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La comunidad El Triunfo, ubicada en el kilómetro 34 de Minga Guazú, Alto Paraná, celebró el pasado 12 de junio su 37° aniversario, reafirmando una experiencia organizativa que se ha convertido en referencia para el movimiento campesino paraguayo. Nacida de una ocupación de tierras en 1989 y consolidada tras años de esfuerzo colectivo, la comunidad representa hoy una propuesta de desarrollo basada en la organización popular, la producción agrícola sustentable y la construcción de una identidad propia.
“Al principio éramos alrededor de 40 jóvenes acompañados por personas mayores. No fue una lucha fácil. Sufrimos desalojos, pero volvimos a ocupar las tierras y construimos una comunidad”, recuerda Tomás Zayas, uno de los dirigentes históricos del proceso.
A diferencia de otras experiencias de la época, sus impulsores rechazaron definirse como colonia o asentamiento. Desde el inicio optaron por el concepto de comunidad, entendida como una forma de organización social vinculada a las tradiciones campesinas e indígenas y basada en la cooperación y la vida colectiva.
Ese horizonte quedó reflejado incluso en los documentos fundacionales. Con personería jurídica obtenida en 1990, El Triunfo incorporó en sus estatutos principios relacionados con la protección de la naturaleza y el uso sustentable de los recursos, mucho antes de que estas cuestiones ocuparan un lugar central en los debates públicos.
“Planteábamos la necesidad de cuidar la tierra, el agua y los bosques, y de desarrollar una producción que garantizara alimentos para las familias y también ingresos para vivir dignamente”, señala Zayas.
Treinta y siete años después, la experiencia continúa creciendo. Los hijos y nietos de quienes protagonizaron las primeras ocupaciones participan activamente en la vida comunitaria, reflejando un proceso de arraigo y continuidad generacional poco frecuente en el campo paraguayo.
La comunidad cuenta actualmente con instituciones educativas que llegan hasta el nivel medio, una red de 93 pozos artesianos impulsada mediante la organización vecinal y una importante producción agrícola destinada tanto al autoconsumo como a la comercialización.
Durante la pandemia, El Triunfo se destacó por su capacidad de garantizar alimentos para sus habitantes y colaborar con otras comunidades mediante la distribución de semillas y productos agrícolas, fortaleciendo la seguridad y la soberanía alimentaria.
La trayectoria de la comunidad también ha despertado interés académico. Diversas investigaciones y publicaciones han documentado su experiencia, entre ellas los libros El otro país posible y La construcción colectiva de un tekoha, mientras se prepara una nueva obra que recupera la historia de la organización campesina en Alto Paraná y el papel de El Triunfo como una de sus expresiones más significativas.
Para sus pobladores, el aniversario no solo fue una celebración, sino también un momento para reafirmar los valores que dieron origen a la comunidad: la solidaridad, el trabajo colectivo, la defensa del territorio y la convicción de que es posible construir formas de vida más justas y sostenibles desde el campo paraguayo.