sábado 29 de agosto de 2026 - Edición Nº2824

Medio Ambiente | 29 ago 2026

Consecuencias del Deshielo en el Himalaya.

Mientras el Himalaya se derrite, las inundaciones mortales se convierten en la nueva normalidad

18:42 |El deshielo está transformando el Himalaya, pero el peligro no procede únicamente de las montañas. Cada vez más personas, carreteras, hoteles y centrales hidroeléctricas se concentran en los valles por donde pueden descender súbitamente agua, hielo y escombros.


Por: Noticias ONU

ARCHIVO: La catástrofe ilustra de manera brutal un problema sobre el que los científicos del clima llevan años advirtiendo. La estructura helada del Himalaya está cambiando, exponiendo a millones de personas a peligros cada vez más difíciles de predecir y, en algunos casos, más destructivos.

El deshielo está transformando el Himalaya, pero el peligro no procede únicamente de las montañas. Cada vez más personas, carreteras, hoteles y centrales hidroeléctricas se concentran en los valles por donde pueden descender súbitamente agua, hielo y escombros.

Un día antes de que una avalancha de hielo, rocas y agua lodosa arrasara los valles del Himalaya a lo largo de la frontera entre Nepal y China, Dipesh Chapagain conversaba con un colega sobre lo devastador que podría resultar un desastre de esa magnitud.

Para este investigador climático de 40 años, que creció en las colinas del este de Nepal y ahora estudia los peligros de las zonas montañosas en la Universidad de las Naciones Unidas, en Bonn, Alemania, el tema era tanto profesional como profundamente personal.

A lo largo de su propia vida ha visto cómo han cambiado los riesgos que enfrenta la región.

“Cuando era niño, no era así”, recordó. “Tampoco cuando mis padres eran niños o mis abuelos. Ese no era el principal desafío al que se enfrentaban”.

Un glaciar cede, una montaña se derrumba

Entonces, el miércoles por la mañana, a las 8:37, una ladera situada en lo alto del Himalaya se desplomó.

El derrumbe fue tal que los instrumentos sísmicos lo registraron como un evento de magnitud 5,2, confundiéndolo inicialmente con un terremoto. El lecho rocoso situado debajo de un glaciar cedió y arrastró una enorme masa de hielo y roca unos 1200 metros hacia el fondo del valle.

Agua, sedimentos y enormes rocas se precipitaron hacia los ríos, arrasando pueblos y localidades situados a lo largo de una de las rutas comerciales más importantes entre Nepal y China. En una de las estaciones de monitoreo, el nivel del agua aumentó hasta nueve metros en apenas media hora.

Para el viernes, se habían reportado más de 500 muertos en Nepal y el Tíbet y más de 1500 personas continuaban desaparecidas, entre ellas cientos de ciudadanos extranjeros.

La familia más cercana de Chapagain resultó ilesa. Aun así, recibir las noticias lo afectó profundamente.

“Siempre es difícil recibir estos mensajes devastadores de mi país”, afirmó. “Está ocurriendo con mayor frecuencia y con mayor intensidad”.

La catástrofe ilustra de manera brutal un problema sobre el que los científicos del clima llevan años advirtiendo. La estructura helada del Himalaya está cambiando, exponiendo a millones de personas a peligros cada vez más difíciles de predecir y, en algunos casos, más destructivos.

Cómo el derrumbe de una montaña se convirtió en una inundación mortal

Los expertos todavía intentan reconstruir la secuencia de acontecimientos que condujo al desastre del miércoles. El análisis de imágenes satelitales sugiere que el lecho rocoso situado debajo de un glaciar cedió, provocando que una enorme masa de hielo y roca cayera sobre el Lhende Khola, un afluente del río Bhotekoshi, y desencadenara la destructiva sucesión de acontecimientos que siguió.

El mecanismo fue diferente al de las inundaciones provocadas por el desbordamiento repentino de lagos glaciares que Chapagain y sus colegas estudian en toda la región del Hindu Kush-Himalaya mediante el programa de investigación Global Mountain Safeguard (GLOMOS), perteneciente al Instituto de Medio Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de las Naciones Unidas.

Una investigación reciente del programa analizó 493 inundaciones de este tipo, desde los primeros registros disponibles hasta 2024. Los resultados muestran que estos fenómenos se han vuelto aproximadamente cinco veces más frecuentes desde 1950, pasando de un promedio de alrededor de siete por década a 34.

Estas inundaciones suelen producirse cuando el agua procedente del deshielo se acumula en lagos alrededor de glaciares en retroceso, muchas veces contenida por barreras inestables de hielo, roca suelta o sedimentos. Cuando esas presas naturales ceden, enormes volúmenes de agua pueden liberarse prácticamente de forma instantánea.

Sin embargo, el desastre del miércoles parece haber seguido una secuencia diferente.

“Esta vez se saltó el paso intermedio”, explicó Chapagain.

En lugar de producirse el desbordamiento de un lago glaciar, una masa de roca y hielo se desprendió de la montaña y generó un torrente en las zonas inferiores. Los investigadores estudian ahora si los escombros bloquearon temporalmente el río antes de que esa barrera cediera, aunque Chapagain advirtió que esa secuencia todavía no ha sido confirmada.

Para los científicos, la diferencia es importante. Pero, río abajo, el resultado puede parecer aterradoramente similar: un enorme volumen de agua, hielo y escombros liberado casi sin previo aviso hacia valles estrechos y habitados.

No está claro si el cambio climático provocó el derrumbe del miércoles. Sin embargo, el calentamiento global está transformando rápidamente los entornos de gran altitud en los que ocurren estos desastres. A medida que los glaciares se derriten y el permafrost se descongela, las rocas que antes estaban sostenidas o unidas por el hielo pueden volverse inestables, mientras que el aumento del agua de deshielo puede debilitar aún más las laderas.

Las consecuencias van mucho más allá de las comunidades de montaña. El Hindu Kush-Himalaya alimenta diez grandes cuencas fluviales de las que dependen unos 2100 millones de personas para obtener agua, alimentos, energía y medios de vida.

Cada vez más personas se instalan en zonas de riesgo

Pero las montañas no son lo único que está cambiando. También está transformándose la geografía de la vida humana debajo de ellas.

Cuando Chapagain era niño, explicó, las familias de muchas zonas montañosas de Nepal construían tradicionalmente sus viviendas en las partes más elevadas de las laderas, mientras cultivaban arroz y otros productos en terrenos más planos próximos a los ríos. El huerto de su propia familia se encontraba en lo alto de una montaña; los arrozales estaban abajo, cerca del río.

Con el tiempo, carreteras, negocios, hoteles y proyectos hidroeléctricos se han concentrado cada vez más en los valles fluviales, donde construir resulta más sencillo y existen mayores oportunidades económicas. Las fuentes de agua de algunos asentamientos situados en zonas elevadas también se han ido secando, señaló Chapagain, empujando a sus habitantes a trasladarse hacia terrenos más bajos.

Esto ha creado una peligrosa convergencia: mientras el calentamiento transforma las montañas, cada vez más personas e infraestructuras se concentran en los corredores por los que descienden el agua y los escombros.

El valle devastado por la inundación del miércoles refleja esa colisión. El corredor Bhote Koshi-Trishuli alberga una importante ruta comercial hacia Katmandú y está rodeado de centrales hidroeléctricas, puentes, carreteras, hoteles y asentamientos. Las inundaciones dañaron instalaciones eléctricas e interrumpieron las conexiones de transporte y comunicaciones en toda la región.

El peligro ya había dado señales de advertencia. El año pasado, el desbordamiento repentino de un lago glaciar afectó al mismo sistema fluvial, causando nueve muertos y dejando 24 desaparecidos.

Cuando cada minuto cuenta

Para Chapagain, la catástrofe del miércoles también dejó al descubierto una debilidad fundamental: el escaso tiempo de advertencia que pueden tener las comunidades antes de que un desastre originado en lo alto de las montañas las alcance.

Según explicó, las autoridades nepalesas se enteraron de la inundación cuando esta ya se aproximaba a la frontera. Las alertas fueron transmitidas posteriormente río abajo mediante mensajes de texto, redes sociales, llamadas telefónicas y alarmas.

Reducir el peligro, sostiene, exige comenzar mucho más arriba: monitorear continuamente los glaciares y las laderas inestables, utilizar observaciones satelitales, disponer de estaciones meteorológicas y medidores de los ríos y contar con sistemas de alerta temprana capaces de proporcionar a las comunidades el tiempo suficiente para evacuar.

Además, como los ríos y los glaciares atraviesan fronteras nacionales, China, Nepal y los países situados río abajo necesitan intercambiar información con rapidez.

Existe además un problema más profundo. Incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeran drásticamente, explicó Chapagain, los glaciares continuarían perdiendo masa durante décadas debido al calentamiento que ya está incorporado al sistema climático.

La humanidad todavía puede influir en cuánto hielo se perderá finalmente. Sin embargo, tiene mucho menos control sobre lo que ocurrirá en el futuro inmediato.

Por eso, para Chapagain, la adaptación ya no puede entenderse como una preparación para un futuro lejano.

Para las comunidades que viven bajo el Himalaya, ese futuro llegó el miércoles.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias