Por: Martina Delgado. Fuente: Tiempo Argentino.
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La historia es conocida: hace muchos años, una reina joven y bondadosa deseó tener una hija “tan blanca como la nieve, con labios tan rojos como la sangre y el pelo tan negro como el ébano”. Así nació la princesa Blancanieves. Pero la felicidad no duró mucho. Al poco tiempo, la reina murió y el rey volvió a casarse con una mujer hermosa, pero esclava de su vanidad, que pasaba los días consultando a un espejo encantado.
Esa es, sin embargo, la versión que Disney popularizó a partir de 1937. En los relatos anteriores, la antagonista no siempre era una madrastra: en varias versiones del cuento, la propia madre de la princesa, consumida por los celos y la vanidad, manda a matar a su hija. ¿Qué llevó al sentido común occidental a volver impensable la figura de una madre malvada?

Sobre esa pregunta gira Blancanieves: madres e hijas ante el espejo (La vida simbólica), el nuevo libro de la escritora y psicóloga argentina Ada Cerioni, ya disponible en Amazon. A medio camino entre el ensayo, la poesía y la ficción, la autora propone una relectura feminista del cuento que recupera y pone en diálogo sus distintas versiones, incluida aquella en la que la madre de Blancanieves es la responsable de su muerte.
No es casual que el libro abra con un narrador aturdido frente a esa posibilidad: “Siempre me he preguntado… cuando el cazador la lleva al bosque, Blancanieves va sin miedo. Es un guardián del castillo. Confía. Camina a su lado, mira las flores, sigue a las mariposas. Sólo lejos del castillo, el cazador dice la verdad. En ese instante comprende: fue allí para morir. ¿Qué sintió en ese momento? ¿Cómo vivir con una verdad así?”.
La pregunta desplaza el centro del relato. El horror no está únicamente en el intento de asesinato. Es más difícil sobrevivir a la madre que a las manos del cazador. Más adelante, escribe Cerioni: “Desorientada. En la espesura del bosque, corre sin saber hacia dónde. El latido de la tierra la asusta. Hay vida ahí”. Con un estilo sobrio y poético, el libro muestra cómo la huida de Blancanieves hacia la casa de los enanitos deja entonces de ser apenas un refugio frente al peligro para convertirse en un intento de desaparecer, de hacerse pequeña, de no molestar a la madre. ¿Cuántas historias conocemos así?

Si algo deja claro Blancanieves: madres e hijas ante el espejo es que el relato original no se trata de un cuento de hadas inocente e infantil, sino de una narración que condensa algunos de los conflictos más profundos de la experiencia femenina: la maternidad, el deseo, la rivalidad, los mandatos de belleza, la culpa y la transmisión entre generaciones.
¿Por qué nos resulta más aceptable imaginar una madrastra malvada que una madre destructiva? La versión que Disney convirtió en canónica también fijó un reparto de papeles: la madre es buena, la princesa, joven y pura; la maldad queda desplazada hacia la madrastra, consumida por la envidia. Escribe la autora: “Los cuentos de los hermanos Grimm no llegaron intactos a nosotros. Fueron elegidos, corregidos, reorganizados. Cada edición modificó escenas, palabras y sentidos. También aquello que una cultura necesitaba transmitir. Los cuentos nos educan”.
El espejo de Blancanieves está obligado a decir la verdad: “Usted, majestad, es la más hermosa”. Pero es un espejo que esconde, o más bien, deja dicho entre líneas, todo lo que Cerioni recupera en este libro. “Las zonas oscuras del relato comenzaron a abrir preguntas. Sobre muchas mujeres. También sobre mí. Pienso en esas imágenes que recibimos tan temprano en la infancia y en cuánto tiempo puede llevarnos, si es que alguna vez lo hacemos, regresar al relato para leerlo de otro modo”, escribe la autora.

Ana Cerioni
Cerioni formula también algunas de las preguntas que guiaron el libro: “¿Qué hereda una hija? ¿Qué confunde tanto a Blancanieves? ¿Por qué guarda silencio? ¿Qué ocurre cuando una mujer sólo puede existir reemplazando a otra? ¿Por qué el cuento necesita una muerta? ¿Qué ocurre con una mujer cuando envejece en una cultura organizada por el espejo? ¿Para qué sirven estos rituales? ¿Qué sucede hoy con el espejo?”
Por eso, hacia el final, el libro recupera testimonios actuales. Una mujer de 50 años, aterrorizada ante la posibilidad de promocionar su marca con su propia imagen en redes sociales, se pregunta: “Cuando me vean negra y con arrugas, ¿qué va a pasar?”. Otra mujer posterga indefinidamente un encuentro con un hombre que conoció en una aplicación porque teme que, al verla en persona, la rechace. Una hija de 35 años cuenta que su madre mantiene en Instagram una foto de cuando tenía 40 años. “Tengo miedo a ser como mi mamá fue conmigo con mis hijos”, dice otra mujer.
El espejo ya no responde quién es la más bella. La pregunta que queda, después de volver sobre el cuento, es otra: qué historias fueron borradas para que esa respuesta pareciera natural. En esas zonas incómodas, entre madres e hijas, es donde Cerioni encuentra la potencia de Blancanieves.