Por: Ángel Sanz Montes. Fuente: Agencia Pressenza
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El corolario es inevitable: el recorte social alemán será la plantilla que desde Bruselas, Fráncfort y Berlín nos impondrán al resto
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El 28 de noviembre de 2025, el Bundestag alemán escenificó lo que los analistas ya vislumbraban: la desaparición definitiva del pacifismo posbélico que había definido a la República Federal durante ocho décadas. Bajo el mandato de Friedrich Merz, Berlín ha consolidado unas cuentas públicas que no solo suponen una actualización presupuestaria, sino un giro copernicano de prioridades. Mientras la maquinaria militar teutona se engorda con cifras récord, el contrato social que sostuvo la potencia europea se desangra en silencio. Pero la reacción social no se hará esperar…
La metamorfosis: el adiós al «sí se puede»
Durante décadas, Alemania encarnó la reconciliación con su pasado mediante una política exterior reticente al poderío militar. Sin embargo, la Zeitenwende (cambio de era) proclamada por Olaf Scholz en febrero de 2022, a raíz de la invasión rusa a Ucrania, fue la semilla que fructificó en este nuevo paradigma. historia.nationalgeographic.com.es, BBC, xpert.digital, LaSexta).
Analistas como los del CIDOB, el SWP o Bruegel sostienen que el anuncio de Olaf Scholz en 2022 —con el fondo especial de 100.000 millones de euros y la reorientación estratégica de la defensa alemana— no representa una ruptura súbita, sino la aceleración de un proceso de transformación de la política de seguridad que se venía gestando desde la etapa de Angela Merkel y que se intensificó tras la anexión de Crimea en 2014. En este sentido, la llamada Zeitenwende no sería un giro de 180 grados, sino la institucionalización política de un cambio estructural previo. (véanse «The “2014 Review”: Understanding the Pillars of German Foreign Policy and the Expectations of the rest of the World» [PDF] y ElEconomista.com.mx).
Lo que inició como un fondo especial de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr se ha convertido en un rearme sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Pero si la Zeitenwende (“cambio de época”) de Scholz fue el anuncio, la actual política de Merz es su brutal ejecución presupuestaria.
El coste social del blindaje: números y realidades
Las cifras oficiales no dejan lugar a la interpretación. El presupuesto aprobado para 2026 asciende a 524.000 millones de euros, con un endeudamiento de 180.000 millones solo superado por los niveles pandémicos. Pero más allá de los agregados inflados por la infraestructura, el análisis granular revela una auténtica redistribución regresiva de la renta nacional (DW).
El ascenso imparable del gasto militar
El gasto en defensa ha experimentado una escalada que rompe cualquier techo histórico:

Fuentes: DW, El Mundo, Reuters/HuffPost, El Debate, Arab News, y otras. (Imagen de ChatGPT Image)
En 2030, se prevé que el presupuesto alcance los 180.000 millones de euros en el núcleo duro, y supere los 218.000 millones incluyendo todos los fondos extrapresupuestarios. Unas cifras que superan incluso las exigencias más agresivas de la era Trump y colocan a Alemania como cuarta potencia mundial en gasto militar (114.000 millones de dólares en 2025), solo por detrás de Estados Unidos, China y Rusia (véase eleconomista.es).
El desguace del Estado social
Mientras el blindaje militar crece a doble dígito, la partida social se recorta en la misma moneda. El anuncio de abril de 2026 fue demoledor: hachazo de 40.000 millones de euros a la sanidad y las prestaciones sociales (véase ElMundo).
El ministro de Trabajo aún encabeza el gasto nominal con 197.300 millones de euros (principalmente pensiones), pero el 99 % de esa partida está «fijada por ley», advirtió la ministra Bärbel Bas, lo que significa que el verdadero margen de ajuste se aplica sobre el resto de servicios. El ajuste es brutal (véase eldebate.com):
El ahorro total estimado: 19.300 millones de euros en 2027, que se pretende que escale hasta los 38.300 millones en 2030 (véase aragonradio.com). La línea de riqueza de los alemanes cae y el incremento del gasto militar se incrementa. Esta es una combinación explosiva y peligrosa», —advierten diversos medios que han analizado estos presupuestos.
El paradigma Merz: líder militar y guardián del Frente del Este
Friedrich Merz ha sido el arquitecto de esta transformación. Su objetivo declarado: convertir al ejército alemán en el más fuerte de Europa, rompiendo con la tradición pacifista que databa del fin de la Segunda Guerra Mundial. «Alemania debe estar preparada para defenderse por sí misma e independizarse de Estados Unidos», ha proclamado en múltiples foros (véanse Infobae y laprensaaustral.cl).
El corolario de esta nueva doctrina es la consolidación de un «Frente del Este», que se extiende desde Finlandia hasta Georgia, una frontera ilusoria que solo existe en la cartografía de la tensión geopolítica. Rusia posee esas dimensiones y fronteras (aproximadas) desde el imperio de Catalina la Grande, pero el relato anglosajón (y ahora germano) ha decidido balcanizar a la potencia euroasiática, dividirla en estados menores para manejar desde esos fragmentos todo lo que quede al este de una línea de combate que aún no existe, pero para la que Alemania se está preparando.
El espejo de 1930: más allá de la analogía fácil
Invocar la década de 1930 es arriesgado, pero las similitudes estructurales son inquietantes. En ambos periodos:
Pero ahora estamos en otros tiempos. La UE y todas las organizaciones que la precedieron en su transmutación a lo que es hoy en 2026 hacen solo interesante la comparación desde «lo aprendido» desde entonces… Hay una diferencia crucial: en los años 30, Alemania se rearmaba para la agresión; hoy, dice hacerlo para la defensa contra Rusia. Sin embargo, como advierten algunos sociólogos y politólogos, el auge de la extrema derecha debe ser correlacionado con el incremento de gasto en defensa. Porque esto es un signo muy peligroso del renacimiento de ideas de revancha. El partido Alternativa por Alemania (AfD), que ya advirtió de que el presupuesto «puede ser el comienzo de una espiral de aumento de la deuda», no es un fenómeno ajeno a esta dinámica sino su síntoma más preocupante.
La Europa que viene: ¿un recálculo o un calco?
La pregunta que debemos formularnos no es solo qué está ocurriendo en Alemania, sino qué nos espera al resto. Berlín nunca ha ocultado su intención de que este nuevo modelo de gasto estructural —más deuda, menos estado social, prioridad absoluta a la defensa— se implante en el conjunto de la UE. El objetivo de gasto en defensa del 3,5 % del PIB ya en 2029, seis años antes de la fecha límite de 2035 acordada por los miembros de la OTAN», es el faro que guiará las futuras exigencias comunitarias.
Las presiones en esa dirección ya han comenzado. En la cumbre de La Haya, los líderes de la OTAN acordaron elevar el gasto en defensa al 5 % del PIB para 2035, con un 3,5 % destinado a capacidades militares duras. Alemania, lejos de oponerse, ha aceptado este compromiso y empuja ahora al resto de socios a seguirlo (véase ABC).
El corolario es inevitable: el recorte social alemán será la plantilla que desde Bruselas, Fráncfort y Berlín nos impondrán al resto. Si la mayor economía de Europa normaliza que se financien tanques a costa de hospitales, que se llenen arsenales mientras se vacían las pensiones, el resto de países de la UE —especialmente los más vulnerables— se verán forzados a replicar el esquema bajo amenaza de incumplir los criterios de Maastricht o la condicionalidad del BCE (véase DW SWI).
El precio de un nuevo orden
Alemania ha decidido que su seguridad se pagará con la precarización de sus ciudadanos. 218.000 millones de euros para defensa frente a 40.000 millones de recortes en sanidad y prestaciones sociales: esa es la ecuación de Merz. Pero esta aritmética no es neutral. Al empezar a destruir su propio Estado del bienestar para alimentar una maquinaria militar, Berlín no solo está cambiando su ADN, sino sentando las bases de una nueva gobernanza económica europea, basada en la prioridad absoluta de la defensa y la redistribución regresiva del ingreso.
Con el eje París-Berlín debilitado y una Francia muy endeudada, con poco margen y alta contestación social, la capacidad alemana para marcar prioridades europeas aumenta. Además, en Europa, las ideas alemanas rara vez viajan solas. Suelen llegar envueltas en normas comunes, incentivos técnicos y acuerdos institucionales, respaldadas por una poderosa herramienta silenciosa: la capacidad de premiar el cumplimiento y penalizar la desviación mediante fondos, ayudas o acceso preferente a programas europeos.
La otra frontera: la interfase europea entre el miedo y la vecindad
Pero hay una lectura alternativa que las élites de Berlín, París y Bruselas se niegan a incorporar en su tablero. Esta misma interfase histórica, que Alemania aprovecha para militarizarse y clientelizar y cooptar al resto de la UE, podría perfectamente ser el momento de repensar la relación con Rusia. No como una amenaza existencial, sino como el vecino permanente y puerta al resto de Eurasia. Porque Europa no es un continente aparte. Es una península relativamente pequeña del vasto bloque euroasiático. Es un hecho cierto que Rusia lleva ahí desde el siglo X. Mucho antes de que existieran algunos de los actuales Estados-nación europeos. Ni Rusia se va a marchar o desaparcer, por mucho que se agite la bandera del miedo del «frente del Este», desde Finlandia hasta Georgia.
Lo que hoy se presenta como una necesidad defensiva inaplazable —el blindaje, los tanques, el 5% del PIB—, visto desde otra perspectiva, puede ser una oportunidad histórica desaprovechada. Porque en esta extraña y contradictoria interfase histórica actual, donde se desvanece la Pax Americana y el orden unipolar, se abren otros horizontes y convenientes para todos, incluido EEUU. Europa podría elegir pavimentar caminos de entendimiento, en lugar de cavar más tumbas y trincheras —esa ha sido su fatalidad al menos desde que Carlomagno fracasara en soldar o recrear el Sacro Imperio Romano.
Plantearlo es impensable ahora, pero lo vamos a intentar: una línea ferroviaria de alta capacidad y una autovía desde Kaliningrado hasta Vladivostok, pasando por los Urales, construida entre la EU y Rusia. La Paz y las reparaciones en Ucrania terminaran por llegar. También podría llegar e incentivarse «la nueva normalidad», como en su día se incentivó/financió con Alemania, con una iniciativa semejante.
La creación de infraestructura, interdependencias, especialización de los territorios y naciones y la vertebración pacificadora pacificaron Europa tras 1945. Es la misma estrategia, que conectaría el Atlántico con el Pacífico. Abriría para Europa otra puerta a Asia, a Siberia (crecientemente fertil e industrial por el cambio climático y las iniciativas sono-rusas). Todo realidades ahora inalcanzables desde el interior de la trampa de Tucídides que Europa y Rusia se tienden mutuamente. Tal vez por eso salgamos de ese impás. Porque es desde la anglosfera (puramente EEUU+UK) que no interesa dar pie o que surja semejante espacio de crecimiento y cooperación, superados los enfrentamientos actuales.
Es desde el Imperio Británico antes y Estados Unidos de Norteamérica después, los que desarrollaron y perfundieron la idea y luego doctrina estrategica por la que Rusia: es un «Estado imposible», «demasiado grande», «peligroso», «solo entiende la mano dura», «hay que balcanizarlo para dividirlo en fracciones que podamos controlar». En esencia doctrina UK/EEUU desde hace 200 años. (véase al menos desde «la Guerra fría»: «Zbigniew Brzezinski: el hombre que quiso dividir a Rusia y repartirla entre los países occidentales«)
Por eso este escenario de futuro no entra en las mente de las élites europeas actuales, dominadas por la antigua rusofobia anglo-germánica, amplificada ahora por Polonia, los Bálticos y Finlandia (entendible desde la muy equivocada «Operación Militar Especial» de Rusia de 1922). Hay mucho empuje ideológio y de intereses, en sentido contrario a la vecindad siquiera moderada con Rusia. Pero ese eje de comunicación es, cuando menos, tan real como el «frente del Este» que nos venden, que Alemania ha decidido financiar con la salud y las pensiones de sus ciudadanos, para luego hacer caja vendiendo armamento y munición.
Es tanta la inercia hacia la confrontación y por abrir ese «frente del Este», que para contrarrestarlo se hace necesario repetir la idea: «desde Kalingardo hasta Vladivostók». Imaginad, una salida al Pacifico de 11.000 kms de carretera y ferrocarril… NO es imposible. Porque si los daneses y los suecos, que fueron archienemigos durante más de 400 años (véase — con más de una docena de guerras formales ciudades quemadas, fronteras militarizadas y una rivalidad que marcó a fuego el norte de Europa) han sido capaces en la actualidad de inaugurar en el año 2000 el puente de Øresund, que une Copenhague y Malmö en veinte minutos… Si ellos pudieron enterrar el hacha de guerra, ¿por qué no podríamos nosotros tender raíles sobre las heridas con la Europa del Este y construir una autovía y ferrocarril, de 11.000 kilómetros, desde Kaliningrado hasta Vladivostok? Marte puede esperar…
Vivimos todos hoy, en 2026/2027, en la interfase que permite dos movimientos opuestos: endurecerse o ensancharse. Berlín ha elegido e impone el primero. La pregunta es si el resto de Europa está obligado a seguir ese mismo camino, o si aún estamos a tiempo de discutir el segundo.
El regreso al pasado (1930 y el rearme de Alemania, pese al Tratado de Versalles) no es un déjà vu literario. Es una advertencia. La cuestión no es si Europa quiere un ejército fuerte; es si Europa puede permitirse dejar de ser un espacio de bienestar para convertirse en una fortaleza, mientras las inundaciones y los incendios mordisquean año tras año los presupuestos, y la deuda ya no da tregua. O bien el comino opuesto, respetando la memoria, no obstante tender a la apertura hacia el Este desde el impulso que busca el crecimiento y el entendimiento entre los pueblos y naciones.
Nota: Este análisis se ha elaborado a partir de datos oficiales (presupuestos del Bundestag, declaraciones ministeriales) y fuentes de prensa internacional (DW, El Mundo, El Economista, HuffPost, Reuters, y demás fuentes declaradas). Las proyecciones para 2030 se basan en los marcos presupuestarios aprobados por el Gobierno alemán en abril de 2026 y las previsiones de gasto de la OTAN.
Otras Fuentes: