Por: Laura Quiñones. Fuente: Noticias ONU
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Foto de la ONU/ Martine Perret Un trabajador de una cooperativa cafetalera sostiene granos de café verde.
Las sequías, las heladas, las enfermedades de los cultivos y el aumento de los costos están provocando fuertes oscilaciones en los mercados. Sin embargo, cuando los precios suben, los pequeños agricultores no siempre reciben una parte justa de esas ganancias.
Los precios mundiales del café y el cacao alcanzaron niveles excepcionales en los últimos años, mientras que el té también registró fuertes oscilaciones, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El estudio atribuye estos movimientos, sobre todo, a cambios inesperados en la producción y la demanda provocados por sequías, heladas, lluvias excesivas, enfermedades de los cultivos y alteraciones del suministro.
Estos factores explican el 93% de las variaciones mensuales del café, el 89% de las del cacao y prácticamente la totalidad de las del té. La actividad económica mundial y los precios de la energía, en cambio, tienen una influencia mucho menor a corto plazo.
La vulnerabilidad aumenta porque la producción está concentrada en pocos países. Brasil y Viet Nam generan juntos casi la mitad del café mundial, mientras que Côte d’Ivoire y Ghana aportan más de dos tercios del cacao. China es el mayor productor de té y también el principal motor del crecimiento de su consumo.
Por ello, una mala cosecha o una interrupción del suministro en una de estas zonas puede repercutir rápidamente en los mercados internacionales. Cuando, además, las reservas son escasas, incluso una perturbación limitada puede provocar aumentos pronunciados.

© FAO Agricultores de cacao en Costa de Marfil plantan árboles alrededor de sus fincas para mejorar los bosques y aumentar la producción de cacao.
El café ofrece uno de los ejemplos más claros. En febrero de 2025, los precios nominales del arábica y el robusta alcanzaron máximos históricos de 9,05 y 5,81 dólares por kilogramo, respectivamente.
El repunte estuvo vinculado a las malas cosechas y a las condiciones meteorológicas adversas en Brasil, Viet Nam e Indonesia, además de las bajas reservas y los mayores costos del transporte.
El cacao sufrió una oscilación aún más marcada. Su precio alcanzó un máximo histórico de 10,7 dólares por kilogramo en enero de 2025, ante la preocupación por la sequía en Côte d’Ivoire y Ghana. Después comenzó a caer conforme mejoraron las lluvias en África Occidental y aumentaron las expectativas de producción en Ecuador. En diciembre cotizaba a 5,78 dólares por kilogramo, un 44% menos que un año antes.
El mercado del té funciona de manera diferente. A diferencia del café y el cacao, no cuenta con contratos de futuros, en parte porque existen más de 3000 variedades y no hay un producto estándar que sirva como referencia. El comercio internacional se organiza principalmente mediante subastas en centros como Mombasa, Colombo, Calcuta y Cochín.
Al mismo tiempo, su demanda ha cambiado de geografía. El consumo mundial creció un promedio del 3,5% anual durante las últimas tres décadas, impulsado principalmente por países productores como China e India. China concentró en 2024 cerca de la mitad del consumo mundial.

© UNICEF/ Adam Ferguson Una trabajadora sostiene hojas de té en la plantación de té de Nahartoli, en Dibrugarh, Assam, India.
El informe muestra que los aumentos internacionales sí llegan a los productores, pero no de forma completa ni uniforme.
En el café arábica, una subida del 1% del precio mundial provocada por una reducción de la oferta se traduce, en promedio, en un incremento máximo del 0,78% para los agricultores. El efecto aparece con rapidez y puede prolongarse durante 18 meses.
Pero beneficiarse de un aumento puntual no significa quedarse con una parte importante del valor generado hasta la venta final.
La mayor parte del café se exporta como grano verde y adquiere valor posteriormente mediante el tostado, el envasado, la comercialización y la distribución. El valor de esas exportaciones representa menos del 10% de los ingresos del mercado minorista mundial.
En el cacao, los agricultores reciben en promedio el 11% del precio final. Todos los actores de los países productores, desde el cultivo hasta la exportación, concentran menos del 7,5% de las ganancias, mientras que las marcas y los minoristas pueden quedarse con hasta el 90%.

© Belterra/Renato Stockler Un agricultor en el sur de Bahía, Brasil.
Las diferencias entre los países latinoamericanos muestran que no existe un único resultado para los productores.
En Brasil, Colombia, Ecuador, El Salvador y Honduras, las variaciones internacionales se trasladan con rapidez al precio recibido por los caficultores y, en algunos casos, en una proporción cercana o incluso superior al aumento mundial.
En Costa Rica, Guatemala, Perú y República Dominicana, en cambio, la transmisión es más limitada. En Perú y Costa Rica pueden pasar al menos nueve meses antes de que el efecto alcance su punto máximo.
El informe apunta, entre las posibles causas, a las largas cadenas de intermediación, los altos costos de transporte, las deficiencias de infraestructura y el acceso limitado al crédito y a la información de mercado.

Unsplash/Tetiana Bykovets Imagen de una tableta de chocolate
Las variaciones del cacao tampoco llegan de la misma manera a los consumidores.
Cuando una reducción de la oferta eleva su precio mundial, el chocolate comienza a encarecerse en la Unión Europea en menos de tres meses y el efecto puede prolongarse durante 18 meses.
Cuando el cacao se abarata, en cambio, la reducción del precio del chocolate suele ser mucho menor y de corta duración.
La FAO recomienda invertir en cultivos más resistentes al cambio climático, control de plagas y enfermedades, sistemas de alerta temprana, infraestructura rural, seguros y acceso al crédito.
También pide mejorar la información sobre las cosechas y las reservas. Cuando los datos son incompletos o se publican tarde, los mercados pueden anticipar una escasez mayor de la real y amplificar las subidas.
El informe sostiene además que los países productores deben avanzar hacia actividades como el procesamiento, el envasado y la creación de marcas propias, para que una proporción mayor de los ingresos permanezca allí donde se cultivan estos productos.