 países de la región, 24 crecerán menos en 2026 que en 2025, con un panorama desigual:
En resumen, nueve países crecerán un 4% o más, otros ocho lo harán entre el 3% y el 4%, trece lo harán menos del 3% y tres tendrán contracciones.
El fondo del problema: baja capacidad de crecer
El dato del 2,2% no es una catástrofe puntual. Es un síntoma crónico. La región lleva años atrapada en una trampa de bajo crecimiento, alta exposición a los vaivenes del mundo y poca capacidad para encender motores propios, con unos riesgos que no desaparecen como una condiciones financieras restrictivas, inflación alimentaria y energética, y volatilidad cambiaria.
Además, en algunos países, pesan problemas estructurales más profundos: restricciones externas, margen de maniobra político agotado, instituciones frágiles.
Por eso, el mensaje final de la CEPAL no es solo económico, es político: "Ampliar la movilización de recursos internos y externos, y fortalecer la gobernanza son factores fundamentales para impulsar políticas que dinamicen la inversión, aumenten la productividad y fortalezcan la resiliencia macroeconómica, en un entorno global cada vez más incierto."