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La República Popular China se ha convertido en la segunda potencia económica mundial y para muchos académicos, profesionales, empresarios y políticos de diferentes partes del mundo, tener una experiencia de observación directa, les ha permitido confirmar que muchas ciudades dentro de ese país asiático han evolucionado y aparte de convertirse en metrópolis modernas, también se han convertido en importantes y significativas ciudades económicas.
Este es el caso de la ciudad de Shenzhen, ubicada en el sur de China, conocida como una ciudad de importante crecimiento económico. El ex primer ministro de la República Kirguisa Djoomart Otorbaev, nos relata su experiencia luego de participar en el documental titulado “Crecimiento Imparable” producido por la Cadena Global de Televisión China (CGTN).
Relato de Djoomart Otorbaev, ex primer ministro de la República Kirguisa
Mi participación en el documental «Crecimiento imparable», encargado por CGTN, me brindó la oportunidad de explorar la evolución tecnológica de China mediante la observación directa, en lugar de la abstracción. Filmado justo antes de las «Dos Sesiones» plenarias anuales de la Asamblea Popular Nacional (APN) de la República Popular China y coincidió con un momento político crucial en el que China reafirmó su enfoque en la modernización, la independencia tecnológica y el crecimiento de alta calidad.
Esta elección del momento fue deliberada, lo que permitió al documental mostrar el panorama económico actual y la lógica política que moldea su futuro.
Elegir Shenzhen para filmar fue una decisión acertada. Shenzhen ha evolucionado más allá de ser solo un caso de éxito; ahora ejemplifica un modelo sistémico. La ciudad se caracteriza no solo por su amplia innovación, sino también por la alta densidad y la perfecta integración de su ecosistema.
Los centros de investigación, la fabricación avanzada, el capital de riesgo y las cadenas de suministro conforman un sistema altamente integrado, reduciendo significativamente el tiempo desde la invención hasta la comercialización. Considero que esta aceleración de los ciclos de innovación es una ventaja estructural crucial que contribuye a sostener el crecimiento económico de China.
La alianza con Da-Jiang Innovations -DJI-, subraya el progreso tecnológico de China, caracterizado por una profunda integración vertical, la investigación y desarrollo (I+D) continua y mejoras constantes. El papel dominante de DJI se debe a la ingeniería innovadora y al diseño integral de sistemas, más que al proteccionismo. Su perfecta integración de hardware, software y datos crea soluciones fiables y rentables, estableciendo un estándar que sus competidores aún no han logrado igualar.
Un análisis más amplio muestra que el crecimiento económico sostenible de China se basa en múltiples fundamentos interconectados.
La estabilidad política a largo plazo es esencial, ya que proporciona un entorno estable para que sectores clave como los semiconductores, la IA, la robótica y las energías renovables, prosperen mediante estrategias plurianuales que reducen la incertidumbre y atraen inversiones. Además, se hace especial hincapié en el desarrollo de infraestructuras, tanto físicas como digitales. La logística moderna, las telecomunicaciones avanzadas y los recursos informáticos son cruciales para el crecimiento de las industrias. Además, invertir en capital humano es vital; el crecimiento continuo en habilidades de ingeniería e investigación aplicada garantiza una innovación constante en lugar de un progreso esporádico.
Estos fundamentos ya están dando resultados tangibles. A finales de 2025, el PIB de China superó los 140 billones de yuanes, con una tasa de crecimiento del 5,0%, lo que representa alrededor del 30% del crecimiento económico mundial. Cabe destacar que la estructura de crecimiento se ha desplazado significativamente hacia los sectores de alta tecnología. Las zonas nacionales de desarrollo de alta tecnología generaron más de 20 billones de RMB en producción, y la manufactura y los servicios de alta tecnología están creciendo a tasas de dos dígitos a principios de 2026.
El ecosistema tecnológico ha madurado significativamente y merece una observación atenta. Se define no solo por su escala, sino también por su integralidad. China está desarrollando capacidades integrales en diversos campos, incluyendo robótica, fabricación aditiva e internet satelital, abarcando el diseño, la fabricación, la implementación y el perfeccionamiento.
Este enfoque minimiza la dependencia de fuentes externas y acelera la innovación. La rápida expansión de la robótica industrial y los avances en los sistemas humanoides ponen de manifiesto una transición de la automatización simple a sistemas inteligentes sofisticados e integrados.
El papel de China en las cadenas de suministro globales sigue impulsando esta tendencia. Casi el 50 % de sus exportaciones son ahora bienes intermedios, lo que integra la tecnología china en las redes de producción mundiales. El rápido crecimiento de las exportaciones de equipos de energía eólica y baterías de litio evidencia un cambio de un comercio centrado en el volumen a uno impulsado por la innovación tecnológica. Esto contradice la idea de «exceso de capacidad», que ignora la creciente demanda mundial de transformación digital y ecológica.
Es precisamente aquí donde debemos abordar las crecientes representaciones negativas en algunos medios de comunicación occidentales. Estas representaciones tienden a analizar el progreso tecnológico de China desde una perspectiva geopolítica, destacando los riesgos, la dependencia o la competencia sistémica. Si bien estas preocupaciones no carecen de fundamento, a menudo pasan por alto los hechos: el progreso de China se debe principalmente a factores internos como la capacidad de innovación, la estructura industrial y el tamaño del mercado, más que a la injerencia externa.
El caso de DJI ofrece valiosas lecciones. Incluso después de años de presión regulatoria, sanciones y limitaciones de mercado, la empresa no solo ha preservado, sino que ha fortalecido su posición global. Esto revela una verdad más profunda: el dominio tecnológico no se logra únicamente mediante medidas políticas. En cambio, la competitividad depende de la excelencia del producto, la integración de sistemas y la capacidad de innovar a gran escala.
De cara al futuro, sigo siendo optimista sobre las perspectivas económicas de China. El cambio de sectores tradicionales como el inmobiliario y la infraestructura hacia tecnologías de alto desarrollo.
El país asiático, continúa apuntando hacia el crecimiento tecnológico; en la actualidad destaca como líder en vehículos eléctricos, energías renovables e inteligencia artificial entre otros. En el XV Plan Quinquenal (2026-2030), China dirige su estrategia hacia un desarrollo tecnológico, autosuficiente y de alta calidad; asimismo, espera mantener un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), en un rango apropiado en los próximos cinco años; y su objetivo para el 2035, es duplicar su (PIB) per cápita del 2020.