lunes 06 de julio de 2026 - Edición Nº2770

Cultura | 6 jul 2026

Pensando en la Tristeza

La tristeza

08:34 |Llevo varios días pensando en la tristeza. Sospecho que puede ser porque hace tiempo que me esfuerzo en amigarme con ella y en escucharla, para entenderla. Desconfío profundamente del apogeo de discursos del vibrar alto y sonreír.


Por: Alexandra Vega-Rivera. Fuente: Agencia Pressenza

(Imagen de Por Vassil - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5009515)

Llevo varios días pensando en la tristeza. Sospecho que puede ser porque hace tiempo que me esfuerzo en amigarme con ella y en escucharla, para entenderla. Desconfío profundamente del apogeo de discursos del vibrar alto y sonreír.

Me pregunto en dónde, puntualmente, habita. La imagino tranquila, leyendo concentrada hasta que levanta la mirada, cierra el libro y decidida se pone de pie con la firme convicción de tocar algún nervio para hacerse presente, para hacerse notar.

Me intriga saber qué hace, en dónde vive y en dónde se mete cuando no anda convertida en una emoción recurrente en el cuerpo y tan cerca del páncreas. Y en medio de estos días en los que ha reinado la tristeza y las preguntas sobre ella me atosigan, recordé la noticia de la muerte de la artista Marjane Satrapi hace unas semanas y lo que me impactó fue la causa argüida en el comunicado: de tristeza, Satrapi murió de tristeza.

En la tristeza hay verdad, es honesta y no tiene nada de espectacular, en la tristeza no hay lugar para el performance. No se intelectualiza, es honda, es robusta y permite ir siempre más profundo. Choca con las preguntas mejor guardadas, hace visible lo oculto e implica una confrontación con las certezas. La tristeza es un a través, como una tregua o una trenza. La tristeza es un puente que se cruza a pie y con lentitud. La tristeza es paciente y no le interesan los calendarios, espera el tiempo que sea necesario. La tristeza no es pesimismo ni ingratitud, coexiste con la alegría y el asombro, no es sufrimiento ni lo contrario a la felicidad, tampoco es una cuestión moral ni religiosa porque la tristeza hace parte de la condición humana. No es una emoción que se decide, emerge cuando velos caen. La tristeza alumbra y permite apreciar lo que hay, atempera, negarla nos vuelve ciegos y nos paraliza, por eso la tristeza ajusta la percepción del mismo modo que el ojo se ajusta a la luz. La tristeza trae pausa, desacelera, permite que la mirada se pose y entonces hace posible ver los detalles, la tristeza obliga a mirarse a uno mismo, nos confirma nuestra capacidad de sentir.

La tristeza es política y debe salir del ámbito de lo íntimo para contrarrestar el enorme tabú que pesa sobre ella. A la tristeza le han asignado su patologización que es cuando deviene en depresión y está perfecto que así sea. Al mismo tiempo me pregunto si acaso no es, cuanto menos llamativo, que una sociedad cada vez más cruel corrija siempre a la tristeza y nos imponga ser o estar felices, o por lo menos aparentarlo en medio de la tiranía del consumo, de sonrisas diseñadas y blanqueamiento dental.

Satrapi no murió de depresión, esa patología en la que tanto se regocija el capitalismo y de la que tanto necesitan los titulares de prensa en los que entrecomillaron su causa: murió de “tristeza”, apareció en muchos portales. A la depresión jamás le hubieran dado ese trato diferencial porque la tristeza incomoda, es tan simple que descoloca. Morir de tristeza es tan humano como morir de viejo, pero estar triste y ser viejo son dos condiciones que este sistema ha convertido en deleznables. La tristeza es la tierra fértil después del incendio, negarla y obligar al consumo de satisfacciones inmediatas disfrazadas de felicidad, es erosionar las cenizas que dejó el fuego, es volver la tierra yerma.

Alexandra Vega-Rivera
Alexandra Vega Rivera nació en Colombia, es migrante y escritora, antropóloga e investigadora académica y de curiosidades varias. Acompaña procesos de escritura, es columnista y editora. Ha escrito poesía, microrrelatos, etnografías y ensayos. Está radicada en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. 

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