lunes 29 de junio de 2026 - Edición Nº2763

Cultura | 29 jun 2026

Complejidad de millones de neuronas.

Si la conciencia es fundamental: un diálogo sobre neurociencia, intencionalidad y lo que significa ser humano

08:50 |Durante más de un siglo, la neurociencia dominante ha dado por sentado, en gran medida, que la conciencia es algo que produce el cerebro. Se ha entendido que nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y sentido del yo surgen de la extraordinaria complejidad de miles de millones de neuronas.


Por: David Andersson. Fuente: Agencia Pressenza.

Durante más de un siglo, la neurociencia dominante ha dado por sentado, en gran medida, que la conciencia es algo que produce el cerebro. Se ha entendido que nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y sentido del yo surgen de la extraordinaria complejidad de miles de millones de neuronas.

Hoy en día, sin embargo, un número cada vez mayor de investigadores está replanteándose esa suposición. Entre ellos se encuentran Christof Koch, uno de los neurocientíficos más destacados del mundo y pionero en el estudio científico de la conciencia, y Nicco Reggente, cuyo trabajo explora nuevos enfoques para comprender la conciencia que van más allá de los modelos materialistas convencionales.

Aunque abordan la cuestión desde perspectivas diferentes, ambos contribuyen a un debate científico más amplio: ¿y si la conciencia no fuera producida por el cerebro? ¿Y si, por el contrario, la conciencia fuera una característica fundamental de la realidad, y el cerebro actuara como el sistema biológico que la organiza, la filtra o la expresa?

Esta idea sigue siendo una hipótesis más que una conclusión científica establecida. Sin embargo, sus implicaciones son profundas. Si la conciencia es fundamental, entonces el debate se extiende mucho más allá de la neurociencia. Nos invita a replantearnos no solo la naturaleza de la conciencia, sino también lo que significa ser humano.

Pregunta: Supongamos que la conciencia no es creada por el cerebro. ¿Qué cambia?

Respuesta: Casi todo.

La pregunta ya no es simplemente ¿Qué es la conciencia?

Se convierte en ¿Qué es un ser humano?

En lugar de vernos a nosotros mismos como organismos biológicos que accidentalmente adquirieron conciencia a través de la evolución, podríamos entendernos como seres conscientes cuyos cuerpos proporcionan una forma exclusivamente humana de experimentar, expresarse y actuar dentro del universo.

El cuerpo ya no es simplemente una máquina.

Se convierte en el medio extraordinario a través del cual la conciencia entra en la historia.

Pregunta: ¿No se parece esto a ideas que se encuentran en la filosofía y la espiritualidad?

Respuesta: En algunos aspectos, sí.

Muchas tradiciones filosóficas y espirituales llevan mucho tiempo proponiendo que la conciencia es más fundamental que la materia.

La ciencia, sin embargo, funciona de manera diferente. Investigadores como Christof Koch y Nicco Reggente no están intentando validar creencias espirituales. Están desarrollando teorías que pueden explorarse mediante la observación, la experimentación y la coherencia lógica.

Sin embargo, algo importante ha cambiado.

Las preguntas que antes se descartaban por no ser científicas ahora se investigan con creciente seriedad. La conversación ya no es de oposición entre ciencia y espiritualidad, sino de diálogo en torno a un misterio compartido.

Pregunta: ¿Dónde encaja la intencionalidad en este panorama?

Respuesta: Aquí es donde el debate se vuelve especialmente interesante.

En fenomenología, la intencionalidad se refiere a la idea de que la conciencia es siempre conciencia de algo: está inherentemente dirigida hacia el mundo, en lugar de existir como un recipiente pasivo de pensamientos.

Partiendo de esta tradición, el pensador y humanista Silo describió la intencionalidad no solo como «tener intenciones», sino como una característica fundamental de la propia conciencia. La conciencia es dinámica, no pasiva; siempre se extiende más allá de sí misma hacia los objetos, las personas, las posibilidades y el futuro.

Si la conciencia es fundamental, entonces la intencionalidad puede entenderse como la capacidad exclusivamente humana de dirigir la experiencia consciente y, a través de la acción, transformarnos a nosotros mismos y al mundo.

Por lo tanto, el sentido no se descubre simplemente. Se hace realidad a través de la acción intencional.

Pregunta: Si la conciencia es fundamental, ¿no debería ser la verdadera pregunta cómo nos relacionamos con ella?

Respuesta: Quizás.

Pregunta: Si la conciencia es fundamental, ¿qué significa eso para el desarrollo humano?

Respuesta: Puede cambiar nuestra forma de pensar al respecto.

Si la conciencia es un aspecto fundamental de la realidad, entonces el desarrollo humano puede implicar algo más que la adquisición de conocimientos o el desarrollo de capacidades cognitivas. También puede implicar el cultivo de la calidad de la propia conciencia.

Desde esta perspectiva, la coherencia, la intencionalidad, la atención y la unidad interior no son meros rasgos psicológicos. Pueden convertirse en dimensiones esenciales del crecimiento humano.

Esto aún no es una conclusión científica. Se trata de una posibilidad filosófica inspirada tanto en la investigación contemporánea sobre la conciencia como en las tradiciones que hacen hincapié en la transformación interior. Pero sugiere que comprender la conciencia puede requerir no solo estudiarla objetivamente, sino también desarrollar las condiciones a través de las cuales se exprese más plenamente.

Pregunta: ¿Reabre esta perspectiva también la cuestión de la trascendencia y la posibilidad de una vida más allá de la muerte?

Respuesta: Hace que la pregunta vuelva a ser legítima, aunque no la responda.

La neurociencia no ha demostrado que la conciencia sobreviva a la muerte física, ni ha demostrado la trascendencia. Pero si la conciencia no es totalmente reducible a la actividad cerebral, entonces la posibilidad de que la conciencia se extienda más allá del cerebro ya no puede descartarse simplemente porque el materialismo la considere imposible.

Esto no constituye una prueba de la trascendencia. Simplemente reabre una cuestión que muchos creían que la ciencia ya había zanjado.

Silo abordó esta cuestión no a través de la neurociencia, sino a través de la experiencia vivida. En una ocasión dijo:

«Nos interesa mucho comprender esas posibilidades: las posibilidades de un sentido de la vida que sea definitivo, no temporal, y que incluso pueda servir para enseñarnos algo cada vez que nos enfrentamos a un revés en la vida».

Fíjate en que habla de comprender posibilidades, no de exigir que se crea en ellas.

Sigue sin saberse si la conciencia trasciende en última instancia la existencia física. Pero si la conciencia es fundamental, la cuestión en sí misma vuelve a quedar abierta desde el punto de vista científico y filosófico.

Pregunta: ¿Podría esta perspectiva cambiar también nuestra forma de entender el autismo?

Respuesta: Podría animarnos a plantearnos preguntas diferentes.

En lugar de considerar el autismo principalmente como un déficit, muchos investigadores lo entienden ahora como una organización diferente de la percepción, la comunicación y la cognición.

Si la conciencia es fundamental, cabría preguntarse además si las mentes autistas representan formas diferentes en las que se organiza y se expresa la experiencia consciente.

Esto no sugiere que las personas autistas posean más o menos conciencia.

Sugiere que la diversidad humana puede reflejar diferentes formas en las que la conciencia se materializa.

Queda por ver si esto resulta fructífero desde el punto de vista científico, pero ilustra cómo un nuevo marco conceptual puede generar nuevas preguntas.

Pregunta: ¿Por qué es importante todo esto?

Respuesta: Porque nuestra comprensión de la conciencia da forma a nuestra comprensión de nosotros mismos.

Si la conciencia es meramente un subproducto accidental de la materia, entonces el significado y el propósito pueden parecer construcciones temporales.

Si la conciencia es fundamental, entonces el significado se convierte en algo en lo que participamos a través de la dirección que damos a nuestras vidas.

El propósito ya no es simplemente algo que inventamos. Se convierte en algo que encarnamos intencionadamente.

Esta perspectiva no resta importancia a la ciencia. Tampoco sustituye a la filosofía ni a la espiritualidad. En cambio, invita a un diálogo más amplio en el que la investigación científica, la experiencia vivida y la aspiración humana puedan enriquecerse mutuamente.

Pregunta: ¿Qué pregunta deberíamos plantearnos ahora?

Respuesta: Quizá ya no sea simplemente ¿Qué es la conciencia?

Quizá sea «¿En qué tipo de seres humanos somos capaces de convertirnos?»

La ciencia seguirá investigando si la conciencia es fundamental, lo que requiere pruebas, un razonamiento minucioso y teorías comprobables. Pero sea cual sea el resultado, una cosa ya ha cambiado: la conciencia ha vuelto al centro de la investigación científica, no solo como un problema de computación neuronal, sino como una de las cuestiones más profundas sobre la propia realidad.

Si esa investigación sigue desarrollándose, puede que la mayor revolución no se produzca simplemente en la neurociencia. Puede que se produzca en nuestra comprensión de las posibilidades humanas.

En esa posibilidad no reside una conclusión, sino una invitación —una que la ciencia está empezando a explorar, que la filosofía lleva mucho tiempo contemplando y que cada uno de nosotros debe, en última instancia, investigar a través de nuestra propia experiencia.

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