Por: Redacción Central.
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Mientras continúan las conversaciones entre Paraguay y Brasil por la apertura total del Puente de la Integración, el Gobierno paraguayo se mantiene firme en su estrategia de atraer a empresarios brasileños, en base a un discurso centrado en la estabilidad macroeconómica, la baja carga impositiva y las "reglas claras" para los negocios.
En los últimos meses se multiplicaron las misiones oficiales: en lo que va del año, los funcionarios del MIC ya viajaron a Mato Grosso del Sur, Paraná, Bahía y Santa Catarina para presentar oportunidades de inversión, mientras varias delegaciones empresariales brasileñas comenzaron a llegar al país para interiorizarse sobre el clima de negocios y analizar posibilidades de expansión comercial e industrial.
Dentro de esa estrategia, el presidente Santiago Peña sostuvo ante empresarios brasileños que Paraguay buscaba posicionarse como un socio confiable, previsible y abierto al capital extranjero. El mensaje fue reforzado durante encuentros con representantes de la Federación de Industrias de Mato Grosso del Sur (FIEMS), donde la delegación paraguaya expuso las ventajas competitivas vinculadas a la estabilidad económica, los incentivos fiscales y el potencial de crecimiento.
Durante esas reuniones participaron además el jefe de gabinete, Javier Giménez, el canciller Rubén Ramírez Lezcano, el ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, el viceministro de Industria, Javier Viveros, y el titular del Mades, Rolando de Barros, quienes buscan atraer a sectores estratégicos como bioenergía, logística, construcción, alimentos e infraestructura.
Varias firmas brasileñas que ya operan en Paraguay analizan ampliar inversiones, mientras otros grupos empresariales evalúan desembarcar por primera vez en el país. Lo cierto es que la estrategia de Peña coincide con la campaña electoral en Brasil, donde el presidente Lula da Silva busca recortar la distancia que mantiene con Flávio Bolsonaro, el candidato en ascenso de la derecha.
El oficialista Partido de los Trabajadores anunció un paquete de "reformas estructurales" de cara a los comicios de octubre, que incluye cambios en el sistema tributario, para garantizar la continuidad de Lula, cuya reelección está en riesgo. El mandatario brasileño tiene una relación tensa con el empresariado, que lo percibe demasiado intervencionista y mira cada vez más hacia el otro lado de la frontera.
El acercamiento por parte de Paraguay, mientras tanto, no se detiene. Recientemente, una delegación integrada por 30 empresarios de Santa Catarina visitó la Unión Industrial Paraguaya (UIP) para conocer el ecosistema económico local y explorar áreas de inversión en sectores como energía, agroindustria, tecnología, servicios, construcción y autopartes.
En paralelo, Riquelme mantiene encuentros constantes con representantes del sector industrial brasileño como parte de la política oficial orientada a captar inversiones. Una de las visitas más recientes correspondió a empresarios de la Federación de Industrias del Estado de Bahía, quienes llegaron a Paraguay para evaluar oportunidades vinculadas al agronegocio, infraestructura y construcción civil.
Todo este movimiento ocurre mientras Paraguay y Brasil continúan negociando aspectos sobre la operatividad del Puente de la Integración, clave para fortalecer el intercambio comercial y logístico entre los dos países. El viernes pasado estaba pautada una reunión con representantes de las comisiones técnicas de ambos gobiernos para evaluar los avances relacionados con la habilitación plena del paso fronterizo.
Sin embargo, pese a la importancia estratégica de la obra, el puente todavía no fue inaugurado de forma oficial. Dentro del ámbito político persisten versiones que atribuyen la demora al escaso interés mostrado hasta ahora tanto por Peña como por Lula, ya que el proyecto fue impulsado durante los gobiernos de Mario Abdo Benítez y Jair Bolsonaro.