miércoles 24 de junio de 2026 - Edición Nº2758

Internacionales | 24 jun 2026

Intervencionismo de EEUU.

El “Hondurasgate” y el persistente intervencionismo estadounidense en América Latina

11:32 |No es un secreto que, desde principios del siglo XX, Estados Unidos ha visto en América Latina un territorio vital para garantizar la expansión de su poder y hasta su propia supervivencia como potencia.


Por: Sandra Kanety Zavaleta Hernández. Fuente: https://geolat.info/

No es un secreto que, desde principios del siglo XX, Estados Unidos ha visto en América Latina un territorio vital para garantizar la expansión de su poder y hasta su propia supervivencia como potencia. Desde la ocupación militar en Cuba en medio de su lucha emancipatoria, seguida de la de Haití o República Dominicana a inicios de siglo, pasando por el apoyo a los golpes de Estado en Guatemala, Brasil o Chile durante la Guerra Fría, hasta la implementación de la Operación Condor, el país norteamericano ha implementado toda una plétora de estrategias militares, políticas, económicas y culturales, tendientes a evitar la presencia de potencias rivales, garantizar sus intereses y preservar su posición en el tablero de poder mundial.

Si bien el intervencionismo es una constante histórica, la injerencia en la región se ha vuelto cada vez más compleja y extensa. En la actualidad, las tradicionales formas de intrusión se acompañan de nuevos mecanismos que, aunque en apariencia podrían ser más sutiles, no son menos violentos. La ocupación de territorios por fuerzas militares, la instrumentación de destituciones de líderes políticos o la imposición de acuerdos o tratados comerciales, hoy conviven con estrategias de Lawfare, financiamiento político encubierto (público o privado), guerra algorítmica, ciber espionaje o campañas mediáticas de desinformación, como el llamado Hondurasgate.

La filtración reciente de una serie de audios entre distintos personajes políticos de la llamada “derecha” latinoamericana y gobiernos injerencistas, como Estados Unidos, y que tiene a Honduras como punto de origen y centro logístico, no sólo exhibe conversaciones que en contubernio respaldarían operaciones de desestabilización en la región, sino que devela el andamiaje de poder global y la “persistencia de una lógica colonial que nunca desapareció del todo”.

En las conversaciones publicadas no sólo se presume el apoyo israelí a Juan Orlando Hernández (expresidente hondureño condenado en Estados Unidos por narcotráfico e indultado después por Donald Trump) para su retorno a la presidencia; o el control de Zonas Económicas Especiales; la instalación de infraestructura tecnológica y el asentamiento de corporaciones dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial; o el establecimiento de una nueva base militar estadounidense en Honduras; sino toda una estrategia encaminada a desestabilizar gobiernos de “izquierda” o “progresistas” (como México y Colombia) que evidencia la lógica imperial y la (re)actualización constante de la Doctrina Monroe o el Corolario Roosevelt, por mencionar algunos.

La continuidad de las formas violentas de intervención extranjera en territorios libres, independientes y soberanos, no se reproduce de la misma manera que en el pasado pero su fundamentación sigue intacta: la percepción de que Latinoamérica y el Caribe pueden y deben ser intervenidos, tantas veces y formas sean necesarias, para mantener la estabilidad que Estados Unidos requiere. No olvidemos que, si bien los audios son la manifestación más reciente de la injerencia estadunidense, no ha pasado mucho tiempo desde los ataques aéreos contra embarcaciones en el Caribe, el bombardeo a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro siendo presidente en funciones o el endurecimiento del bloqueo y asilamiento a Cuba.

En medio del agitado contexto actual en Latinoamérica, el Hondurasgate permite entender, pues, que el ascenso de gobiernos conservadores, de derecha y autoritarios en la región no ocurren en el vacío, sino que hacen parte de la histórica relación intervencionista de Estados Unidos en nuestros países; y que el abierto apoyo de Trump a Bolsonaro en Brasil, a Milei en Argentina y actualmente a Fujimori en Perú o a de la Espriella en Colombia es una versión más rentable de intervención.

Y no es que hoy las “viejas” formas de intervencionismo hayan desaparecido; de hecho, son más vigentes que nunca. Pero lo que el Hondurasgate muestra es esa readaptación necesaria de las formas de control y disciplinamiento de la lógica imperialista en la que se sostiene la existencia de Estados Unidos.

Pese a todo, América Latina resiste. Resiste desde abajo, en sus movimientos indígenas y su defensa por los territorios, en sus organizaciones campesinas y populares, en sus barrios y su gente.

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