sábado 27 de junio de 2026 - Edición Nº2761

Derechos Humanos | 27 jun 2026

Asentamientos informales en América Latina y

120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, mientras la vivienda sigue relegada en la acción climática

09:00 |Alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, muchas de ellas en viviendas expuestas a inundaciones, huracanes, olas de calor, lluvias torrenciales y deslizamientos. Sin embargo, la vivienda continúa ocupando un lugar marginal en las políticas y los mecanismos internacionales de financiación climática.


Por: Agencia InnContext

Alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, muchas de ellas en viviendas expuestas a inundaciones, huracanes, olas de calor, lluvias torrenciales y deslizamientos. Sin embargo, la vivienda continúa ocupando un lugar marginal en las políticas y los mecanismos internacionales de financiación climática.
 
Durante junio, mes en el que se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, Hábitat para la Humanidad analiza cómo el cambio climático impacta las viviendas y la vida cotidiana de las personas, y advierte que la adaptación no puede limitarse a grandes obras de infraestructura: también debe comenzar en los lugares donde las familias viven y enfrentan diariamente los eventos extremos.
 
Un análisis de 188 planes nacionales de acción climática muestra que la mayoría no incorpora la vivienda como un eje central de mitigación y adaptación. Solo 11 países mencionan expresamente los asentamientos informales como una prioridad, aunque más de 1.100 millones de personas viven en estas condiciones en el mundo.
 
La brecha también se observa en la distribución de recursos. A escala global, apenas 7 % de los fondos climáticos se destina a soluciones de vivienda incremental o al mejoramiento de barrios informales, intervenciones que permiten fortalecer progresivamente las viviendas y reducir la vulnerabilidad de comunidades que difícilmente pueden acceder a proyectos habitacionales completos.
 
“En América Latina y el Caribe, hablar de adaptación climática sin hablar de vivienda significa dejar fuera de la conversación a millones de familias. La casa es el primer refugio frente al calor, las lluvias y los desastres, pero todavía no recibe la atención que corresponde en la planificación y el financiamiento climático”, señaló Ernesto Castro García, vicepresidente de Área para América Latina y el Caribe de Hábitat para la Humanidad Internacional.
 
La vivienda como infraestructura climática
 
Una vivienda resiliente está diseñada para resistir, recuperarse y adaptarse ante condiciones adversas. Esto incluye no solo la solidez de la construcción, sino también su ubicación, el acceso al agua y la energía, la capacidad de evacuación, el manejo del entorno, la adecuación cultural y la posibilidad de mantener condiciones habitables durante una emergencia.
 
Cuando una vivienda resiste un evento extremo, la familia tiene mayores posibilidades de conservar su patrimonio, permanecer en su comunidad, retomar sus actividades económicas y evitar interrupciones prolongadas en la educación de los niños.
 
El diseño bioclimático complementa este enfoque mediante soluciones que aprovechan las características naturales de cada territorio. La orientación frente al sol y los vientos, la ventilación cruzada, el aislamiento térmico, la protección solar, la vegetación y las dimensiones de las ventanas pueden mejorar el confort dentro de las viviendas y reducir la necesidad de refrigeración o iluminación artificial.
 
Estas medidas no siempre requieren tecnologías complejas. Incluso modificaciones progresivas en viviendas existentes pueden mejorar la ventilación, disminuir la exposición a temperaturas extremas, extender la vida útil de la construcción y reducir el consumo de energía.
 
Soluciones aplicadas en América Latina y el Caribe
 
En El Salvador, Hábitat para la Humanidad ha desarrollado viviendas bioclimáticas con sistemas de ventilación que permiten la salida del aire caliente y una mejor distribución de la iluminación natural. Estas construcciones han logrado reducir hasta en dos grados centígrados la temperatura dentro de los hogares.
 
En Chiapas, México, el proyecto Lekil’Na, expresión en lengua tzotzil que significa “vivienda sustentable”, combina criterios ambientales, sociales y culturales. Cada vivienda incorpora 232 kilogramos de RESIN8™, un material elaborado a partir de plásticos no reciclables, y cuenta con certificación EDGE, sistema respaldado por el Grupo Banco Mundial.
 
En Honduras, viviendas elevadas sobre pilotes, construidas de acuerdo con las condiciones del territorio, resistieron las inundaciones provocadas por los huracanes Eta e Iota aproximadamente una década después de su construcción.
 
En Trinidad y Tobago, el trabajo en diez comunidades costeras vulnerables permitió capacitar a más de 600 residentes y desarrollar un índice de vulnerabilidad costera y resiliencia comunitaria para mejorar la preparación y la toma de decisiones frente a emergencias.
 
Los casos muestran que la resiliencia habitacional no responde a un único modelo. Las soluciones deben adaptarse al clima, la cultura, los materiales disponibles, los riesgos del territorio y las capacidades económicas de cada comunidad.

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