miércoles 20 de mayo de 2026 - Edición Nº2723

Internacionales | 20 may 2026

Contracorrientes y otros caminos

Las llamas del antielitismo arden en Estados Unidos

08:48 |En septiembre de 2025, el presidente Trump promulgó un Memorando de Seguridad Nacional poco divulgado por los medios.


Por: George Ygarza Quispe

Las Llamas del Antielitismo Arden en EEUU.

Un espectro acecha a los poderosos en Estados Unidos.

En septiembre de 2025, el presidente Trump promulgó un Memorando de Seguridad Nacional poco divulgado por los medios. Estos memorandos instruyen al aparato de Seguridad Nacional sobre las prioridades que debe adoptar, le informan sobre las nuevas amenazas que debe considerar y dan forma a los objetivos generales de seguridad nacional en el país.

Los memorandos ofrecen una visión transparente de la posición política de una administración que define la dirección que tomará la infraestructura de seguridad en el país. El Memorándum 7 es fascinante por lo que contiene, incluyendo una lista de lo que describe como indicadores de terrorismo. Según el memorándum titulado «Contrarrestar el terrorismo interno y la violencia política organizada», estos incluyen formas anticapitalistas, anticristianas y otras formas de «hostilidad hacia aquellos que sostienen puntos de vista estadounidenses tradicionales sobre la familia, la religión y la moral». Aquí la posición política del estado de EE. UU. es bastante explícita, no es necesaria ninguna contra-interpretación: el capitalismo y la cristiandad son inmutables de la vida estadounidense. Si bien los principales medios de comunicación a menudo descartan las políticas y directivas de la administración, como este memorándum, como pretensiones exageradas, la realidad es que la administración parece estar respondiendo al creciente resentimiento visto en los múltiples episodios dispares dirigidos contra las élites y la infraestructura tecnofascista en el país.

Más allá del sonado asesinato del director ejecutivo de United Healthcare en diciembre de 2024, se han producido numerosos ataques contra loas élites, así como contra las infraestructuras y redes que controlan por todo Estados Unidos. Al analizar estos incidentes en conjunto, observamos una conciencia política que trasciende las líneas políticas convencionales en Estados Unidos y que, aparentemente, dificulta que los poderosos intentan retomar el control del discurso.

Oposición a las infraestructuras del capitalismo

A nivel local, estamos viendo luchas notables contra diversas infraestructuras tecnológicas del país. En particular, las herramientas de vigilancia, como las cámaras y los centros de datos, han sido el objetivo de las comunidades políticas típicas y atípicas de la sociedad. El 7 de abril la pequeña ciudad de Danby, en el estado de Nueva York, con una población de 3.457 habitantes y situada a unas 3 horas al noreste de la ciudad de Nueva York, modificó su código de zonificación para prohibir los centros de datos y la minería de criptomonedas. El estado de Nueva York, excluyendo la gran metrópoli, ya cuenta con casi 50 centros de datos, y se prevé que en todo el país haya alrededor de 2.500. Danby, una región relativamente conservadora donde no es raro ver banderas confederadas, se suma a una creciente ola de resistencia que se ve por todo el país. En el tema de los sistemas de vigilancia, el pueblo cercano, Ithaca, rechazó la renovación del contrato con la compañía FLOCK, que desarrolla cámaras con reconocimiento facial. Tras la movilización de grupos comunitarios, rechazaron la expansión de FLOCK por su colaboración con la policía y con ICE.

La proliferación de centros de datos es el resultado del crecimiento exponencial del uso de la inteligencia artificial en los últimos años, principalmente debido al uso de modelos de aprendizaje a gran escala (MLE). Los MLE se definen por su capacidad de procesamiento única: procesar grandes cantidades de datos para generar, resumir, traducir y analizar la información que recopilan. Estos MLE son los sistemas que sustentan los chatbots que han acaparado tanta atención últimamente. Si bien muchos en el mundo tecnológico imaginaban que su lanzamiento público tendría una implementación sin problemas, la aceleración de las tecnologías de IA fue recibida con notable recelo y, en ocasiones, con animosidad por parte del público en general. La indignación ha trascendido las estructuras físicas y se dirige a los individuos detrás de ellas. El 10 de abril se intentó incendiar la casa del CEO de OpenAI, Sam Altman. La creciente oposición a los centros de datos refleja un nuevo e interesante giro, ya que este rechazo a la IA y a las tecnologías de vigilancia ha logrado movilizar a la población más allá de las divisiones políticas convencionales que cualquier otra ideología en los últimos años.

Algunas de las razones de esta creciente oposición pueden ser prácticas, como por ejemplo: ¡No en mi patio trasero! Este movimiento de los años ochenta surgió cuando las comunidades locales se opusieron a la expansión de la minería en su región simplemente por el impacto directo en su medio ambiente. De manera similar, hoy en día las comunidades se oponen a los centros de datos por el aumento que suponen en la demanda de electricidad, lo que sobrecarga sus redes eléctricas locales. Los centros de datos también requieren grandes cantidades de agua para su refrigeración, lo que afecta a las fuentes de agua locales. Sin embargo, estas razones prácticas parecen estar dando paso a un creciente resentimiento consciente dirigido hacia las élites.

La reacción popular que se vive en el país puede entenderse como una respuesta a lo que Ivan Illich describe como el segundo punto de inflexión. Según Illich, el primer punto de inflexión se refiere a los beneficios sociales de los nuevos avances tecnológicos. Herramientas como la computadora e internet proporcionaron nuevas formas de conectividad e intercambio de información. Sin embargo, bajo el capitalismo el lapso entre el primer y el segundo punto de inflexión para cualquier avance tecnológico es efímero. El segundo umbral se produce cuando los avances tecnológicos transforman la cultura y comienzan a requerir una mayor participación de la sociedad civil, lo que no solo excluye a la gente, sino que además pone estas nuevas infraestructuras al servicio de los poderosos.

No son solo los centros de datos los que están sufriendo la ira de la gente. Decenas de incendios en almacenes ya se han reportado en todo Estados Unidos este año, muchos de ellos declarados oficialmente como incendios provocados. El más destacado ocurrió el 7 de abril en el centro de almacenamiento de Ontario, California, cuando un empleado se hizo viral en las redes sociales al supuestamente incendiar un almacén de papel higiénico mientras despotricaba sobre las condiciones laborales de explotación a las que los dueños de la empresa sometían a sus trabajadores. Haciéndose eco del memorándum de noviembre de 2025, el fiscal federal del Distrito Central de California, Bill Essayli, quien presentó cargos federales en el caso que supuestamente costó medio mil millones de dólares, declaró: “Miren, Estados Unidos se fundó sobre la libre empresa y el capitalismo. A cualquiera que ataque nuestros valores, nuestra forma de vida, nuestro sistema, que proporciona los mejores bienes y servicios a la mayor cantidad de personas, lo perseguiremos con contundencia”. Las declaraciones reaccionarias de los poderosos reflejan una clase claramente inquieta.

s que lobos solitarios

A pesar de sus disputas públicas, los principales medios de comunicación y la administración Trump coinciden en su evaluación de estas formas populares de rebelión como expresiones excepcionales e irracionales de violencia. Los medios nacionales creen que la administración Trump está instrumentalizando estas formas populares de resistencia como una especie de pánico moral para impulsar medidas más autoritarias. La administración Trump, por otro lado, si bien condena los ataques contra las élites y los daños a la propiedad, no obstante los considera formas excepcionales de violencia de la izquierda radical que socavan el tejido social.

La verdad parece estar en otro lugar, fuera de esta dicotomía. A medida que el reportero Ken Klippenstein al cubrir la noticia del último intento de asesinato de Trump, Cole Allen, escribe que lo más notable de Allen, y posiblemente de los demás en esta última ola de acciones contra las élites y su infraestructura, es su sencillez. No hay partidos populares, grupos grandes de afinidad ni siquiera ideologías notables o convencionales que inspiran sus acciones. Muchos de ellos simplemente están impulsados ​​por la desesperación y la frustración ante la clase dominante, que les vende paranoia mientras la élite se reúne en cumbres, cenas de corresponsales y discusiones sobre presupuestos de guerra. A diferencia de los partidos y vanguardias tradicionales, las insurrecciones populares y no ideológicas representan una amenaza constante para la clase dominante. Sus objetivos son amorfos, difíciles de identificar y aún más difíciles de sofocar y someter. Un espectro, sin duda.

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