Por: https://www.baseis.org.py/
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Cada Día Mundial del Ambiente encuentra a Paraguay enfrentando desafíos ambientales cada vez más complejos. La crisis climática se expresa en las olas de calor récord, las sequías prolongadas, los incendios forestales y los eventos extremos que afectan la producción de alimentos, la disponibilidad de agua y las condiciones de vida de amplios sectores de la población.
Reducir el debate ambiental únicamente al cambio climático global impide comprender las causas concretas que profundizan la vulnerabilidad del país. Paraguay continúa sosteniendo un modelo de desarrollo basado en la extracción intensiva de bienes naturales, la concentración de la tierra y la expansión de actividades orientadas principalmente a satisfacer demandas externas antes que las necesidades de la población.
En las últimas décadas, el agronegocio ha sido uno de los principales motores de la deforestación, la degradación de ecosistemas y el desplazamiento de comunidades campesinas e indígenas. Lejos de cuestionarse este modelo, hoy emergen nuevas formas de extractivismo que se presentan bajo discursos de modernización, crecimiento económico o incluso de transición energética.
Entre ellas se encuentran los proyectos de Las Electrointensivas profundizando el extractivismo en Paraguay para procesos productivos de alto consumo energético destinados fundamentalmente a mercados globales. Aunque son promovidos como una oportunidad de desarrollo, estos emprendimientos plantean interrogantes sobre el uso de un recurso estratégico como la energía, los beneficios reales que generan para la población y sus impactos ambientales y territoriales.
De igual manera, la expansión de las plantaciones forestales de eucalipto avanza sobre extensas superficies del territorio nacional impulsada por incentivos estatales y por las expectativas de abastecer futuras industrias vinculadas a la celulosa y otros mercados internacionales. La sustitución de paisajes diversos por monocultivos forestales genera preocupación por sus efectos sobre la biodiversidad, los recursos hídricos y las formas de vida de las comunidades rurales.
La crisis climática exige transformaciones profundas, pero no cualquier transformación. Las respuestas no pueden consistir en sustituir unas formas de extractivismo por otras presentadas como verdes o sostenibles. La transición ecológica solo será justa si coloca en el centro la protección de los territorios, los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas, la soberanía alimentaria y el acceso democrático a los bienes comunes.
En este Día Mundial del Ambiente, resulta necesario reafirmar que la defensa de la naturaleza no puede separarse de la lucha por la justicia social. Frente a una crisis climática cada vez más profunda, Paraguay necesita debatir no solo cómo adaptarse a sus consecuencias, sino también qué modelo de desarrollo está dispuesto a construir para las próximas generaciones.