Por: Noticias ONU
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UNICEF/Tamir Bayarsaikhan La contaminación atmosférica es altamente visible en la ciudad de Ulán Bator, en Mongolia.
Dos informes de la ONU dibujan un panorama urgente: los incendios forestales extremos y olas de calor exagerados por el cambio climático están degradando aún más el aire que respiramos y nos mata. La solución, en cambio, es sencilla y rentable: reducir la contaminación atmosférica y el calentamiento global puede generar 15 dólares de beneficio por cada dólar invertido.
Con motivo del Día Internacional del Aire Limpio, la ONU ha publicado simultáneamente dos informes que llegan a la misma conclusión por caminos distintos: no se puede combatir el cambio climático sin limpiar el aire, ni limpiar el aire sin frenar el calentamiento global. Son dos caras de la misma moneda, y esa moneda tiene un precio en vidas humanas.
Los datos son brutales: en 2025, la contaminación del aire exterior causó 6,4 millones de muertes prematuras. La del interior de los hogares, otros dos millones, de las que 300.000 eran niños. Y por si fuera poco, el aire contaminado provocó 5,5 millones de casos nuevos de asma infantil y dos millones de demencias. Es una hecatombe sanitaria que ocurre en silencio, mientras respiramos.
Pero hay un agravante: el cambio climático está convirtiendo el aire en un arma más letal. Los incendios forestales extremos se han triplicado desde los 90, según la Organizacón Meteorológica Mundial. El humo de esos incendios, más tóxico que la contaminación urbana, puede matar hasta un 93% más de lo que estiman los modelos tradicionales.
Los datos de 2025 lo confirman: las concentraciones de partículas finas (PM2.5) superaron el promedio histórico en el norte de Canadá, parte de Rusia, África centroccidental y el noroeste de España, todos ellos azotados por fuegos excepcionales. Mientras las regulaciones europeas y norteamericanas han logrado reducir la contaminación industrial y del transporte, la exposición al humo de incendios sigue aumentando.
Las olas de calor, cada vez más frecuentes, cocinan por su parte el ozono a ras de suelo, un gas que quema los pulmones, destruye cosechas y mata en silencio. Y el problema no hace más que crecer: cumplir las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre calidad del aire será cada vez más difícil.
El informe de la agencia climática de la ONU añade otra capa de preocupación: los aerosoles, esas partículas invisibles que viajan miles de kilómetros y contaminan hasta los lugares más remotos. El carbono negro acelera el deshielo al oscurecer la nieve. Y
Y los microplásticos, que ya están en el aire, la tierra y el océano, son un problema que apenas empezamos a comprender. Hay 51 millones de toneladas de microplásticos en la tierra y 22 millones en el océano, y seguimos sin monitorizarlos como es debido. Es la contaminación invisible de un planeta que se ahoga en su propio plástico.
Pero el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Climate and Clean Air Coalition (la Coalición por un Clima y Aire Limpio) es un aldabonazo de esperanza: actuar ya tiene un retorno de 15 a 1.
Aplicar un paquete de 25 medidas en seis sectores —energía, industria, transporte, agricultura, calefacción doméstica y gestión de residuos— evitaría 144 millones de muertes prematuras hacia 2050 y generaría beneficios económicos enormes: equivalentes al 2,8% del PIB mundial en 2035, el 4,5% en 2050 y el 11,4% en 2100. Incluso sin contar el valor de las vidas salvadas, cada dólar invertido devuelve alrededor de cuatro; contando todo, la relación llega a 15 a 1.
"No es un gasto, es una inversión", sentencia Inger Andersen, la jefa del PNUMA. Y Elliott Harris, el responsable de la evaluación, lo remata: "15 a 1 es un retorno que cualquier inversor querría. Cada año que retrasamos la acción nos cuesta 1,5 billones de dólares en beneficios que no volverán".
Si la solución es tan rentable, ¿por qué no se aplica? Porque el problema no es técnico sino de gobernanza, según el informe.
Las 25 medidas existen, funcionan y son asequibles. Pero la fragmentación de las decisiones, la falta de coordinación y la debilidad institucional pueden retrasar su aplicación ocho años. Y el aire no espera.
La próxima ola de calor, el próximo incendio, la próxima muerte por contaminación no avisarán. Ya están aquí. Y el único camino es actuar juntos. Porque el clima y la calidad del aire no son asuntos separados, según los científicos. Son la misma pelea. La de respirar.