Por: Marco Fernandes. Fuente: Agencia Pressenza.
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Vice-primer-ministro ruso Alexei Overchuk durante la reunión del Banco de los Brics (Imagen de Divulgação)
En la inauguración de la reunión anual del NBD, los discursos de Jeffrey Sachs y Alexei Overchuk proponen que el banco desempeñe un papel protagonista en la creación de alternativas a la hegemonía occidental.
El BRICS se enfrenta a su mayor desafío político desde su fundación en 2009. En este momento, dos países miembros están en guerra: Irán y los Emiratos Árabes Unidos. El primero se defendió de los ataques criminales de EE. UU. e Israel, contraatacando contra bases y activos estadounidenses presentes en el segundo. Hasta ahora, el BRICS no ha emitido ningún comunicado sobre una guerra que ya amenaza con sumir al mundo en la mayor crisis energética desde los años 70. Ante este impasse, su institución más importante —el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD)— inauguró hoy su XI reunión anual en Moscú. La inauguración contó con dos de los nombres más relevantes del debate sobre el nuevo orden económico mundial: el economista estadounidense Jeffrey Sachs (en línea) y el viceprimer ministro ruso Alexei Overchuk. Los dos discursos de apertura, con perspectivas distintas pero convergentes en puntos centrales, trazaron un diagnóstico común: el mundo atraviesa transformaciones profundas y el NBD necesita asumir un papel mucho más audaz en su segunda década de existencia.
El financiamiento público como instrumento estratégico
Sachs abrió su intervención identificando tres grandes transformaciones en curso en el mundo contemporáneo. La primera es geopolítica: la hegemonía mundial se está desplazando de Occidente a Oriente. La segunda es ecológica: 225 años de industrialización han puesto en riesgo el medio ambiente, pero la tecnología verde representa una esperanza concreta. La tercera es tecnológica: la revolución de la inteligencia artificial (IA), en lugar de emplearse con fines militares —el camino que eligió Estados Unidos—, debería utilizarse para mejorar el nivel de vida de la humanidad, en áreas como la educación, la salud y los servicios públicos.
Ante estas transformaciones, Sachs fue categórico: «Occidente sigue aferrándose a una posición de poder que ya no posee —y que no merece—. Esto queda claro en los escasos resultados de la guerra en Ucrania y en Irán, y en lo que ocurrió en Venezuela. Hay que acabar con la OTAN y con todas las guerras. EE. UU. y la UE ya no pueden dominar el mundo».
Para Sachs, ante los desafíos de las próximas décadas, será fundamental ampliar el financiamiento público para los bienes comunes, la investigación y el desarrollo, y los grandes proyectos de infraestructura —energía, agua, transporte, conectividad digital, entre otros—. Aunque reconoce la importancia de las fuerzas del mercado, Sachs argumentó que el financiamiento público es insustituible para la planificación a largo plazo. En este contexto, los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) tendrán un papel fundamental, y las regiones deben actuar como bloques, con países vecinos trabajando de manera integrada.
Esta postura representa un giro significativo para quienes siguen la trayectoria intelectual de Sachs. En la década de 1990, fue uno de los principales defensores de la receta neoliberal, incluidas las terapias de choque aplicadas en Rusia y América Latina. Actualmente, defiende el protagonismo del Estado como agente central de la financiación estratégica y limita el papel del mercado a su función complementaria.
«El BSD debe tener un papel gigantesco en esta demanda de financiamiento público. Y el enorme ahorro chino también debería utilizarse para apoyar este esfuerzo, canalizado por el BSD», sostuvo Sachs. La propuesta va en contra de las recetas que promueven el ahorro y el aumento de la participación del consumo en la economía. El gobierno chino, sabiamente, sigue ignorando la receta liberal.
Expansión urbana, África y el dólar como arma
Sachs enumeró dos ejemplos concretos de los retos a los que debe enfrentarse el NDB. El primero es el de la urbanización: se prevé que la población urbana del planeta crezca en dos mil millones de personas hasta 2050, lo que exigirá enormes volúmenes de financiación para infraestructura urbana. El segundo es el de África, que se prevé que concentre el 25 % de la población mundial para 2050 y debería ser una de las prioridades del banco, en colaboración con la Unión Africana. En ambos casos, la financiación para nuevas tecnologías verdes será crucial.
Por último, Sachs defendió que el NDB ayude a crear sistemas de pago alternativos al dólar: «Estados Unidos ha transformado el dólar en un arma política en los últimos 30 años para mantener su dominio sobre el mundo. Se confiscan las reservas de otros países, como las de Venezuela y Rusia. El FMI veta los préstamos a países que desagradan a Washington. Necesitamos alternativas».
Lamentablemente, ninguna de las mesas de la XI reunión anual del NDB abordará específicamente este tema, uno de los más estratégicos para el futuro del banco y del Sur Global.
Soberanía tecnológica y alternativas financieras
El viceprimer ministro ruso, Alexei Overchuk, abrió su intervención destacando el rasgo más distintivo de los BRICS: la toma de decisiones basada en el respeto mutuo y el consenso, independientemente del tamaño de los países miembros.
A continuación, fue directo al tema central de la reunión. «La IA se ha vuelto estratégica y requiere un uso intensivo de energía. Pero, ¿cuántos países en esta sala producen sus propios chips? ¿Cuántos son capaces de gestionar sus propios datos?», preguntó, ante una audiencia en la que la mayoría de los países representados dependen de tecnología extranjera para ambos.
La soberanía tecnológica y su financiamiento —especialmente en el campo de los semiconductores y la infraestructura de datos— surge como el desafío central de esta edición del encuentro del BND. La pregunta de Overchuk expone la vulnerabilidad estructural de la mayoría de los países del Sur Global en esta área.
Overchuk recurrió a la experiencia de Rusia tras las sanciones occidentales para ilustrar la importancia de construir alternativas al sistema financiero internacional con antelación. «Si un país es excluido del sistema financiero internacional, ¿cómo sobrevivir? Lo hicieron con Rusia, intentaron debilitarnos, pero estábamos preparados. Cuando Visa y Mastercard se fueron, ya habíamos construido nuestro propio sistema alternativo. Por eso es fundamental crear alternativas al sistema financiero», afirmó.
El ejemplo se traduce en cifras concretas: el comercio entre Rusia y China alcanzó el equivalente a 240 000 millones de dólares, y el 98 % de las transacciones se realizaron en rublos y yuanes. El comercio con los vecinos más cercanos de Rusia se lleva a cabo entre un 93 % y un 95 % en monedas locales.
Para que este modelo se expanda, Overchuk abogó por la construcción de conectividad financiera y logística. Un ejemplo es el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur —que conecta San Petersburgo (Rusia) con Bombay (India), pasando por Irán—, una alternativa al Canal de Suez, controlado por Occidente, con inversiones rusas en Irán y en Asia Central. «El centro de la economía global se está desplazando hacia el Sur Global. Necesitamos conectar el norte de Eurasia con el Sur Global, y el BSD debería considerar esto como una de sus priorits», afirmó. Al igual que Sachs, Overchuk instó al banco a asumir la expansión de la conectividad financiera y logística como herramientas de integración del Sur Global —alternativas a la infraestructura hoy hegemónica de Occidente.
Reaseguradoras, agencias de calificación y la batalla de ideas
Overchuk también defendió la creación de un sistema de seguros propio para los países del BRICS, no como sustituto del sistema existente, sino como una alternativa más sostenible. La propuesta se refiere a la negociación en curso en el bloque sobre la creación de una reaseguradora propia.
Las reaseguradoras —que son las aseguradoras de las aseguradoras— se concentran sobre todo en Europa y EE. UU. y se han convertido en instrumentos para el cumplimiento de las sanciones occidentales. Un ejemplo: las reaseguradoras occidentales se niegan a cubrir íntegramente a los petroleros que exportan petróleo ruso por encima del techo de precios impuesto por la OTAN. Sin reaseguro, el comercio se paraliza.
Overchuk también defendió la creación de nuevas agencias de calificación de riesgo. Rusia creó una alternativa nacional hace cinco años, pero es necesario expandir la iniciativa en el marco del BRICS. Las agencias de calificación existentes —concentradas en EE. UU.— definen la calificación de bancos como el NDB y determinan su capacidad para captar recursos y el costo de dicha captación. La presencia de países sancionados por Occidente, como Rusia, o de países menos desarrollados, como Bangladesh, rebaja la calificación del banco, lo que encarece y dificulta el financiamiento. Atender precisamente a estos países, sin embargo, es parte esencial de la misión del NDB.
Por último, Overchuk propuso que el NDB comience a producir análisis de las principales tendencias de la economía mundial, ofreciendo argumentos para posiciones alternativas a las hegemónicas. La propuesta tiene un sentido estratégico: el FMI y el Banco Mundial gastan cientos de millones de dólares al año en departamentos de investigación que producen informes determinados por los intereses de Occidente y que marcan el debate económico global. Los BRICS deben ser capaces de producir una visión alternativa desde el Sur Global —una batalla de ideas sobre economía, desarrollo y los grandes desafíos de la humanidad, desde la crisis ecológica hasta la desigualdad.
Para concluir, Overchuk hizo un llamamiento: «El Consejo de Gobernadores debe tomar decisiones más audaces, basadas en opiniones bien informadas, especialmente en su segunda década de existencia».
La ausencia de varios ministros de Finanzas de los países del BRICS —los gobernadores del consejo— en la 11.ª reunión no pasó desapercibida. Solo estuvieron presentes los ministros de Rusia, Anton Siluanov, y de Sudáfrica, Enoch Gondogwana. El ministro brasileño, Dario Durigan, no pudo asistir debido al cierre temporal de los aeropuertos de Moscú, probablemente por el riesgo de ataques de drones ucranianos. Pero ningún otro ministro estuvo presente. El hecho plantea una pregunta inevitable: ¿qué grado de prioridad le están dando los gobiernos de los países miembros al banco?