sábado 29 de agosto de 2026 - Edición Nº2824

Derechos Humanos | 29 ago 2026

Memoria Afro

Luiza Mahin y las mujeres africanas que la historia decidió olvidar

19:58 |Vendedora ambulante, mensajera secreta e ícono de la insurrección de 1835 en Bahía: la reconstrucción de una vida donde la tradición oral y el olvido burocrático dialogan para devolverle la voz a la diáspora africana.


Por: Ahmad Alaqidi

Toda historia comienza con una pregunta. En el caso de Luiza Mahin, la pregunta no es únicamente quién fue, sino por qué sabemos tan poco sobre ella. La respuesta no depende solamente de la escasez de documentos, sino también de la forma en que fueron construidos los archivos coloniales. Durante siglos, la historia de las Américas fue escrita casi exclusivamente desde la perspectiva del poder colonial, mientras las voces africanas —y especialmente las de las mujeres— quedaron relegadas al silencio.

Según la memoria preservada por la comunidad afrobrasileña y el testimonio de su hijo, el abogado y abolicionista Luiz Gama, Luiza Mahin fue una mujer africana libre que vivió en Salvador de Bahía durante la primera mitad del siglo XIX. Trabajaba como quitandeira, vendiendo alimentos en las calles de la ciudad, una actividad que permitía a muchas mujeres africanas construir redes de solidaridad e intercambiar información. La tradición sostiene que sabía leer y escribir y que estaba vinculada a los musulmanes africanos establecidos en Bahía. Diversos investigadores consideran plausible esa posibilidad, ya que numerosos africanos procedentes de África occidental llegaron a Brasil con formación en lengua árabe y educación islámica. Sin embargo, ninguna fuente contemporánea ha permitido confirmar de manera definitiva esas características.

La memoria afrobrasileña también le atribuye un papel en la Revuelta de los Malês de 1835, organizada por africanos musulmanes esclavizados y libertos que protagonizaron una de las mayores insurrecciones urbanas contra la esclavitud en la historia de Brasil. Según esa tradición, Luiza colaboró en la circulación de mensajes secretos entre los conspiradores utilizando las redes comerciales de las quitandeiras. Su nombre no aparece en los procesos judiciales ni en los registros policiales de la época, pero Luiz Gama afirmó que su madre fue perseguida por las autoridades debido a su presunta participación en conspiraciones de personas esclavizadas. Después de la Revolución Sabinada de 1837 desapareció sin dejar rastro y nunca volvió a ser encontrada.

Luiza Mahin y las mujeres africanas que la historia decidió olvidar

Más allá de cuánto pueda comprobarse documentalmente, la figura de Luiza Mahin permite formular una pregunta mucho más amplia: ¿cuántas mujeres africanas fueron borradas de la historia porque el sistema colonial jamás tuvo interés en registrar sus vidas?

Durante mucho tiempo, la ausencia de documentos fue interpretada como ausencia de hechos. Hoy sabemos que esa conclusión resulta insuficiente. Los archivos fueron escritos por funcionarios coloniales, jueces, militares y burócratas cuya función consistía en administrar la esclavitud, controlar a la población africana y proteger los intereses económicos de la colonia. No fueron concebidos para documentar la producción intelectual, las redes educativas o el liderazgo social de las comunidades africanas.

Por eso, cuando una mujer africana aparece en esos registros, generalmente lo hace como propiedad, acusada, testigo o sospechosa. Rara vez es presentada como maestra, escritora, líder religiosa o transmisora de conocimientos. El problema no reside únicamente en lo que los archivos cuentan, sino también en todo aquello que decidieron callar.

Las investigaciones recientes sobre África occidental obligan a revisar esa mirada. Antes de la expansión colonial europea existían sociedades donde la educación femenina tenía un papel relevante. En el Califato de Sokoto, por ejemplo, Nana Asma’u organizó una extensa red de enseñanza destinada a mujeres y formó generaciones de educadoras que difundieron el conocimiento religioso y la alfabetización. Este ejemplo demuestra que el acceso femenino a la educación no era una excepción aislada dentro del mundo africano.

Ese contexto transforma nuestra comprensión de la diáspora africana. Si miles de hombres musulmanes llegaron a América con conocimientos de lectura y escritura en árabe, resulta legítimo preguntarse cuántas mujeres también atravesaron el Atlántico llevando consigo ese mismo patrimonio intelectual. Es posible que muchas de ellas conservaran saberes religiosos, lingüísticos o pedagógicos que nunca fueron registrados por las autoridades coloniales porque simplemente no los consideraban relevantes.

La historia de Luiza Mahin simboliza precisamente ese vacío documental. Tal vez nunca sea posible reconstruir con precisión todos los episodios de su vida. Quizás algunas de las acciones que la tradición le atribuye permanezcan para siempre en el terreno de la memoria colectiva. Sin embargo, su figura continúa planteando una cuestión esencial para la historiografía contemporánea: la ausencia de documentos no siempre significa ausencia de protagonistas.

Recuperar la memoria de las mujeres africanas en las Américas no implica reemplazar la investigación histórica por el mito. Significa ampliar las fuentes, incorporar las tradiciones orales, las cartas personales, los manuscritos africanos y los testimonios producidos por las propias comunidades afrodescendientes. También significa reconocer que los archivos coloniales fueron construidos desde una perspectiva limitada y que, por esa razón, necesitan ser leídos críticamente.

Quizás la mayor enseñanza de Luiza Mahin no sea aquello que sabemos sobre ella, sino todo lo que su silencio revela acerca de la manera en que fue escrita la historia de las Américas. Porque los archivos también olvidan. Y, en ocasiones, ese olvido habla con tanta fuerza como las palabras que lograron sobrevivir al paso del tiempo.

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