viernes 15 de mayo de 2026 - Edición Nº2718

Medio Ambiente | 15 may 2026

Futuro Libre de Pesticidas.

Glifosato for ever: cuando la Comisión Europea se rinde ante Bayer-Monsanto

10:13 |La lucha por un futuro libre de pesticidas tóxicos ha entrado en una nueva y preocupante fase. Mientras la ciencia acumula pruebas sobre los devastadores efectos del glifosato en la salud y los ecosistemas, la Comisión Europea parece decidida a perpetuar su uso.


Por: Ángel Sanz Montes. Fuente: Agencia Pressenza

La batalla contra el Glifosato continúa, aún cuando la Comisión Europea se rinde ante Bayer-Monsanto (Imagen de ChatGPT Image)

La lucha por un futuro libre de pesticidas tóxicos ha entrado en una nueva y preocupante fase. Mientras la ciencia acumula pruebas sobre los devastadores efectos del glifosato en la salud y los ecosistemas, la Comisión Europea parece decidida a perpetuar su uso.

Su última maniobra (de la UE) es una propuesta que, según organizaciones como la “Pesticide Action Network Europe” (PAN), permitiría autorizaciones ilimitadas para decenas de pesticidas sintéticos, incluyendo el glifosato, a partir del 1 de enero de 2027 (véase La Red de Acción contra los Plaguicidas alerta sobre 49 plaguicidas que podrían obtener una aprobación ilimitada en la propuesta «ómnibus» de la UE.). El sueño de Bayer-Monsanto, para quien este herbicida es su principal fuente de ingresos, está a punto de hacerse realidad.

La estrategia de la Comisión: autorización eterna y bloqueo judicial

La propuesta «ómnibus» de la Comisión no es un hecho aislado. Representa un asalto frontal a las normativas de seguridad, primando el ahorro económico para la industria sobre la protección de las personas. Se estima que la eliminación de las revisiones periódicas supondría un ahorro de más de 16,8 millones de euros para los fabricantes, con 605.500 euros solo para el glifosato. Como advierte la toxicóloga Pauline Cervan: —«Con autorizaciones ilimitadas y ya no sujetas al procedimiento de renovación, será aún más difícil que la ciencia sea escuchada».

Este peligroso giro se produce después de años de tira y afloja. En noviembre de 2023, la Comisión renovó la autorización del glifosato por otros 10 años, hasta diciembre de 2033, a pesar de la falta de acuerdo entre los Estados miembros (véase “Los Estados miembros no alcanzaron un dictamen, la Comisión afirma que procederá con la aprobación”). Conscientes de que el proceso judicial es lento, las organizaciones ecologistas han denunciado que «los nuevos planes de la Comisión, dictados por el ariete del lobby agroindustrial, avanzan muy rápido», un aviso que hace más necesario que nunca una reacción ciudadana inmediata.

Mientras la Comisión le allana el camino en Europa, Bayer-Monsanto libra una batalla legal y financiera en Estados Unidos. El gigante alemán acumula tres años consecutivos de pérdidas, lastrado por las más de 100.000 demandas que relacionan su herbicida Roundup con el cáncer.

El brazo de hierro de Bayer-Monsanto se manifiesta con dos caras: en EE.UU., donde libra una batalla legal y financiera por las demandas del Roundup; y en Europa, donde la Comisión le allana el camino. Las cifras son escalofriantes: el gigante alemán acumula tres años consecutivos de pérdidas, lastrado por las más de 100.000 demandas que relacionan su herbicida con el cáncer.

Solo en 2025, Bayer registró unas pérdidas netas de 3.620 millones de euros, un 41,8 % más que el año anterior (véase “Bayer pierde 3.620 millones de euros en 2025, un 41,8 % más, por disputas legales en EEUU”). Para tratar de contener la sangría, la empresa ha llegado a un principio de acuerdo para pagar hasta 7.250 millones de dólares a los afectados (véase «Bayer acordó pagar USD 7.250 millones para cerrar miles de demandas por el herbicida Roundup en Estados Unidos»).

En un movimiento sin precedentes, Bayer disparó su gasto en lobbying federal en el primer trimestre de 2026 (véase “La actividad de lobby de Bayer repunta mientras la batalla legal por Roundup llega al Tribunal Supremo.”, y “La Comisión propone autorizaciones ilimitadas a los plaguicidas”), justo antes de que el Tribunal Supremo de EE. UU. escuchara un caso clave que podría eximirle de las demandas estatales por no advertir sobre los riesgos del glifosato. Su objetivo es claro: que la ley federal de etiquetado de pesticidas prevalezca sobre las demandas estatales que buscan proteger a los ciudadanos. Paralelamente, la directiva de la compañía confía en cerrar este «capítulo judicial» en 2026 con un fondo de hasta 7.250 millones de dólares, una confianza que contrasta con la alarma social que genera su producto.

Sin embargo, mientras su balance se desploma al otro lado del Atlántico, en Europa su lobby ha conseguido lo que parecía imposible: que la Comisión impulse una regulación a su medida para perpetuar el negocio. El pulso al sentido común, por ahora, lo está ganando la industria.

A pesar de haber desembolsado más de 10.000 millones de dólares en acuerdos, su estrategia en la UE es doble: presionar a los tribunales y reforzar su lobby para cambiar las reglas del juego (véase “Los litigios sobre su herbicida con glisofato agravan las pérdidas de Bayer”).

Ciencia/Salud vs. Intereses económicos: el creciente caso contra el glifosato

Mientras Bayer insiste en la seguridad de su herbicida, la evidencia científica en su contra es cada vez más abrumadora y difícil de refutar. Ya no se habla solo del linfoma no Hodgkin; hoy, estudios independientes asocian el glifosato a más de veinte patologías crónicas, incluyendo leucemias, cáncer de hígado, tiroides, diabetes tipo 2, e incluso infertilidad. La controversia ha escalado hasta el punto de que una revista científica se ha visto forzada a retractarse de un estudio del año 2000 que respaldaba la seguridad del herbicida, tras demostrarse que estaba influenciado por la propia Monsanto.

Uno de los últimos aldabonazos lo dio el Instituto Ramazzini en junio de 2025. Su estudio, revisado por pares, confirmó los efectos cancerígenos de la exposición al glifosato desde la etapa prenatal, mostrando un 40% de muertes por leucemia en ratas expuestas a niveles considerados «seguros» por la UE. Estos hallazgos han reabierto el debate sobre la fiabilidad del sistema de evaluación de pesticidas europeo, que la Comisión parece dispuesta a ignorar para satisfacer los intereses de la agroindustria (véase “Glifosato: Un estudio reabre el debate sobre su prohibición.”.

Llamamiento a la acción: por un futuro libre de tóxicos

WeMove Europe, que desde 2015 lidera la batalla para proteger nuestros alimentos, ya logró hitos importantes, como la Iniciativa Ciudadana Europea que, aunque no prohibió el glifosato, forzó una mayor transparencia en los procesos de autorización de pesticidas en 2019. Sin embargo, la amenaza actual de las autorizaciones ilimitadas exige una respuesta sin precedentes.

Para contrarrestar el avance arrollador del lobby, el plan es ambicioso y se basa en tres frentes:

  1. Dar voz a las víctimas: Recoger y presentar ante las autoridades testimonios reales de personas afectadas por los pesticidas, incluyendo casos de malformaciones congénitas y enfermedades graves, para visibilizar el impacto real de estas sustancias.
  2. Visibilizar la contaminación oculta: Realizar análisis independientes en parques infantiles y espacios públicos para detectar trazas de pesticidas. Los resultados desmentirán el relato de la industria y demostrarán que no es un problema solo de los campos.
  3. Presión política en momentos clave: Contratar publicidad en prensa y medios en los momentos decisivos de la negociación para poner a la Comisión en el foco de la opinión pública y presionar a la clase política.

La capacidad de respuesta de la sociedad civil depende de lo que se haga hoy. El debate sobre el glifosato sigue abierto, y aunque los procesos judiciales son lentos, la presión ciudadana puede aún forzar un cambio. Apoyar campañas como las de WeMove Europe, firmar peticiones y difundir la información es más crucial que nunca para impedir que el glifosato y otros tóxicos sean «para siempre».

Remitimos al final de este artículo el enlace a la campaña más reciente de “WeMove Europe” pidiendo apoyo en el tema del glifosfato.


WeMove Europe” – 2015: El precedente olvidado: cuando Europa aún intentaba frenar el glifosato

Rescatamos a continuación parte de la campaña impulsada por la ONG WeMove Europe en 2015, cuando todavía parecía posible que las instituciones europeas reaccionaran ante las advertencias científicas sobre los efectos del glifosato en la salud humana, la cadena trófica y los ecosistemas. Aquella movilización ciudadana surgió en un momento en que aún existía la esperanza de frenar la expansión de uno de los herbicidas más controvertidos del planeta y de obligar a la Unión Europea a aplicar el principio de precaución frente a los intereses de la agroindustria. Vista desde 2026, aquella campaña adquiere el valor de un testimonio temprano: una advertencia que fue escuchada por millones de ciudadanos, pero que las estructuras políticas y económicas dominantes terminaron relegando frente al peso creciente del lobby químico y agrícola.

En 2015, la campaña de WeMove Europe contra el glifosato surgió tras su clasificación como «probablemente cancerígeno» por la OMS. Frente a la presión de Monsanto para obtener una licencia de 15 años en la UE, WeMove impulsó una Iniciativa Ciudadana Europea junto a organizaciones ecologistas y científicas. Exigían transparencia y escrutinio independiente de los estudios de la industria. La movilización logró más de un millón de firmas y visibilidad política, pero no la prohibición del herbicida. La UE renovó la autorización por solo cinco años, una reducción simbólica que alimentó falsas esperanzas. Reformas menores en 2019 no cambiaron el núcleo del problema: el poder de gigantes como Bayer-Monsanto. Desde 2026, aquella campaña se ve como el último gran intento fallido de evitar la normalización del glifosato en la agricultura europea.

Volviendo a mayo 2026, han ganado ellos.

El glifosato no ha sido prohibido. La Unión Europea terminó renovando su autorización, aunque reduciendo inicialmente el plazo que exigían los fabricantes. Muchos interpretaron entonces aquella reducción temporal —cinco años en lugar de quince— como una señal de que las instituciones europeas todavía conservaban cierta autonomía frente al poder de la agroindustria.

Con el paso de los años, esa esperanza se fue erosionando. Aunque la campaña logró introducir mayores exigencias de transparencia y obligó a modificar parcialmente los procedimientos de evaluación de sustancias tóxicas —reformas aprobadas finalmente en 2019—, el núcleo del problema permaneció intacto: la enorme capacidad de influencia política, económica y jurídica de gigantes como Bayer-Monsanto.

Vista desde 2026, aquella movilización aparece casi como el último gran intento ciudadano de impedir que el glifosato se normalizara definitivamente dentro del modelo agrícola europeo. Las advertencias estaban ahí. También las evidencias científicas, las dudas médicas y las señales de alarma ambiental. Pero el tiempo ha demostrado que los intereses económicos de uno de los lobbies más poderosos del planeta han seguido inclinando la balanza política tanto en Bruselas como en Estados Unidos.

¡Sigamos luchando juntos e infórmate en el enlace a la campaña actual!


Fuentes (además de las citadas en el texto):

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