miércoles 02 de septiembre de 2026 - Edición Nº2828

Derechos Humanos | 2 sep 2026

La Soledad; Un Problema Más que Individual.

La soledad también es un problema de infraestructura: qué hace falta para reconstruir los vínculos

12:38 |La soledad suele pensarse como un problema individual, pero detrás de la dificultad para construir y sostener vínculos también hay condiciones materiales, laborales y urbanas.


Por: Agencia InnContext

La soledad suele pensarse como un problema individual, pero detrás de la dificultad para construir y sostener vínculos también hay condiciones materiales, laborales y urbanas. La socióloga Victoria O’Donnell propone cambiar la pregunta: en lugar de indagar por qué las personas no logran relacionarse, observar qué condiciones hacen hoy más difícil encontrarse. Menos tiempo disponible, jornadas laborales que se extienden, ciudades donde reunirse cuesta dinero y una creciente saturación cotidiana forman parte del problema.

A esas restricciones se suma lo que O’Donnell define como una crisis de disponibilidad emocional. “Llegamos cansados, saturados, distraídos. Podemos tener afecto por alguien y, al mismo tiempo, no tener resto para escucharlo, acompañarlo o sostener una conversación que no sea rápida”, explica la autora de Mosaicos, formas de soledad en el siglo XXI. Vincularse requiere tiempo y atención, pero también aceptar que otra persona puede necesitar ayuda o traer problemas que no elegimos.

Esas posibilidades, además, están distribuidas de manera desigual. Las mujeres continúan absorbiendo una parte desproporcionada de las tareas de cuidado, las personas mayores pueden perder redes a medida que disminuye su autonomía y los jóvenes pueden tener mucha interacción digital pero pocos recursos para independizarse o disponer de lugares propios de encuentro. Para quienes cuentan con menos ingresos, incluso trasladarse, tomar un café o vivir lejos de sus afectos puede convertirse en una barrera. “La pobreza también puede ser pobreza de tiempo, de espacio y de atención disponible para otros”, señala O’Donnell.

Frente a ese escenario, cobran importancia los llamados “terceros espacios”: clubes, bibliotecas, plazas, organizaciones sociales, sindicatos, espacios culturales o de voluntariado donde las personas pueden encontrarse sin tener que organizar deliberadamente cada interacción. La repetición de esos encuentros permite que un saludo pueda convertirse, con el tiempo, en una conversación y luego en confianza. Cuando esos lugares desaparecen o se vuelven inaccesibles, advierte la socióloga, también se pierden escenarios para convivir con personas de otras edades, clases sociales, opiniones y estilos de vida.

Por eso, una política orientada a reducir la soledad no necesariamente tiene que llevar ese nombre. Puede expresarse en una biblioteca abierta hasta tarde, transporte público accesible, una plaza iluminada, baños públicos, bancos donde sentarse, actividades culturales gratuitas, un club de barrio asequible o políticas de cuidado que permitan disponer de una tarde libre. No alcanza, además, con que la infraestructura exista: las personas necesitan contar con tiempo, energía y recursos para poder utilizarla.

La tecnología también forma parte de la discusión. O’Donnell evita plantearla como enemiga de los vínculos y destaca que Internet permitió sostener relaciones a distancia y encontrar comunidades. El problema surge cuando las plataformas reemplazan de manera sistemática experiencias que requieren atención, reciprocidad y continuidad. “Tenemos una enorme cantidad de información sobre la vida de los otros. Pero información no es vínculo”, sintetiza. Para la socióloga, una sociedad con buenos vínculos no es aquella en la que todos son amigos, sino una que ofrece tiempo y espacios suficientes para encontrarse y formas de consideración hacia quienes están fuera del círculo íntimo.

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