Por: Agencia Pressenza
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(Imagen de Leonardo Varas)
“El objetivo del Refugio del Barrio es hacer una revolución desde el afecto, vincularnos, salir de la soledad, de la competencia, del día a día, del fragor de esta lucha por vivir en un mundo difícil que nos separa.
Es una apuesta por unirnos, transformarnos, aprender en conjunto, abrir espacios donde nos podamos expresar libremente, sin esperar nada a cambio, sin tener que producir nada y así vamos recomponiendo este tejido social que necesitamos”.
Así describe esta iniciativa una de las fundadoras del grupo, que hoy reúne a un centenar de personas en las redes sociales y a una cincuentena de ellos presencialmente. Se trata de una comunidad en que todas las actividades son gratuitas, tanto las virtuales como las presenciales que se realizan en la comuna de Ñuñoa, con tan buenos resultados que sus creadores están ahora deseosos de inspirar y apoyar en otros la idea de formar estructuras sociales similares en otros barrios, en otras comunas, en otras ciudades.
A pulso
El Refugio del Barrio nació en marzo del 2025, cuando dos amigas (Paula y Aranxa) que se juntaban cada tarde a compartir un té y un cigarrillo forjaron una amistad tan importante en sus vidas, que quisieron sumar a otros a esta suerte de resguardo contra la soledad y la falta de espiritualidad.
“Queríamos aportar, con un espíritu lúdico y a la vez con una iniciativa que apoyara nuestro crecimiento y el de otros”, comenta Paula. “Somos maestras del Parque Los
Manantiales y estudiamos en un entorno siloísta. Aranxa incluso nació en una familia humanista bajo estos principios”, explica, refiriéndose al movimiento creado por Silo hace 27 años.
Cuando invitaron a Juan a sumarse, él accedió de inmediato y los tres unieron fuerzas para llevar a cabo este propósito. “Yo venía desde hace años intentando expresar una cierta necesidad de comunicarme con los otros para creer que es posible un cambio personal y social. Como muchos de mi generación, veía un gran vacío en torno a los problemas geopolíticos y a la violencia generalizada. Un deterioro creciente en nuestra capacidad de construir relaciones coherentes. La llamada de Aranxa y Paula era exactamente la respuesta a esa inquietud. Colaboramos desde la ignorancia hacia una inspiración común”, concluye.
Los tres sentían el deber de ayudar a mejorar aquello que les dolía del mundo a su alrededor para no ser arrastrados por él, como explica Juan.
Talleres y café: espiritualidad y risas
Partieron por organizar un “Taller de las Virtudes”. Sin grandes anhelos, pero con determinación, repartieron volantes y pegaron afiches en el barrio. Aranxa decidió crear un grupo de WhatsApp para invitar también por las redes sociales. “Y así comenzó todo. Se sumaron vecinos, amigos nuestros…en fin. Al principio nos juntábamos los tres a experimentar los talleres antes, para vivirlos como una persona más que asiste. Y creo que esa fue la clave: no posicionarnos como expertas, sino vivirlos en conjunto con las personas de todas las edades que se fueron sumando”.
Los talleres empezaron a hacerse cada vez más populares y continuos hasta que uno de los fundadores, Juan Aviño, propuso crear un WhatsApp para invitar a más vecinos y sumar energías nuevas al Refugio del Barrio. En pocas horas llegaron más de 60 personas.
“Empezamos a hacer talleres virtuales, además de los presenciales. Incluso una amiga de España se sumó con su propio taller… En fin, empezamos a crear una huella que nos inundó el alma. Pronto tuvimos un decidido grupo de apoyo, que organizaba, aportaba creatividad y producía los encuentros y el fueguito explotó. Todos aportaban cada vez más iniciativas y sin darnos cuenta llegamos a más de 240 personas en 14 grupos de whatsapps que se han creado y que se fusionan en el número +56 9 9820 7095”.
Entonces dieron un paso más, buscando agregar alegría a sus logros espirituales en los talleres y simplemente anunciaron que los días viernes se reunirían en una cafetería del sector con todos quienes quisieran compartir un rato de agradable amistad. Así nacieron los cafés de los viernes, a veces muy concurridos y otras menos, pero que están allí para quien quiera (o necesite) un rato de buena compañía.
“Creemos que el Refugio aporta a la comunidad un lugar de encuentro y comunicación. Algo que parece muy sencillo y que muchas personas no tienen. Es mucho más que entretenernos, por eso lo llamamos ‘la rebelión desde el afecto’. Uno no es lo que le han obligado a creer, uno es mucho más. Y eso, lo investigamos en conjunto y con cariño en el Refugio”, concluyen sus fundadores, invitando a quien quiera seguir esta huella a crear nuevos refugios con sus vecinos, con sus cercanos y con aquellos desconocidos que quieran sumarse a esta rebelión destinada a poner nuestra cuota para mejorar el mundo en que estamos viviendo.