Por: Iñaki Chaves. Fuente: Agencia Pressenza
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Desde el corazón y por la vida: LEE MÁS y ODIA MENOS (Imagen de Iñaki Chaves)
A partir del 7 de agosto de 2026 puede que se inicien destripamientos sociales, culturales y humanos
En Colombia, tras la toma de posesión del nuevo presidente de la República, al menos doce millones de personas y las diversas culturas que enriquecen el país serán posibles candidatas al destripe por ser quienes son y lo que son.
“Los grupos humanos y los territorios conocidos hoy como Colombia no han alcanzado su estado actual por vías fáciles; han sido sacudidos por antagonismos y malentendidos sociales, culturales, políticos y regionales. Pero la historia es mucho más que vidas perdidas y oportunidades desaprovechadas” (Bushnell, D.: Colombia, una nación a pesar de sí misma, 2019, p. 17)
Rojos, maricas, afros, indígenas y demás ´chusma social` engrosarán las arcas de las personas amenazadas por ser. Triste. También periodistas, políticas, sindicalistas, docentes, ambientalistas y demás intelectuales que se salgan de lo que marca la norma y la tradición —blanco, macho, facho y judeocristiano— podrían ser eliminadas. Triste. Además, podrán ser destripadas la cultura, las artes, los saberes y aquella parte de la sociedad que no cumpla con ´sus valores`. Más triste.
No creo que la totalidad de los casi trece millones de electores que apoyaron al que será máximo dirigente del país por los próximos cuatro años sean conscientes de lo que ha supuesto su voto. Algunas de esas personas tal vez votaron sin tomarlo en serio, otras porque hacía el saludo militar y se ponía la camiseta del equipo nacional y otras más porque hacerlo era votar contra Petro. Pero ni estas, ni esas, ni aquellas se detuvieron a pensar que votándolo estaban poniendo en riesgo el país y a prácticamente la mitad de su ciudadanía.
Colombia y las y los colombianos volveremos a los tiempos más lúgubres de la historia patria. Se prevén tormentas en forma de amenazas a quienes piensen distinto, a quienes se manifiesten o a quienes no quieran comulgar con ruedas de molino. Volverán el ESMAD y las “patrullas ciudadanas” y se instalará el llamado Escudo de las Américas (un eufemismo para retomar la nefasta Escuela de las Américas). Está claro que todas y todos hemos de morir, pero todos y todas esperamos hacerlo de una manera tranquila y digna. Nadie quiere desaparecer violentamente.
Quienes el 21 de junio votaron por la vida estarán en el punto de mira de la muerte. Quienes hayan defendido la diversidad cultural y la otredad social serán parte de ese mismo objetivo. Tal vez habría que bajarle al peleo, dejar de hablar de política y dedicarse a escribir sobre cine, literatura o música. Pero es que las bellas artes también estarán en riesgo porque en ellas hay política: Godard, Varda, Gavras o Chaplin filmaban política; Saramago, Weill, Martí o Lorca narraban política, y Sosa, Silvio, Parra o Jara componían política. Es que la vida es política.
Pensar en la situación que se viene da susto y da tristeza. Pese a ello, tocará seguir luchando por defender la vida, porque si el miedo y las amenazas hubieran sido un freno, la humanidad no habría llegado hasta aquí –a pesar de que no se pueda decir que estemos arribando a buen puerto, en lo bueno y en lo menos bueno—. Creo que seguir diciendo lo que se piensa, defendiendo las culturas y la ética y buscando construir una sociedad educada y tolerante, respetuosa y no violenta, es luchar por esos ideales que deberían ser los de todo el mundo: paz, libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y justicia social.
La infancia tiene derecho a crecer, la juventud a creer, la madurez a vivir sin miedo y las personas adultas mayores a envejecer en paz. Todas y todos tenemos derecho a caminar sin temor, a llegar a donde queramos ir sin temer morir en el intento.
¿Le tienes miedo a la muerte?, preguntaba el pirata. No, hay que tenerle miedo a no poder vivir dignamente, a que te persigan por tus ideales, a que te señalen por tu manera de existir o a que te asesinen por ser diferente.
Defensoras de la vida digna y la humanidad, uníos. Firmes por la paz.
No nos olvidemos de Gaza, del Líbano, de Cuba, del Sahara, de Venezuela… y de Colombia.