Por: Edmundo "Mundy" Fuster
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¿Quién no ha visto por la calle - y no hablo sólo de zaparrastrosos, sino también de gente bien vestida - a alguien que se detiene frente a algo abandonado y se lo lleva? Una muñeca a la que le falta un brazo, una pelota pinchada o un saco raído.
Y juntan, y siempre tienen una excusa para seguir juntando, hasta que terminan viviendo rodeados de cosas que nunca utilizarán. Deben caminar pisando cualquier cosa, tropiezan, se lastiman y reinciden.
A esas personas se las llama acumuladores compulsivos o personas que padecen el síndrome de Diógenes. Hasta que un día los vecinos los denuncian, llegan la policía, los bomberos y Defensa Civil, les limpian la casa, en una de esas los obligan a realizar un tratamiento psiquiátrico y hasta quizás buscan familiares para aplicar esa figura tan tradicional y conocida del abandono de persona.
A esta altura del relato ya te habrás podido imaginar la escena. Ahora pasemos al plano de la realidad cotidiana.
¿Cómo te sentirías vos viviendo al lado, enfrente o muy cerca de alguien así?
Probablemente no del todo bien. Los bichos, los roedores, el perrito sarnoso y lleno de pulgas, la humedad y tantas otras consecuencias terminarían afectándote. Es lógico, máxime cuando le ofreciste ayuda o intentaste preguntarle para qué quería esa bicicleta sin ruedas y ni siquiera te contestó, o directamente te mandó olímpicamente al carajo.
Algo parecido percibo con el gobierno. Siento que es un acumulador compulsivo; no de basura, pero sí de problemas. Como las noticias aparecen sin solución de continuidad, pareciera que si dejan de nombrarse dejan de existir. Sin embargo, la realidad suele ser bastante distinta.
Son varios los temas de los que todo el mundo habla y que, lejos de resolverse, ponerles un moño y archivarlos como casos cerrados, permanecen vigentes. Cada tanto reflotan y no son simples carpetazos: forman parte de nuestra memoria colectiva y, lamentablemente, muchos terminan afectando nuestra calidad de vida.
A esta altura tampoco interesa demasiado si la falta de resolución es responsabilidad de la Justicia, que algunas veces acelera, otras veces demora y otras directamente coloca los expedientes en el estante de los pendientes, ocupada por la urgencia del presente o por alguna razón que aconseja dejar que los asuntos junten telarañas.
Hay temas del gobierno anterior que ya casi no recordamos y otros de este gobierno que tampoco tenemos demasiado presentes.
El AFAGate quedó enmarañado con el tema de Adorni; éste con los gastos mediante tarjetas corporativas de Nucleoeléctrica; enseguida se abrieron las puertas del estadio para observar al equipo de las SIRA y poco se habla de aquello porque el ex ARSAT y el ORSNA nos regalaron un nuevo capítulo de este teleteatro ambientado entre narcos y coimeros.
Donde no había un problema tuvieron incluso la capacidad de inventarlo con el pliego de la aspirante a jueza vinculada familiarmente con el periodista Hugo Alconada Mon y con la puesta en valor de la senadora Bullrich, que va a acompañar al gobierno, en el mejor de los casos, hasta la puerta del cementerio, pero no más allá.
El caso de la niña Agostina Vega, de 14 años, cruelmente asesinada en Córdoba, ocupa programas enteros de televisión y, mientras tanto, nadie habla de la falta de declaración jurada de Adorni, de sus gastos con tarjeta, de Spagnuolo en la ANDIS ni del fentanilo contaminado.
Ese tema hizo pasar al olvido - al menos momentáneamente - todo lo anterior, aunque nada haya sido resuelto. Y cuando la tragedia de la niña prometía varios fines de semana de programas especiales, nos enteramos de la triste noticia relacionada con el querido Indio Solari, figura entrañable para varias generaciones.
La cuestión parece ser llegar hasta que comience el Mundial y que Argentina no pare de ganar. Que la gente esté contenta, que algún que otro ajustecillo pase desapercibido y que exista tiempo suficiente para acomodar algunos patitos que todavía no terminan de alinearse.
Quizás ese veranito de San Juan, que comienza formalmente el 11 de junio y que al día siguiente de la final dará paso a la feria judicial hasta fines de julio, resulte suficiente para que cada uno encuentre su lugar y, entre todos, limpien o al menos ordenen esa casa llena de problemas.
Y parafraseando a don Alfredo Di Stéfano, si no pueden solucionar ninguno, mala suerte. Pero, por favor, no creen uno nuevo, porque con los que ya tenemos alcanza y sobra.
Apúrense a limpiar la casa. Los vecinos - jubilados, empleados públicos, familiares de personas con discapacidad y tantos otros - ya comenzaron a quejarse y lo comentan en todos lados.
El vecindario está alborotado.
Por si fuera poco, esos otros vecinos, los que representan lo mejor de cada casa y acumulan todos los vicios imaginables, también se han sumado a las quejas. Baten el parche y, si alguno sale a defenderlo, lo patotean de lo lindo.
No acumulen más. No junten nada más de la calle. Empiecen a sacar cosas.
Esto no es vida.
Se está oscureciendo el día.
Se viene la noche