viernes 31 de julio de 2026 - Edición Nº2795

Internacionales | 31 jul 2026

Geopolítica en la Guerra Fría.

Macartismo

09:34 |La Segunda Guerra Mundial concluyó con la gran victoria de la URSS sobre la Alemania nazi, no obstante, esto no se tradujo en un periodo de paz y buenas relaciones entre los aliados (EE. UU., Gran Bretaña y la URSS) que supuestamente luchaban por una causa común.


Por: Javier Belda. Fuente: Agencia Pressenza

(Imagen de Charles Chaplin - Wikimedia Commons)

Diccionario Geopolítico Esencial.

El macartismo se produjo en época de la Guerra Fría.

La Segunda Guerra Mundial concluyó con la gran victoria de la URSS sobre la Alemania nazi, no obstante, esto no se tradujo en un periodo de paz y buenas relaciones entre los aliados (EE. UU., Gran Bretaña y la URSS) que supuestamente luchaban por una causa común. Supuestamente, ya que la interpretación histórica cuenta hoy con suficientes datos sobre el rol ambiguo de occidente respecto al nazismo entre los años 1941 y 1945.

Concluida la guerra mundial comenzó la Guerra Fría. Tanto la URSS como China estaban exhaustas por los intentos de invasión de Alemania y Japón respectivamente, con bajas que se contaban por decenas de millones de muertes. Pero en la práctica, ambas naciones debían recomponerse urgentemente y trabajar contra reloj en el nuevo escenario geopolítico.

El fin de la Segunda Guerra Mundial no trajo la paz, al menos en lo referente a la confrontación de Estados Unidos contra el comunismo. Tras la experimentación nuclear en Hiroshima y Nagasaki, el plan de EE.UU. no era otro que alcanzar un mundo homogéneo por la vía del lanzamiento de bombas nucleares.

El comunismo se extendía por el planeta, lo cual era visto con horror por el imperialismo. Tres hechos históricos ejemplifican el “pánico rojo”:

  1. en 1949 se fundó la República Popular China con la victoria de Mao Tse Tung,
  2. la URSS pudo hacerse con la bomba nuclear contra todo pronóstico,
  3. y entre 1950 y 1953 se arrasó Corea bajo bandera de la ONU para frenar la expansión comunista en la península coreana.

Winston Churchill ideaba una guerra nuclear preventiva contra la Unión Soviética incluso antes de que Moscú creara sus propias bombas atómicas, según un memorándum escrito por el entonces redactor en jefe de The New York Times, Julius Ochs Adler.

Los planes de Churchill de llevar a cabo bombardeos nucleares no se limitaban a la Unión Soviética, sino que también consideraba atacar a China. En particular, pensaba atacar bases militares y concentraciones de las tropas chinas al norte del río Yalu.

En este contexto, el espionaje se convirtió en un factor clave en el escenario mundial. El logro de la bomba atómica rusa en tiempo récord fue un resultado de la implicación de unos pocos científicos occidentales –con principios– que encontraron en el espionaje su leitmotiv. El problema, por lo tanto, no era la cantidad de espías, sino los principios capaces de movilizar a las mentes insumisas con el establishment.

El 5 de Abril de 1951 los militantes comunistas Ethel y Alfred Rosenberg fueron condenados a muerte por las autoridades estadounidenses acusados de espionaje a favor de la URSS.

El Partido Comunista Estadounidense alcanzó su mayor popularidad justo antes de la Segunda Guerra Mundial, con unos cien mil miembros, una cifra modesta a escala nacional, aunque influyente en los ámbitos intelectuales.

El senador Joseph McCarthy, el 9 de febrero de 1950 aseveró: «Tengo aquí en mi mano una lista de 205 funcionarios que son reconocidos por el secretario de Estado como miembros del Partido Comunista y que, sin embargo, aún están trabajando y moldeando la política del Departamento de Estado».

Esta declaración dio el impulso a un fenómeno conocido como “caza de brujas” del macartismo, que consistió en acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. McCarthy acusó a una serie de instituciones y personalidades públicas de ser simpatizantes comunistas, no obstante, sus acusaciones eran falsas en su mayor parte.

Aunque ser comunista no era ilegal, McCarthy jugó la carta del miedo colectivo creciente y acusó a comunistas y simpatizantes de intentar derrocar o socavar el gobierno desde dentro. McCarthy inició en el Senado audiencias para procesar a cientos de estadounidenses “por vender o transferir secretos de seguridad estadounidense a gobiernos comunistas”.

El Comité de Actividades Antiestadounidenses desde finales de los años 30 venía persiguiendo a académicos, a escritores y a estrellas de Hollywood por sus supuestas simpatías con las ideas comunistas, además de homosexuales y minorías raciales.

La masificación de la televisión le permitió al político difundir su mensaje su histeria obsesiva respecto al comunismo, creando un clima de limpieza y terror. El FBI buscó cualquier indicio comunista en las instituciones, en las universidades y en el cine. Los expedientes que hizo el FBI alcanzaron tanto a Albert Einstein como a Charles Chaplin.

El macartismo fue una purga que destruyó a la izquierda estadounidense y golpeó a las organizaciones vinculadas a los sindicatos y asociaciones que promovían los derechos civiles y contra la discriminación racial.

Al observar las campañas bélicas promovidas por occidente, las cuales persisten hasta hoy en día contra los mismos territorios, se hace inevitable concluir que el relato histórico pone el foco en un determinado político, como McCarthy, para presentarlo como un fenómeno puntual y aislado de la geopolítica global.

En 2026, el secretario de Estado de EE.UU. Marco Rubio ha convocado a representantes de más de 60 países a participar en Washington de la “Cumbre Ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político” para combatir el “terrorismo político de extrema izquierda como amenaza transnacional”.

En el artículo de Héctor Bernardo Marco Rubio y el regreso del macartismo se expone el fenómeno de vuelta en la Casa Blanca. “El documento publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y denominado ‘Cuba: capital del comunismo del Siglo XXI’, no solo busca construir la narrativa que justifique la intervención militar en la isla caribeña, del texto se desprende una clara amenaza contra los propios ciudadanos estadounidenses: contra sus libertades democráticas, su derecho a organizarse y a protestar, contra las organizaciones defensoras de derechos humanos, contra los movimientos universitarios de ese país”. 

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias