domingo 28 de junio de 2026 - Edición Nº2762

Internacionales | 28 jun 2026

Extractivismo en México y África.

El expolio silenciado: cómo México y África entregan su riqueza mineral al G8

12:51 |El oro brilla en las vitrinas de Londres, Zúrich y Nueva York. Pero el resplandor que ilumina las bóvedas de los bancos centrales europeos y estadounidenses nace en la oscuridad de los túneles mineros de México y África, donde la riqueza arrancada del subsuelo se convierte en una transferencia de valor tan masiva como silenciada


Por: Ángel Sanz Montes. Fuente: Agencia Pressenza

Si la pobreza es una cuestión de ADN, el saqueo sería el orden natural de las cosas. Desmontar esta falacia no es corrección política: es descolonización intelectual y coherencia humanista. (Imagen de ChatGPT Image)

El oro brilla en las vitrinas de Londres, Zúrich y Nueva York. Pero el resplandor que ilumina las bóvedas de los bancos centrales europeos y estadounidenses nace en la oscuridad de los túneles mineros de México y África, donde la riqueza arrancada del subsuelo se convierte en una transferencia de valor tan masiva como silenciada

México: el oro que sale por la puerta grande

El artículo de AS.com (edición digital del “Diario AS”) se retrata a México como el “nuevo Dubái” por su producción aurífera, pero omite la pregunta incómoda. ¿Quién se queda realmente con el oro?

No es casualidad que los grandes conglomerados mediáticos, atados a los mismos intereses financieros que las extractoras, presenten el expolio como un hecho neutro. También es común en los Medios generalistas normalizar el expolio u omitir el detalle. Como pieza periodística o en cuanto al tono periodístico el relato es que, —«… en Mexico, hay una enorme mina, que produce oro y la concesión es de una corporación estadounidense; es el ‘nuevo Dubai’”. —Narrado así, sin el contexto histórico, económico y geopolítico y los detalles de redito para unos y otros, es un periodismo que informa, pero reproduciendo el relato del poderoso.

Vamos a los hechos. En el norteño estado de Zacatecas, el cráter de Peñasquito, a vista de pájaro, parece una herida abierta en el suelo de más de cuatro kilómetros de longitud. Esta, es la mina más grande de México y produce cerca del 30% del oro nacional. Newmont, la corporación estadounidense que opera el yacimiento desde que absorbió a Goldcorp en 2019, aseguró en 2022 que Peñasquito, —“aportó 1.900 millones de dólares en valor económico a México”, —y uno crearía que es cosa buena.

Pero esa cifra, que la empresa publicita como su contribución al País, es un espejismo estadístico y un ejercicio de propaganda. Porque incluye, por un lado, unos 643 millones de dólares en salarios y beneficiosque no son riqueza que revierta en la nación, sino costes de operación. Por otro, incluye también impuestos, un peaje de miseria por cada onza extraída, e inversiones comunitarias. Lo que no dice Newmont y es justo lo que el artículo de AS tampoco desmenuza: que la mayor parte de los beneficios generados por el oro de Zacatecas sale directamente de México hacia Denver, Colorado, donde la corporación tiene su sede.

Los trabajadores de Peñasquito lo saben bien. En 2023, mantuvieron una huelga de más de cuatro meses exigiendo una participación más justa, tanto salarial y localmente, como para la Nación mexicana. Cuando finalmente llegaron a un acuerdo, el reparto histórico de 3.358 millones de pesos (unos 167 millones de dólares) representaba apenas el 10% de las ganancias de la compañía. El 90% restante voló a las cuentas de los inversores de Newmont en Nueva York, Toronto y Londres. ¿Y lo llamaron “acuerdo”…? Pues para quien le valga, porque siguió siendo una desproporción.

México, por su parte, recaudó en 2024 unos 45.300 millones de pesos en impuestos y derechos de todo el sector minero. Una cifra que, comparada con los miles de millones que salen del país, resulta casi simbólica, por no decir una rendición o humillante.

Una afirmación fuerte requiere argumentos claros: la explotación de Peñasquito, la joya de la corona minera mexicana, es el ejemplo perfecto de un modelo de concesiones que hunde sus raíces en la Ley Minera de 1992, promovida por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. De quien se pueden recordar muchas cosas más, que no son objeto de este análisis.

Aquella reforma no solo abrió la puerta a la inversión privada, sino que otorgó a la minería un carácter preferente sobre cualquier otra actividad, incluso por encima de la vida y la supervivencia de las comunidades o consideraciones medioambientales. Al modificar la Ley, además se ampliaron los periodos de las concesiones de 25 a 50 años, con posibilidad de prorrogarlas por otros 50 más; y se eliminó el impuesto a la extracción. De facto, convirtiendo el subsuelo nacional mexicano en un botín, a repartir entre intereses privados en su mayoría extranjeros.

Las consecuencias no se hicieron esperar. El derecho de preferencia minera ha facilitado despojos, expropiaciones, daño ambiental y la gestación de grandes fortunas (locales y foráneas) a costa de los recursos y la salud de los pueblos nativos de Mexico y del Estado en general. Esta ley, que aún hoy permite que la riqueza de Peñasquito se fugue al extranjero, es el legado corrupto de un sexenio que, envuelto en la retórica de la modernización, entregó el patrimonio nacional a cambio de migajas y consolidó un modelo de expolio que persiste tres décadas después.

África: ochenta años de saqueo institucionalizado

Si el caso de México es revelador, el de África es ya obscenamente cínico. Es el continente que en la Edad Media deslumbró al mundo con la riqueza de Mansa Musa (1312-1337). Su Imperio llegó a amasó una fortuna ¡que hoy equivaldría a 350.000 millones de euros!

Sus herederos, el Malí actual, es el segundo mayor productor de África. Produce hoy entre un tercio y un cuarto del oro mundial. Es decir, casi 100 toneladas anuales. Pero la inmensa mayoría de esa riqueza no la ven los malienses. La cosechan otros, con contratos firmados en otras lejanas capitales. Para Mali y sus pueblos, el oro que un día levantó imperios hoy solo deja pobreza, contaminación y deuda perpetua.

Respecto de África. No se trata de un misterio ni de una fatalidad. O ‘cuestión de genes’, como algunos llegaron a afirmar. Teorías raciales o geneticistas que han vuelto a ponerse de moda en las últimas décadas, con obras como ‘The Bell Curve’ (Herrnstein y Murray, 1994). Desde círculos ultra conservadores este racismo hecho pseudo-ciencia, es revisitado cíclicamente para resucitar viejos argumentos raciales de inferioridad intelectual para justificar lo que son desigualdades estructurales (*).

No es casualidad que estas ideas, recicladas por los ultraconservadores de ambos lados del Atlántico, sirvan para justificar la desigualdad como un hecho natural, no como una injusticia. El mecanismo es siempre el mismo: presentar el saqueo y la exclusión como una defensa de la civilización. Para los violentos más racistas esto es música a sus oídos.

Pero nada hay de real o cierto hay en todo eso. Para África, es la consecuencia lógica o histórica de cinco siglos de relaciones asimétricas. Tras la abolición de la esclavitud, que había desangrado al Continente llevándose a sus jóvenes durante cuatro siglos; el colonialismo europeo redibujó África con escuadra y cartabón. Sin más miramientos. Gente que jamás había estado allí,… trazando fronteras que no respetaban etnias ni economías, ni la historia local… Solo importó la necesidad de extraer materias primas y abrir nuevos mercados, para una Europa en plena revolución industrial.

Este fue el modo en que el poscolonialismo institucionalizó sus nuevas formas de expolio en África y el resto del mundo, y razón de su situación actual. Cuando las banderas del colonialismo más impresentable se arriaron; el FMI y el Banco Mundial izaron las suyas. Hábilmente, transformaron la dominación militar y política en dependencia financiera. Todo argumentado en doctrinas económicas que se presentaron con la misma inmutable evidencia, que las leyes de la termodinámica. Aunque claramente su única función fuera asegurar que la riqueza del sur fluyera siempre hacia el Norte. El resultado es el mismo: la riqueza del subsuelo nunca se queda en la superficie, ni es para los que sobre ella viven y la extraen.

El subdesarrollo de África, como críticamente documentó Walter Rodney (es una pagina de sus mejores citas), no es el punto de partida de su historia, sino el punto de llegada de un proceso sistemático de expropiación, explotación y exterminio, diseñado para que Europa y, después, Occidente, o «el Norte Global», se desarrollaran a su costa. ¡Esa es la herencia que arrastra el continente en 2026!

Otro caso es Ghana, el principal productor de oro de África, proyectaba en 2025 ingresos por este concepto superiores a los 9.600 millones de dólares. Sudáfrica, donde la cuenca de Witwatersrand es considerada la fuente de oro más grande jamás descubierta, genera ingresos anuales superiores a los 17.200 millones de dólares. Pero en ambos casos, la mayor parte de esa riqueza no se queda en el continente: las empresas mineras occidentales, en su mayoría canadienses, australianas, británicas y estadounidenses, se llevan el botín. Mientras los países africanos se quedan con la contaminación, los conflictos y la deuda.

La deuda externa total de África alcanzó en 2023 la cifra de 1,152 billones de dólares. En 2024, los pagos externos de principal de los países africanos se estimaron en 55.000 millones de dólares. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, brazos financieros de Occidente, han condicionado durante décadas sus créditos a políticas de ajuste que ahogan cualquier posibilidad de desarrollo industrial. Como reconocía el propio FMI en un estudio de 1996, tras casi dos décadas de políticas de ajuste en Senegal, —“el crecimiento económico ha seguido siendo errático y moderado”. —¡No! El crecimiento que hubo fue esporádico y respondió al alza muy puntual de los precios de las materias primas, no a una transformación productiva real.

El resultado es un continente condenado a una espiral de endeudamiento perpetuo [PDF]. Siete de las diez economías más dependientes de la extracción minera en el mundo se encuentran en África. Dependencia que no genera desarrollo, sino vulnerabilidad: cuando los precios internacionales caen, los países africanos no tienen con qué pagar sus deudas; cuando suben, la riqueza se esfuma hacia el exterior y suman nuevas deudas a sus cuentas.

Balcanización y mercenarios: el mantenimiento del desorden

Este expolio no sería posible sin una estrategia deliberada de fragmentación política. El mantenimiento de la balcanización africana, la perpetuación de conflictos por fronteras artificiales y la fractura de cualquier atisbo de unidad continental, son la mejor garantía de que ningún Estado pueda negociar en pie de igualdad con las multinacionales. Por tanto, la conflictividad y la violencia existen, se adaptan y perpetúan como «factores», pero porque interesa.

En Sudán, el tercer mayor productor de oro de África, el metal precioso se ha convertido en el motor de una guerra civil brutal entre dos facciones militares. Mientras el país se desangra, el oro sudanés, es codiciado por potencias como Emiratos Árabes Unidos, Rusia, o Egipto, perpetuando la guerra y la fragmentación del territorio.

Las milicias paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) controlan las minas más rentables y financian su maquinaria de guerra con la venta del oro, que en 2022 generó exportaciones cercanas a los 2.500 millones de dólares. —“Las minas de oro se han convertido en la principal fuente de ingresos para un país con muchas dificultades económicas. Y en estos momentos de tensión se vuelven un objetivo estratégico”, —explica a la BBC Shewit Woldemichael, experta del Crisis Group.

Cuando los conflictos «internos» o inducidos no son suficientes para garantizar el control de los recursos, “aparecen los hombres de verde”. Por ejemplo, el Grupo Wagner, que ha sido denunciado por su implicación en la minería ilegal en Mali, Libia, Mozambique y la República Centroafricana. También contratistas militares de Estados Unidos y Europa operan en la República Democrática del Congo protegiendo intereses mineros. Ejércitos sin bandera, pero con dueños o amos muy claros y que garantizan que el flujo de minerales hacia Occidente, no se interrumpa nunca.

Dos tablas, una misma historia

Para entender la magnitud del expolio, basta con comparar lo que los países productores retienen frente a lo que sale. Los datos hablan por sí solos.

Tabla 1. Oro: lo que ingresa y lo que sale

Tabla 1. Oro: lo que ingresa y lo que sale

 

Los datos fríos de esta tabla confirman lo que el relato oficial oculta: más del 80% del valor del oro extraído en México y en los principales países africanos no se queda en sus economías. En Peñasquito, la cifra ronda el 85%. Eso significa que, por cada lingote que sale de Zacatecas, apenas una moneda de plata vuelve en impuestos y regalías. El resto viaja a las sedes de Newmont en Denver, a los fondos de Wall Street y a las cámaras de Londres. Pero el viaje del oro no termina ahí. Para ser aceptado en el mercado internacional, el bullion ya refinado tiene que pasar por la puerta de la LBMA, una asociación londinense que, con sus estándares de pureza y peso, ejerce de guardián y centralizador de la riqueza aurífera mundial, asegurando que el flujo de lingotes hacia el norte siga un camino diseñado en Londres, no en las comunidades que lo extraen. Pero incluso ese pequeño porcentaje que la tabla llama ‘retiene el país’ es un espejismo…

Así que esta tabla, en realidad, es el estado de cuentas de una guerra silenciosa: la guerra por los recursos que Occidente libra desde hace más de un siglo, y que ahora se disfraza de inversión extranjera, de cooperación al desarrollo y de «responsabilidad social corporativa». Pero los números no mienten: el 85% del oro de México y más del 80% del oro de África no alimenta a sus pueblos; alimenta las reservas de los bancos centrales del G8 y los dividendos de sus accionistas. El resto, polvo y contaminación, se queda en casa.

Tabla 2. Minerales estratégicos y tierras raras: el nuevo botín

Tabla 2. Minerales estratégicos y tierras raras: el nuevo botín

Esta tabla no muestra un intercambio comercial. Es una sentencia. Los minerales que aquí se enumeran. Como el cobre, litio, coltán, tierras raras, uranio, bauxita; no son mercancías cualesquiera: son los ladrillos invisibles de la civilización digital y militar de Occidente y China.

Sin ellos, no hay teléfonos inteligentes, ni baterías para coches eléctricos, ni misiles de precisión, ni transición energética, ni satélites. Pero en las naciones donde se extraen, como la RDC, Níger, Guinea; apenas ven un reflejo de esa riqueza. El valor añadido no se queda en el país productor. Si vamos al detalle, la bauxita de Guinea se refina en China; el uranio de Namibia viaja enriquecido a Francia; el litio boliviano se procesa en plantas asiáticas. El beneficio fiscal que reciben estos países es ridículo: en la mayoría de los casos, menos del 10% del valor final del mineral refinado. El 90% restante engrosa las cuentas de multinacionales del G8 y los fondos de inversión que cotizan en Wall Street, la City o Toronto.

No es casualidad que Níger, cuarto productor mundial de uranio, sea uno de los países más pobres del planeta. Ni que la RDC, con más del 60% del coltán mundial, tenga una renta per cápita de 700 dólares. Es la lógica del saqueo: extraer, refinar fuera, y dejar atrás el cráter, el polvo tóxico y la deuda.

Por otra parte, las grandes tecnológicas estadounidenses y europeas como Apple, Tesla, Siemens, dependen del coltán congoleño; mineral extraído en condiciones de semiesclavitud (hechos reconocidos por la OIT, como trabajo forzoso y condiciones inaceptable) en minas artesanales que financian a grupos armados, con una injerencia exterior siempre negable pero siempre presente. Esta segunda tabla, en definitiva, es el termómetro de una fiebre extractiva que nunca revierte en quien suda la enfermedad.

Conclusión: el ¿desarrollo? que nunca llega

Ochenta años han pasado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y África sigue «en desarrollo». Ochenta años de extracción ininterrumpida de oro, uranio, bauxita, coltán y tierras raras. Ochenta años de deuda perpetua, de sucesivos créditos del FMI o re-financiaciones, que se convierten en cadenas de ajustes estructurales, por las que privatizan más recursos. Además de ocho décadas de una fragmentación cuidadosamente alimentada desde fuera para que ningún Estado madure como Estado/Nación, mejor estructurado, y pueda reclamar lo que es suyo.

México tiene el mineral, tiene la mano de obra, tiene el derecho. Lo que le falta es la voluntad política de renegociar las concesiones, de tributar como tributan las mineras en Canadá o Australia, y de exigir que una parte sustancial del valor añadido se quede en el país. No se trata de cerrar las minas, sino de que los mexicanos dejen de ser meros espectadores de su propia riqueza. La historia del expolio no está escrita en piedra; se reescribe cada vez que un pueblo decide que ya es suficiente.

México, con su oro de Peñasquito, no debería ser un eslabón más de esa cadena. El «nuevo Dubái» del que habla el artículo de ‘Diario AS’ y citado al comienzo, es, en realidad, un maltratado “patio trasero”. Un país soberano y bien estructurado donde, pese a todo, las potencias del G8 siguen jugando al mismo juego que en África: extraer la riqueza, externalizar los costes ambientales, y dejar a las poblaciones locales con los cráteres, los acuíferos contaminados y las promesas rotas de un desarrollo que nunca llega. Pero que así haya sucedido durante décadas no significa que tenga que seguir ese camino. Esa es una de las razones del «despertar» de los BRICS.

Porque el modelo extractivo, «rejuvenecido» en 2026, no es casual. Es estructural y sea donde sea, mientras las concesiones mineras y explotación se sigan otorgando a precio de saldo y condiciones miserables, … mientras los lingotes de oro viajen hacia el Norte Global sin que el Sur vea más que migajas, la historia del expolio continuará escribiéndose con el sudor y la tierra de quienes menos tienen (*).


Fuentes — En todas las referencias hemos añadido un breve lead que explica su relevancia para el argumento del artículo:

  • swissinfo.ch – 14/1/2019 – “Minera Newmont compra Goldcorp y nace un gigante mundial del oro”. Racional: Cuando Newmont absorbió a Goldcorp en 2019, no solo nació el mayor productor de oro del mundo; nació también un leviatán con sede en Denver con el poder suficiente para imponer sus condiciones a Estados debilitados, como el mexicano. Negociar con una corporación que cotiza en Nueva York y Toronto, que controla la extracción y pre-proceso del 30% del oro mexicano y 5% de toda la producción mundial anual mundial. Es un gigante que puede reubicar inversiones con un simple chasquido de dedos. Es una corporación y Mexico un Estado y con todo, no es una negociación entre iguales. Es un duelo entre un boxeador y un peso pesado. Y México, con su Ley Minera de 1992 y su fiscalidad de saldo, ha entrado al ring sin guantes.»
  • En15dias.com/mexico – 2025 – “Municipios mineros más productivos de México con mayores índices de pobreza del país”. Este estudio académico publicado en 2025, revela que los municipios mineros más productivos de México registran niveles de pobreza superiores al promedio nacional. El informe analiza 211 demarcaciones productoras de oro, plata y cobre y cuestiona el impacto real del modelo extractivo en el desarrollo local.
  • Mundonegro.es – 18/2/2026 – “El brillo que oscurece África”. Los hallazgos arqueológicos acreditan que desde hace miles de años el ser humano ha sentido predilección por el oro. Hoy eso no ha cambiado. Las minas del continente africano continúan aportando una parte significativa de la producción mundial, pero los impactos de la extracción del mineral son cada vez peores: guerras, desastres medioambientales, inseguridad económica o aumento de la corrupción.
  • ThetTriContinental.org – 13/5/2025 – “El pacto fáustico de África con el Fondo Monetario Internacional”. Décadas de intervenciones del FMI (explicadas) han condenado a África a ciclos de deuda, austeridad y dependencia económica que ahogan el desarrollo real y refuerzan el control neocolonial sobre la soberanía financiera del continente.
  • UNCTAD.org – 2024 – “África, un continente condenado a una espiral de endeudamiento perpetuo” [PDF].
  • IMF.org – julio 2025 – “Nota de antecedentes del G-20 sobre las vulnerabilidades macroeconómicas en África: cuestiones clave y lecciones de política económica”. El informe del FMI admite que África tiene —»elevados niveles de deuda» y es —»particularmente vulnerable», pero su receta: austeridad, deuda perpetua y reformas cosméticas. Políticas que son la coartada perfecta para mantener el expolio.
  • www.left.eu – Octubre 2022 – “África: la trampa de la deuda y cómo salir de ella” [PDF]. —“La deuda en su forma actual es una reconquista inteligentemente organizada de África, para que su crecimiento y desarrollo obedezcan a normas que nos son totalmente ajenas. Nos convierte en esclavos financieros, es decir, en esclavos de quienes han tenido la oportunidad, la astucia, el engaño de depositar  fondos en nuestro país con la obligación de devolverlos”. —Thomas Sankara, Cumbre de la OUA, 1987. Estudio encargado por el Grupo de la Izquierda, en el Parlamento Europeo – La Izquierda. www.left.eu
  • brookings.edu – 1/6/1995 – “¿Acierta The Bell Curve? Un análisis profundo del sombrío retrato de la sociedad estadounidense”. El resurgir en el XXI de las ideas racistas pseudo científicas y siempre puro prejuicio, no es un hecho aislado. Así lo documentan los investigadores del Brookings Institution, en su refutación a The Bell Curve (1995), la pretensión de que el cociente intelectual determina el éxito económico es científicamente insostenible: el CI explica, como mucho, el 10% de las diferencias en ingresos. El 90% restante obedece a factores estructurales —entorno, oportunidades, discriminación— que son, precisamente, los que el expolio colonial y neocolonial ha negado sistemáticamente a África.
    (*)El subdesarrollo, o mejor dicho, la explotación y situación África, no es cuestión de genes, sino de geopolítica. Es por eso que se incluye esta fuente en el análisis. Porque estos no son debates académicos estériles. Son el sustrato ideológico que, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, ha servido para justificar el expolio, el despojo y la dominación. Las mismas teorías que etiquetaban a los africanos como «inferiores» para legitimar el comercio de esclavos son las que, recicladas bajo el ropaje de la genética de poblaciones, vuelven a circular en los círculos de poder del Norte Global para explicar la pobreza ajena como una fatalidad biológica, no como el resultado de siglos de saqueo sistemático.
    No es casualidad que estas ideas resurjan con fuerza justo en le Norte Global, cuando éste pierde pie y significación, y cuando los países productores de materias primas comienzan a cuestionar las reglas del juego. Cuando el grupo de los BRICS+ gana en poder y representa cerca del 55% de la población mundial.
    La teoría del «gen inferior» es el argumento definitivo del expoliador: si la desigualdad es natural, no hay nada que reclamar. Si la pobreza es una cuestión de ADN, el saqueo es simplemente el orden natural de las cosas. Por eso, desmontar esta falacia no es un ejercicio de corrección política; es un acto de descolonización intelectual, además de coherencia desde una mirada Humanista. Porque mientras haya quien crea que el atraso de África se explica por sus genes, nunca se preguntará por qué sus minas de oro, uranio y coltán llenan las arcas de Denver, Londres y París, mientras sus pueblos siguen esperando el desarrollo que nunca llega.
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