Por: Noticias ONU
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Viktoriia Andriievska-Un niño pequeño se encuentra en un parque infantil y observa un edificio de apartamentos gravemente dañado en un ataque en Kyiv, Ucrania.
Mientras las perspectivas diplomáticas siguen estancadas, la guerra en el país europeo cambia de rostro sin perder intensidad. Los enjambres de drones y las ofensivas contra las infraestructuras energéticas y marítimas amplían el campo de batalla mucho más allá del frente, mientras las víctimas civiles alcanzan su nivel más alto desde los primeros meses de la invasión rusa.
Cuatro años y medio después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, el 24 de febrero de 2022, la línea del frente apenas se mueve, pero la guerra no deja de extenderse. En el aire, en el mar Negro y hasta en las profundidades de los territorios ruso y ucraniano, se multiplican los ataques de largo alcance, justo cuando los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto parecen haber perdido impulso.
El panorama es especialmente sombrío este lunes 24 de agosto, cuando Ucrania celebra el 35º aniversario de su independencia. Ante el Consejo de Seguridad, reunido a petición de sus cinco miembros europeos, la subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos, Rosemary DiCarlo, describió una nueva intensificación de los ataques rusos contra civiles e infraestructuras ucranianas. Julio fue el mes más mortífero para los civiles en Ucrania desde mayo de 2022. Al menos 17 niños murieron y 166 resultaron heridos, el balance mensual más elevado de víctimas infantiles desde abril de 2022.
Agosto no ha dado ningún respiro. En la noche del 19 al 20, un ataque ruso a gran escala con misiles balísticos y drones dejó al menos 17 muertos y más de 40 heridos, según las autoridades ucranianas. El 21 de agosto, un ataque contra un centro comercial de Kryvyi Rih causó 16 muertos y al menos 140 heridos, entre ellos 23 niños, según la información recogida por la ONU. Un segundo ataque alcanzó el lugar cuando los servicios de emergencia ya estaban interviniendo.
Desde febrero de 2022, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha verificado la muerte de al menos 16.874 civiles en Ucrania, entre ellos 820 niños, y más de 51.000 heridos. El balance real probablemente sea considerablemente superior.
Pero detrás de estas cifras se observa, sobre todo, una transformación del conflicto. A su regreso de Ucrania, el responsable de las operaciones humanitarias de la ONU, Tom Fletcher, describió Jersón, en el sur del país, como un “paisaje distópico de zonas de exterminio y drones kamikaze”, donde las carreteras y los edificios están ahora cubiertos de redes para protegerse de esos dispositivos.
Los ataques con drones guiados en modo FPV (“first person view”, o pilotaje en primera persona) han aumentado un 60% este año. En un hospital visitado por Fletcher, el 70% de los pacientes civiles recibían tratamiento por heridas causadas por explosiones, principalmente provocadas por estos aparatos. Al mismo tiempo, se están acondicionando escuelas y centros médicos bajo tierra para que puedan seguir funcionando.
“La tecnología que nos permite ver y seguir a las personas con una precisión cada vez mayor debería utilizarse para proteger a los civiles, y no para hacerles daño con una precisión cada vez mayor”, resumió.
Esta guerra tecnológica se extiende ya mucho más allá del frente ucraniano. DiCarlo también informó de un aumento de las víctimas civiles en Rusia: según las autoridades rusas, 329 civiles murieron y 2197 resultaron heridos entre enero y julio, un 119% más que durante el mismo periodo de 2025. La ONU, que no puede verificar de forma independiente todas estas cifras, condenó los ataques contra civiles “dondequiera que se produzcan”.
La escalada también afecta a los trabajadores humanitarios. 10 murieron y cerca de 40 resultaron heridos en Ucrania entre enero y julio, según Fletcher. Al menos 20 almacenes fueron destruidos, mientras convoyes de la ONU y vehículos de evacuación fueron alcanzados. En Jersón, algunos trabajadores humanitarios se desplazan ahora con detectores de drones, cuyas alarmas pueden sonar entre 20 y 30 veces al día.
La confrontación alcanza finalmente las principales arterias comerciales. Los ataques rusos contra los puertos, las instalaciones de cereales y los buques ucranianos han reducido drásticamente el tráfico marítimo, mientras que los ataques ucranianos también han causado daños a buques, puertos e instalaciones de cereales rusos. Para Ucrania, cuya agricultura representa alrededor del 60% de sus exportaciones, lo que está en juego es vital.
Pero el impacto va mucho más allá del país. Una interrupción prolongada de las exportaciones marítimas podría encarecer los precios de los alimentos en los países importadores más vulnerables, advirtió DiCarlo. Los precios mundiales de los cereales ya aumentaron un 3,4% en julio, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
De cara al invierno, esta expansión geográfica y tecnológica de la guerra preocupa aún más porque las infraestructuras energéticas siguen siendo un objetivo. Fletcher advirtió de que la continuidad de estos ataques podría provocar una crisis humanitaria “mucho peor”. La ONU acaba de lanzar un plan de invierno de 358 millones de dólares destinado a proporcionar calefacción, refugio y atención médica a dos millones de personas.
Cuatro años y medio después del inicio de la invasión, la creciente sofisticación de las armas no ha acercado a ninguno de los dos bandos a la paz. “La tecnología está avanzando más rápido que la rendición de cuentas”, resumió Fletcher. DiCarlo pidió, por su parte, movilizar “todos los esfuerzos diplomáticos disponibles” para lograr un alto el fuego “total, inmediato e incondicional”. De lo contrario, millones de ucranianos podrían enfrentarse a “otro invierno oscuro, frío y mortal”.