jueves 07 de mayo de 2026 - Edición Nº2710

Derechos Humanos | 7 may 2026

Jornadas de 40 horas semanales.

LA REVOLUCION DE LAS HORAS: DEL CONVENIO A LA TRANSFORMACIÓN ECONÓMICA

10:29 |En mayo de 2025 se discutió en el Senado paraguayo un proyecto de ley presentado por uno de sus miembros sobre la instauración de la jornada de 40 horas de trabajo semanales.


Por: Víctor Báez Mosqueira.

En mayo de 2025 se discutió en el Senado paraguayo un proyecto de ley presentado por uno de sus miembros sobre la instauración de la jornada de 40 horas de trabajo semanales. No fue sorpresa que fuera rechazado casi inmediatamente, porque la jornada semanal de 48 horas, adoptada oficialmente en 1936 durante el gobierno de Rafael Franco, es hasta hoy muy poco observada. Argumentos muy baladíes dejaron sin posibilidades a la propuesta, como uno que sostenía que los trabajadores ya tienen una hora de descanso para almorzar.

Pasado el 1 de mayo de 2026, me siento motivado a escribir sobre el tema, gracias a la idea de un amigo mío. Lo hago tomando datos históricos y prestando algunas informaciones de especialistas, porque, a pesar de que el señor Milei ha impuesto la jornada laboral de 12 horas en Argentina, la tendencia mundial es exactamente la contraria.

Cómo todo comenzó

La lucha por la jornada de 8 horas cobró en el siglo XIX muchas víctimas. Los mástires de Chicago no fueron los únicos detenidos o muertos en esa lucha que duró decenios. La resistencia de los gobiernos burgueses y de los empresarios de la época era tenaz, represora, asesina. Pero siguió la pelea. En el Congreso de la Internacional Socialista de París, en 1889, se decidió que cada 1 de mayo sería de huelga universal, en el empeño por conseguir el objetivo de las 8 horas. La primera vez que en Paraguay se implementó esa huelga fue en 1906.

Sin embargo, en Francia se aprobó, en 1907, ese número de horas para el sector público, mientras las movilizaciones febriles continuaban, especialmente en los países industrializados. En 1917 triunfó la revolución rusa, sembrando el pánico entre los gobiernos burgueses y los capitalistas. Siempre había habido revolucionarios que querían tumbar al sistema capitalista, pero nunca, hasta entonces, lo habían conseguido. Había que hacer algunas concesiones urgentes para calmar los ánimos de los obreros del resto del mundo.

Así, no es casualidad que haya sido fundada la Organización Internacional del Trabajo, dos años después, en 1919, y que su primera disposición internacional haya sido el Convenio número 1 , reconociendo, para todos los países, la jornada laboral de 8 horas diarias.

Las predicciones apocalípticas no se cumplieron. No se arruinaron las empresas, no se fundieron las economías nacionales. Pero, por otro lado, tampoco todo el mundo ratificó inmediatamente ese Convenio. Aún así, en mayo de 1926, uno de los capitalistas más conocidos de esa época, Henry Ford, estableció en su empresa la Jornada laboral de 8 horas, 5 días a la semana (40 horas de trabajo semanales), dejando dos días libres a sus trabajadores, porque creía que ese fin de semana más largo iba a hacer que le compraran más coches y porque consideraba que sus trabajadores iban a estar más descansados y que , por ello, iban a producir más y mejor.

Por lo visto eso produjo resultados positivos para su empresa, porque en 1930 el también famoso economista John Maynard Keynes presentó su célebre ponencia titulada “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” afirmando que, 100 años después, para 2030, las personas irían a trabajar solamente 3 horas diarias, 15 horas semanales, para solventar sus necesidades.

Pasaron 16 años y, en 1935, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) aprobó el Convenio 47, aceptando la instauración de la semana laboral de 40 horas. Esa institución aprueba, de manera invariable, todas las disposiciones por acuerdo tripartito (gobiernos, empresarios y trabajadores). Eso quiere decir que había certerza de que el nuevo Convenio iba a ser beneficioso para todas las partes. La prueba es que, en 1938 eso ya se convirtió en ley en Estados Unidos (Fair Labour Standards Act).

Pedro Gomes, experto portugués en la materia, quien hace tiempo enseña en la Universidad de Birkbeck, Inglaterra, sostiene que esta práctica ha tenido las siguientes consecuencias:

1-Aumentó la productividad por horas trabajadas.

2-Trabajadores más descansados y reducción del ausentismo.

3-Reducción de la rotación laboral.

4-Cambios en la organización del trabajo (tecnología y buenas prácticas).

El citado catedrático ha participado también de un experimento en Portugal, con 41 empresas, para reducir la semana laboral a 4 días. De todas ellas, solamente 4 no estuvieron de acuerdo en implementarla.

Otros países europeos ya han reducido la semana laboral a menos de cuarenta horas. En Alemania, el Sindicato IG Metal ha logrado acuerdos para ciertos sectores con menos de 30 horas por semana. En Francia, la semana de trabajo es de 35 horas.

En América del Sur, Venezuela y Ecuador ya adoptaron las 40 horas, mientras Chile comenzó a trabajar 42 horas semanales, en el mes de abril de este año, y Colombia hará lo mismo a partir del mes de julio de 2026. La reducción gradual pretende llegar a las 40 horas

Muchas patronales y, sobre todo, muchos gobernantes siguen mirando el árbol y no el bosque. Consideran que cuando el trabajador para de trabajar, la economía también lo hace. Pero no es así. La economía sigue trabajando porque ese trabajador que está libre ese día, puede ir a pasear, o estudiar, o divertirse, consumiendo servicios. Ese fenómeno puede crear nuevas empresas dedicadas a esos rubros y producir nuevos empleos, fortaleciendo las economías locales y nacionales. Según Pedro Gomes, China adoptó las 40 horas semanales en 1995 y hoy se ha convertido en el país con el turismo interno más fuerte del mundo.

Hay más que decir, pero terminemoss aquí, en mérito a la extensión de este artículo, aclarando que la intención es iniciar un debate serio sobre un tema que está siendo abordado de manera responsable en varios países de América del Sur, mientras, en Paraguay, la mediocridad política lo quiere soterrar con argumentos infantiles.

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