miércoles 01 de julio de 2026 - Edición Nº2765

Cultura | 1 jul 2026

UNICEF alerta de una brecha generacional.

Millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para protegerlos

09:37 |Los menores recurren a estas herramientas para hacer tareas, buscar información e incluso pedir consejo sobre sus preocupaciones, mientras las normas de protección avanzan mucho más despacio que la tecnología. UNICEF alerta de una brecha generacional y de riesgos que van desde la desinformación hasta los montajes sexuales.


Por: Noticias ONU

UNICEF/Priyanka Parashar Los jóvenes de Delhi, en la India, utilizan sus teléfonos inteligentes.

Los menores recurren a estas herramientas para hacer tareas, buscar información e incluso pedir consejo sobre sus preocupaciones, mientras las normas de protección avanzan mucho más despacio que la tecnología. UNICEF alerta de una brecha generacional y de riesgos que van desde la desinformación hasta los montajes sexuales.

La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana ni una herramienta reservada a adultos, empresas o expertos. Para millones de niños y adolescentes, se ha convertido en parte de la rutina: sirve para resolver una tarea, buscar información, traducir un texto, retocar una imagen o hasta conversar con un “amigo”.

Pero la velocidad con la que los menores están incorporando estas tecnologías contrasta con la falta de reglas, investigación y acompañamiento para protegerlos. Un nuevo análisis de UNICEF, basado en encuestas en diez países, estima que al menos 20 millones de niños de entre 12 y 17 años ya han utilizado herramientas de inteligencia artificial. Son más de tres veces más propensos a hacerlo que sus padres o cuidadores.

La investigación incluye a Armenia, Brasil, Colombia, República Dominicana, Jordania, México, Montenegro, Macedonia del Norte, Pakistán y Serbia. En conjunto, entre el 18% y el 50% de los menores encuestados había usado inteligencia artificial al menos una vez. La proporción aumenta entre los adolescentes de 15 a 17 años, de los cuales el 44% dijo haberla utilizado, frente al 33% de quienes tienen entre 12 y 14 años. 

La herramienta se ha instalado especialmente en su educación. Seis de cada diez niños que usan inteligencia artificial dijeron recurrir a ella para hacer tareas, una proporción que equivale a unos 13 millones de menores en los diez países analizados. Casi la mitad la emplea para buscar información y cerca de una cuarta parte para traducir. 

Sin embargo, hay un dato que revela una transformación más profunda: uno de cada diez niños usuarios de inteligencia artificial, más de dos millones en total, dijo acudir a ella para pedir consejo sobre asuntos que le preocupan. En algunos países, esa cifra alcanza el 21%.

La inteligencia artificial puede abrir oportunidades para aprender, crear o acceder a información. Pero también puede sustituir el esfuerzo de pensar, reforzar errores o prejuicios, y fomentar una relación de dependencia emocional con chatbots que no son personas.

“Una generación está creciendo dentro de un experimento global”, advirtió UNICEF al presentar los resultados, al señalar que los niños están cada vez más expuestos a sistemas cuyos modelos de negocio, uso de datos y mecanismos de protección no controlan ni pueden cuestionar.

Un grupo de adolescentes malasios, entre ellos una chica con un hiyab rosa, hacen cola junto a una pared de madera, cada uno mirando su teléfono móvil.

UNICEF/Fara Zahri Jóvenes en Malasia utilizando su celular para mantenerse conectados.

Una brecha dentro de casa

La distancia entre niños y adultos es uno de los hallazgos más claros del estudio. Mientras hasta la mitad de los menores encuestados había usado inteligencia artificial, al menos tres de cada cuatro padres o cuidadores nunca lo habían hecho.

Esa brecha generacional puede dejar a muchas familias sin herramientas para comprender cómo los niños usan estas plataformas, reconocer sus riesgos o acompañarlos cuando algo sale mal. Los padres con mayores competencias digitales tienden a utilizar más la inteligencia artificial, y sus hijos también son más propensos a hacerlo. Pero tener habilidades digitales no implica necesariamente identificar mejor los peligros asociados a estas tecnologías. 

UNICEF plantea que la respuesta no debe limitarse a prohibir o restringir. Los controles excesivos pueden reducir las posibilidades de que los niños accedan a nuevas herramientas y desarrollen competencias digitales. La clave, sostiene, está en que familias, escuelas y gobiernos aprendan junto a ellos a usar la inteligencia artificial con pensamiento crítico y límites claros.

Cuatro niños escolares indios de un asentamiento informal en Delhi se reúnen alrededor de un teléfono inteligente, mirando la pantalla con expresiones de curiosidad y asombro.

© UNICEF/Ashutosh Sharma Niños en la Escuela San Columba en Delhi, India, toman fotos con su celular inteligente.

Entre la utilidad y el riesgo

Los menores no son ajenos a las amenazas. Un 34% expresó preocupación por el uso de inteligencia artificial para engañar o estafar a otras personas; un 32% teme que se utilice para difundir información falsa, y un 26% mencionó la creación de imágenes o videos sexuales falsos.

Aun así, la percepción del riesgo es desigual. En varios de los países analizados, alrededor de tres de cada diez niños no manifestó preocupación por ninguno de los peligros consultados. En otros, solo uno de cada diez respondió de esa manera. Para UNICEF, esa diferencia no demuestra necesariamente que unos niños estén más seguros que otros, sino que muchos podrían no reconocer todavía los riesgos a los que están expuestos. 

La preocupación es especialmente seria en torno a los llamados deepfakes: imágenes, videos o audios manipulados mediante inteligencia artificial para parecer reales. La agencia estima que al menos 1,2 millones de niños en once países tuvieron imágenes suyas transformadas en contenido sexual explícito falso durante el último año.

En algunos de esos países, la proporción equivale a uno de cada 25 niños: aproximadamente un alumno en un aula convencional. La práctica incluye la llamada “desnudez digital”, mediante la cual herramientas de inteligencia artificial alteran fotografías existentes para quitar o modificar la ropa de una persona y crear imágenes íntimas falsas. 

Un smartphone que muestra un cerebro digital en su pantalla, colocado encima de una computadora portátil, simbolizando la inteligencia artificial y la tecnología de próxima generación.

© Unsplash/Aidin Geranrekab UNICEF ha declaración alerta máxima ante el rápido aumento de imágenes sexuales de niños generadas por la inteligencia artificial, conocidas como ultrafalsos, (deepfake, en inglés.)

Reglas que llegan tarde

El informe insiste en que la evidencia sobre el impacto de la inteligencia artificial en la infancia sigue siendo escasa y va muy por detrás de su adopción. Todavía se conoce poco sobre sus efectos en el aprendizaje, la capacidad de razonamiento, el desarrollo emocional o la exposición a daños.

UNICEF pide invertir en investigación centrada en los niños, ampliar la alfabetización digital y en inteligencia artificial, cerrar las brechas de conectividad y obligar a las empresas tecnológicas a incorporar las máximas salvaguardas desde el diseño de sus productos.

También reclama reforzar las leyes y la responsabilidad empresarial para impedir la creación y circulación de material de abuso sexual infantil generado con inteligencia artificial, incluidas pruebas de seguridad antes del lanzamiento de modelos y controles eficaces en las plataformas.

La cuestión ya no es si los niños usarán inteligencia artificial, sino en qué condiciones lo harán. 

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