domingo 09 de agosto de 2026 - Edición Nº2804

Internacionales | 9 ago 2026

NEOMACARTISMO EN EE UU

Según Marco Rubio: Cuba, la amenaza comunista

11:43 |A través de un informe del Departamento de Estado impulsado por Marco Rubio, la administración estadounidense acusa sin pruebas a La Habana de manipular la política interna de Washington para justificar la represión interna y preparar un nuevo escenario de agresión contra la isla.


Por: Pablo Pozzi

A través de un informe del Departamento de Estado impulsado por Marco Rubio, la administración estadounidense acusa sin pruebas a La Habana de manipular la política interna de Washington para justificar la represión interna y preparar un nuevo escenario de agresión contra la isla.

Una vez al año el gobierno norteamericano publica sus “análisis” (entre comillas porque en realidad contienen más afirmaciones que un estudio racional) en torno a política internacional. Estos proveen una pista en torno a los énfasis y las acciones que piensan llevar adelante. Así como los diversos informes sobre Irán repetían el mantra de que Irán era responsable por el terrorismo mundial, y que (inexistente) programa de desarrollo nuclear representaba un problema de supervivencia para los ciudadanos de Fresno, California, ahora el énfasis es en Cuba. ¿Es esto un prolegómeno necesario a una próxima invasión? Indudablemente, pero también contiene aspectos más complejos. Veamos, primero, los detalles.

A fines de julio de 2026 el Departamento de Estado norteamericano publicó su más reciente informe sobre Cuba, titulado: «Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI». Si bien el informe no aclara quién es el autor, responde a las perspectivas del Secretario de Estado, Marco Rubio.

Allí se revela que «durante casi siete décadas, el régimen cubano ha librado una campaña sostenida de subversión contra los Estados Unidos. Se trata de una campaña que se ha infiltrado en los niveles más altos del Gobierno de los Estados Unidos, reclutando y formando a generaciones de activistas estadounidenses, respaldando una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense, y llevado a una de las penetraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia estadounidense».

Sin presentar una sola prueba, el informe declara que La Habana es «responsable por los motines luego de la muerte de George Floyd, del auge del movimiento antifa, y de las movilizaciones en las universidades» por el genocidio en Gaza a las que tilda de terrorismo estudiantil. A eso se agrega todo tipo de grupo que haya esbozado alguna crítica a las políticas norteamericanas: desde Black Lives Matter y la Fundación Interreligiosa de Organización Comunitaria (IFCO/Pastors for Peace), pasando por Zohran Mamdani (influenciado por los cubanos), el multimillonario basado en Shanghai, Neville Roy Singham; hasta el espía y diplomático cubano Manuel Rocha (a cargo de la embajada en Buenos Aires en 1999).

A pesar del infundio sobre Mamdani, el informe admite que «si bien los DSA (Democratic Socialists of America) no son una criatura de la inteligencia cubana», sí están dentro de «la órbita cubana».

Todo para concluir: «Hoy en día, los agentes y operativos cubanos mantienen una presencia en cientos de grupos de fachada, organizaciones de activistas, centros de solidaridad y redes ideológicas de ONG y organizaciones sin fines de lucro. Estos grupos en conjunto representan uno de los vectores de influencia extranjera hostil más grandes, sofisticados y peligrosos en la historia moderna de Estados Unidos».

Que Cuba está detrás de «muchos de los disturbios más significativos en la reciente historia política estadounidense» y que sus líderes representan «una amenaza única para la seguridad interna de Estados Unidos» debe haber sido una revelación sorprendente para quienes viven bajo el bloqueo petrolero estadounidense. Ni hablar que los muchachos de BLM se deben haber imaginado la cantidad de afroamericanos muertos por gatillo fácil. O la ciudadanía reprimida por ICE, los «camisas pardas» de Trump.

Ahora, ¿qué está pasando? Una parte de la cuestión es que como a Trump le está yendo mal, tanto electoralmente como en las guerras de Irán y de Ucrania, él y sus asesores imaginan a Cuba como una victoria fácil y rápida. Agreguemos a eso que la caída de la revolución cubana sería una advertencia para todos esos díscolos latinoamericanos que se movilizan en contra de las políticas neoliberales. Pero también, es una forma de imponer una versión siglo XXI del macartismo. Todo aquel que proteste o critique las políticas oficiales es pasible de ser acusado de «agente cubano». Recuerda al momento en que el senador Joseph McCarthy, allá por 1950, insistió que «habíamos perdido a China (sic)», por la actividad de 205 espías comunistas enquistados en Departamento de Estado. Obvio que Mao y el Ejército Rojo no eran ni mencionados. El macartismo (en 1950 y hoy también)  justifica la represión interna, avala la cárcel y desaparición de opositores, y sobre todo instala el miedo en la población para tratar de tornarla dócil y desconfiada de sus vecinos. Aun así que Cuba sea «la capital del comunismo del siglo XXI» debe haber sido una sorpresa para el PC chino, los coreanos del norte, los vietnamitas, y unos cuantos otros.

Obvio que Cuba no es ni la capital de nada, ni tampoco la Unión Soviética ni Mao Tse Tung, pero eso son detalles, diría mi abuelo, basta que me crean.

Más Noticias