Por: Fuente: https://www.lapoliticaonline.com/
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La ayuda de Paraguay a Venezuela, tras los devastadores terremotos que sacudieron al país caribeño, se convirtió en un gesto de solidaridad que trasciende la compleja situación diplomática entre los dos países. De hecho, la asistencia podría propiciar el acercamiento que Santiago Peña proyecta tras la captura de Nicolás Maduro en enero pasado.
El canciller Rubén Ramírez Lezcano señaló que Paraguay y Argentina estaban coordinando la asistencia humanitaria para Venezuela, centrada en el envío de rescatistas, una demandada expresa de las autoridades venezolanas. Peña había expresado poco antes su respaldo. "El pueblo venezolano puede contar con nuestro apoyo, nuestras oraciones y nuestra voluntad de colaborar en todo lo que esté a nuestro alcance", dejó en claro.
El Gobierno paraguayo está articulando la ayuda logística en conjunto con la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y el Consejo de Defensa Nacional, según detalló el canciller. Hasta el momento, no se recibieron los reportes oficiales sobre paraguayos afectados por los dos potentes sismos de magnitudes 7,2 y 7,5, que dejaron un saldo de más de 600 muertos y cerca de 6 mil heridos.
El embajador de Paraguay en Panamá, Enrique Jara, confirmó que se mantiene un seguimiento de la situación, aunque no existen relaciones diplomáticas formales con el gobierno bolivariano. Hasta la ruptura del vínculo, Jara oficiaba como embajador concurrente ante Caracas desde el país centroamericano.
Pero la ayuda humanitaria podría tener un impacto más amplio en las relaciones bilaterales. Paraguay no mantiene vínculos oficiales con el régimen chavista, pero la cooperación, enmarcada en una respuesta regional a la catástrofe natural, abre una vía para un acercamiento pragmático. Países como Argentina, bajo la administración de Javier Milei, también han optado por separar las diferencias políticas de la asistencia.
El hecho de que la cooperación se gestione a través de la SEN, y no del ámbito diplomático directo, expone el carácter técnico y humanitario de la asistencia.
El contexto de esta ayuda se da en medio de una disputa financiera pendiente entre ambos países. Paraguay mantiene una deuda con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) por la compra de combustibles, cuyo monto ha sido motivo de controversia.
La Procuraduría paraguaya ha reconocido la existencia de la deuda, aunque las cifras varían: Venezuela reclama US$ 320 millones de dólares más intereses, mientras que Paraguay reconoce un monto cercano a los US$ 280 millones. El proceso arbitral que dirime este conflicto, con sede en París, se encuentra actualmente suspendido debido a la falta de reconocimiento de una autoridad legítima en Venezuela.
En este escenario, el gesto de ayuda humanitaria podría ser interpretado como un mecanismo para generar un clima de confianza que facilite la reactivación del diálogo. Aunque las relaciones diplomáticas siguen rotas, Paraguay señaló que la vía diplomática sigue siendo la opción más viable para resolver la disputa.
La posición paraguaya, que reconoce la deuda pero cuestiona los intereses aplicados, busca un acuerdo negociado que podría ser más alcanzable en un contexto de cooperación y buena voluntad mutua.
La coordinación de la ayuda a través de la SEN y el Consejo de Defensa Nacional asegura que la asistencia sea eficiente y responda directamente a las necesidades de las víctimas, sin que esto implique un reconocimiento político formal del gobierno del PSUV. En definitiva, la ayuda de Paraguay a Venezuela es un acto de humanidad que, además, abre una ventana de oportunidad para destrabar conflictos bilaterales enquistados.