Por: Karla Ivonne Mijangos Fuentes. Fuente: REHUNO - Red Humanista de Noticias en Salud
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(Imagen de Isabel Guzmán Panamá)
En América Latina, la enfermería ha tenido avances significativos sobre el tan anhelado reconocimiento profesional, la diversificación de roles y el desarrollo académico, específicamente, en áreas como la investigación, la gestión de servicios de salud, la docencia y la atención especializada.
No obstante, estos avances han sido lentos y superficiales porque aún persisten desafíos estructurales como la precarización laboral, la sobrecarga de trabajo, los bajos salarios y la falta de reconocimiento social, derivado de lo que Ramacciotti denomina feminización y subordinación histórica de la enfermería dentro del modelo biomédico dominante.
La precarización laboral, es una categoría recurrente en América Latina que se expresa bajo contratos temporales, sin prestaciones completas y con salarios que no corresponden a la responsabilidad de su labor. A esto se suma una carga de trabajo excesiva, producto de la falta de personal suficiente, y que afecta su bienestar y la calidad de la atención. Dicha precariedad se manifiesta como una enfermedad crónica de la profesión _y como tal_ requiere de acciones concretas para contrarrestarla.
En primer lugar, los gobiernos deben garantizar empleos formales, con contratos estables, acceso a seguridad social y salarios dignos. En segundo lugar, es fundamental reducir la sobrecarga laboral contratando más personal y establecer estándares claros sobre el número de pacientes que cada profesional puede atender de manera segura, pues como lo ha reiterado la Organización Panamericana de la Salud, la insuficiencia de enfermeras incrementa el problema y afecta la calidad de la atención.
De acuerdo con la OMS, otras acciones comprenden la implementación de escalafones salariales basados en formación y experiencia que revaloricen la profesión y reduzcan la migración de personal hacia países con mejores condiciones laborales como Alemania y Estados Unidos. El fortalecimiento y certificación de organizaciones profesionales, como los colegios de enfermeras y sindicatos, también resulta fundamental para mejorar la capacidad de asociación y/o trabajo colectivo.
Hablando del avance de la enfermería latinoamericana, surge el tema de la autonomía profesional, la cual sigue siendo limitada en muchos países debido a estructuras jerarquizadas y feminizadas que subordinan la práctica de enfermería a la autoridad médica. Y para avanzar, es necesario fortalecer los marcos normativos que reconozcan las competencias específicas de la enfermería, permitiendo que las enfermeras y enfermeros participen activamente en diagnósticos de cuidado, gestión de pacientes y diseño de políticas de salud (Cassiani, 2020). Además de dar continuidad y realce a la producción científica de conocimiento, un elemento clave para el reconocimiento disciplinar y la autonomía profesional.

Asimismo, la participación de enfermeras y enfermeros en cargos directivos permite incidir en la toma de decisiones y en la formulación de políticas públicas, aunque como señalan colectivos y teóricas feministas, no solo se trata de fortalecer la paridad de género, o en este caso, la profesional, sino más bien una paridad con perspectiva de género, crítica, analítica, con conciencia de clase e histórica y antiimperialista.
Otro elemento clave, y no menos importante a tomar en cuenta, es la transformación de los modelos de atención hacia enfoques interdisciplinarios y centrados en la atención primaria y comunitaria, donde la enfermería, históricamente hablando, ha desempeñado un papel más autónomo en la promoción, prevención, educación sanitaria, estudio territorial sociosanitario y seguimiento de la salud.
En términos estatales, los sistemas de salud de la región latinoamericana enfrentan el reto de fortalecer la enfermería mediante políticas que garanticen mejores condiciones laborales, mayor autonomía y participación en la toma de decisiones. No obstante, a nivel institucional, es necesario actualizar los programas de formación para responder a los cambios epidemiológicos, tecnológicos y sociales.
La transformación también pasa por un cambio cultural. Durante décadas, la enfermería ha sido asociada a roles subordinados y, en muchos casos, invisibilizada debido a su vínculo histórico con el trabajo femenino. Romper con estos estereotipos es esencial para avanzar hacia un reconocimiento real de su importancia.
En términos concretos, la enfermería en América Latina es el resultado de un proceso histórico complejo en el que convergen factores económicos, estatales e institucionales. Su evolución refleja tanto las transformaciones de los sistemas de salud como la intersección del poder y el género que configuran a la región.
Si bien la profesión ha logrado consolidarse como un agente clave de los sistemas de salud, aún enfrenta desafíos que requieren una transformación profunda. La precarización laboral y la limitada autonomía profesional constituyen dos ejes centrales que deben abordarse de manera articulada.
Reconocer el valor de la enfermería no se trata únicamente de mejorar salarios o condiciones laborales, sino de replantear el lugar que ocupa el cuidado dentro de nuestras sociedades, así como fortalecer su capacidad de decisión, liderazgo e incidencia en los sistemas de salud. En este sentido, el futuro de la profesión dependerá de la implementación de políticas integrales que promuevan un modelo más equitativo, inclusivo y sostenible.
Fortalecer la enfermería es, en última instancia, fortalecer la salud pública. Y en una región marcada por desigualdades, apostar por esta profesión no es una opción, sino una necesidad urgente.
Referencias: