lunes 22 de junio de 2026 - Edición Nº2756

Internacionales | 22 jun 2026

Cambiar el lente con que observamos.

Los cambios necesarios en el partido de la mundialización

08:34 |Casi un cuarto de los países con representación en Naciones Unidas participan en esta Copa Mundial de Fútbol 2026. Pero las proporciones son desiguales. Mientras que la FIFA dispuso 16 plazas directas para selecciones de Europa, son 9 las selecciones africanas, 8 las asiáticas, 3 de América Central y el Caribe, 6 de Sudamérica y una de Oceanía, más los 3 anfitriones y dos provenientes de los repechajes, que están presentes en este torneo.


Por: Javier Tolcachier. Fuente: Agencia Pressenza.

(Imagen de Pixabay)

Casi un cuarto de los países con representación en Naciones Unidas participan en esta Copa Mundial de Fútbol 2026. Pero las proporciones son desiguales. Mientras que la FIFA dispuso 16 plazas directas para selecciones de Europa, son 9 las selecciones africanas, 8 las asiáticas, 3 de América Central y el Caribe, 6 de Sudamérica y una de Oceanía, más los 3 anfitriones y dos provenientes de los repechajes, que están presentes en este torneo.

Como en anteriores oportunidades, la pigmentación de piel oscura de muchos jugadores hace surgir la sospecha de que, una vez más, los equipos europeos se han llevado el botín – o ambos botines – de excelentes jugadores africanos, ofreciéndoles su nacionalización para poderlos fichar como propios.

Pero para sorpresa de muchos, esto no es así, o al menos, es una verdad a medias.

De los 1248 futbolistas que integran las 48 escuadras hay 289 que han nacido en un país distinto al que representan. Y la verdadera sorpresa es que hay más jugadores europeos que juegan para países del Sur global, que a la inversa.

El caso más extremo es el de Curazao, que políticamente sigue siendo una provincia/colonia del Reino de los Países Bajos, donde tan solo uno de la plantilla de veintiséís es nacido en suelo caribeño y el resto en Holanda continental.

Otro caso es el de República Democrática del Congo, en el que dieciocho futbolistas son nacidos en Europa o Marruecos, donde 15 integrantes no nacieron en el país maghrebí. La lista sigue con 16 deportistas que vestirán los colores de Argelia, de los cuales 13 han nacido en Francia, los quince futbolistas de Túnez provenientes de otros territorios o los doce que jugarán para Haití, pero nacieron y crecieron en suelo francés.

El delantero Haaland, con su porte vikingo, vino al mundo en Gran Bretaña, el joven argentino Nico Paz, que milita en el fútbol italiano, nació en Tenerife y el mediocampista mexicano Fidalgo es originario de Asturias. Por su parte, el arquero de la selección nipona, Zion Suzuki, es hijo de padre estadounidense y de madre japonesa.

Esto nos devela que nuestra mirada ya no se ajusta a las realidades del mundo actual. ¿O es que acaso es menos francés un ciudadano afrodescendiente que uno de piel clara? ¿O el moreno goleador Lamine Yamal, nacido en las cercanías de Barcelona, es menos catalán por ser hijo de una originaria de Guinea Ecuatorial y de padre marroquí?

Sin embargo, es claro que el pasado existe y ha dejado su huella, no solamente en la pigmentación cutánea. Muchos jugadores de las ligas europeas, independientemente de su lugar de nacimiento, llegaron allí por la capacidad económica de los clubes. Y muchos de ellos, son hijos de inmigrantes en primera o segunda generación. Sus padres vinieron a Europa obligados por la falta de perspectivas de vida digna en sus países de origen y en general, criaron a las hoy estrellas deportivas entre penurias económicas en los suburbios desfavorecidos de las ciudades europeas.

En referencia a estas pesadas herencias, que se manifiestan en las desigualdades y la discriminación que siguen enfrentando millones de personas en la actualidad, se desarrolló en Ghana, a muchos kilómetros de los imponentes estadios del Mundial, y por primera vez fuera de los Estados Unidos, el evento conmemorativo de Juneteenth.

Hacerse cargo de lo ocurrido para avanzar hacia el futuro

Juneteenth tiene lugar cada año el 19 de junio para rememorar el fin de la esclavitud en Estados Unidos. El nombre es un acrónimo formado por «June» (junio) y «nineteenth» (diecinueve), en referencia al 19 de junio de 1865, día en que el general de división Gordon Granger ordenó la aplicación definitiva de la Proclamación de Emancipación en Texas, al término de la Guerra Civil estadounidense.

El acto en Ghana, al que asistieron el presidente John Mahama y la primera ministra de Barbados Mia Mottley, incluyó una escenificación de los padecimientos sufridos por las personas esclavizadas en el transcurso de cuatro siglos.

Este evento fue el punto cúlmine de una conferencia de tres días enfocada en los esfuerzos de lograr reparación y justicia por los vejámenes experimentados por las víctimas y las secuelas que dejó a su paso la enajenación de la que fueron objeto millones de seres humanos.

Los legítimos reclamos de reparación, ya de larga data, se han visto alentados recientemente por la aprobación en Naciones Unidas de una Declaración que condena la trata de esclavos como el mayor crimen de lesa humanidad de la historia. La resolución se aprobó con 123 votos a favor. En una actitud reñida con todo rasgo de honradez o compasión, tres países votaron en contra (Argentina, Israel y Estados Unidos) y 52 se abstuvieron, entre ellos prácticamente todos los países del llamado bloque occidental, a los que se sumó el gobierno crecientemente militarista de Japón.

Quedan en el aire varias respuestas inequívocas, que no habrán de resolverse en la cancha de fútbol.

La primera es que los pueblos cuyo bienestar fue en gran parte alimentado por la explotación humana y de recursos naturales, no solo deben obligar a sus empresas a cesar con sus acciones de expolio sino también proponerse reparar en profundidad los graves errores cometidos por el proceso de colonización.

Al mismo tiempo, hoy es evidente que las fronteras nacionales son una reliquia histórica, que solo sirve para impedir la nivelación de oportunidades y la libertad de cada ser humano de optar por su lugar de residencia, más allá del sitio donde haya visto la luz por primera vez.

Finalmente, las rasantes transformaciones ocurridas en las últimas décadas en el marco de un proceso creciente de mundialización, exigen un cambio en la óptica con la cual miramos los acontecimientos. Hoy emerge con claridad la imagen de una Nación Humana Universal que cobije las mejores aspiraciones de todos los pueblos.

Así como un técnico de fútbol hace las modificaciones necesarias en su equipo cuando nota que el rendimiento no es el esperado, así tenemos que disponernos a cambiar tanto la organización social, hoy a todas luces deficiente para dar respuestas, como el lente con el cual analizamos y llevamos adelante nuestra propia existencia. Algo así como ajustar los cordones del calzado, para no tropezar y lograr que el balón de la vida ruede en la dirección que anhelamos.

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