Por: Ramón Cardozo Álvarez
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¡América Latina y Caribe; Votar No alcanza!
En poco más de cuatro décadas, América Latina y el Caribe (ALC) pasó de estar dominada por dictaduras a convertirse en la zona en desarrollo más democrática del mundo. Hoy, 4 de cada 5 ciudadanos viven bajo regímenes democráticos y 7 de cada 10 personas habilitadas para votar participan en las elecciones. Se trata de uno de los niveles de participación electoral más altos a nivel global.
Sin embargo, ese avance convive con un malestar creciente. Apenas 3 de cada 10 ciudadanos se declaran satisfechos con el funcionamiento de su democracia y solo 5 de cada 10 la prefieren frente a cualquier otra forma de gobierno.
El más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), titulado Democracias bajo presión (mayo de 2026), parte de esa paradoja para advertir que la democracia en ALC, pese a su histórica expansión, no ha logrado funcionar de manera suficientemente efectiva y enfrenta presiones crecientes que amenazan su sostenibilidad.
El riesgo principal, señala el informe, no es necesariamente el retorno de rupturas abruptas, como los golpes de Estado del siglo XX, sino el vaciamiento gradual de la democracia: la consolidación de sistemas electorales que mantienen ciertos rasgos democráticos formales —elecciones, competencia partidaria y autoridades electas— pero que progresivamente se tornan incapaces de procesar de forma pacífica los conflictos sociales, representar a la ciudadanía y generar resultados tangibles en términos de desarrollo humano. Ese vaciamiento abre un terreno fértil para el surgimiento de líderes personalistas con discursos antisistema.
En ALC, las elecciones competitivas, la existencia de múltiples partidos y la alternancia real se han convertido en reglas del juego político ampliamente aceptadas en la mayoría de los países. Por ejemplo, desde 1982, en más de la mitad de las elecciones presidenciales democráticas de la región ganó la oposición.
Pero la expansión y estabilidad electoral no han venido acompañadas de una mejora en la calidad de las democracias. ALC sigue por debajo de estándares adecuados de libertad política, pluralismo e igualdad, y desde la década de 2010, indicadores clave de estos valores muestran un persistente retroceso.
Según datos de V-Dem, en ALC el índice de libertad de expresión y de acceso a fuentes alternativas de información cayó de 0,80 en el 2010 a 0,72 en 2025 (en una escala de 0 a 1, donde 1 representa plena libertad). Al mismo tiempo, el índice del componente igualitario —que evalúa en qué medida las desigualdades obstaculizan el ejercicio efectivo de derechos— retrocedió de 0,59 a 0,55.
Estos déficits en la calidad democrática convergen en un punto crítico: la representación política. Cuando no todas las voces participan, no pesan igual o no pueden expresarse con plena libertad, la desconexión entre la ciudadanía y las instituciones se amplía y la legitimidad democrática se erosiona.
En el caso específico de las juventudes de la región, señala el PNUD, "predomina un sentimiento de frustración hacia sistemas democráticos percibidos como distantes y capturados por élites, lo que limita su identificación con las instituciones".