Por: Claudia Aranda. Fuente: Agencia Pressenza
(Imagen de Claudia Aranda - IA)
El instituto que se puso corbata
Hanover hizo algo bastante más eficaz que mentir a gritos: se puso corbata, agregó notas al pie y se disfrazó de conocimiento.
El Hanover Institute for Public Policy apareció en Internet con todos los atributos visuales de un think tank —un centro de estudios o laboratorio de ideas— respetable: informes extensos, estadísticas, tablas, citas académicas y referencias al Banco Mundial, Naciones Unidas, Amnistía Internacional y documentos jurídicos. Trataba, además, exactamente los asuntos sobre los cuales el Estado de Israel enfrenta una disputa política, jurídica e histórica de primera magnitud: genocidio, apartheid, ocupación, hambre en Gaza, desplazamiento de palestinos, crímenes de guerra, antisemitismo y el poder político de organizaciones como AIPAC.
La investigación publicada por Jason Wilson en The Guardian el 26 de agosto de 2026 encontró, sin embargo, que detrás de aquella fachada académica no aparecía una entidad jurídica verificable, una dirección física, investigadores identificados ni autores firmando los estudios. Entre el 6 y el 14 de agosto, el supuesto instituto publicó 124 informes que sumaban más de 560.000 palabras. Sólo durante el 12 y el 13 de agosto produjo 73 documentos, casi 354.000 palabras en 48 horas. De los 124 títulos, 123 comenzaban con preguntas formuladas de manera extraordinariamente semejante a aquello que una persona escribiría en Google o preguntaría directamente a una inteligencia artificial.
Spanish Revolution reconstruyó posteriormente esta investigación para el público hispanohablante en el reportaje presentado por Patricia Salvador el 3 de septiembre: “Hanover Institute: cómo Israel está hackeando ChatGPT para engañarte”. El verbo “hackear” funciona allí como metáfora periodística. No existe evidencia de una intrusión informática en ChatGPT ni de una modificación clandestina de sus parámetros. Lo documentado es diferente y, precisamente por eso, puede resultar mucho más importante: intervenir deliberadamente el ecosistema de información del cual los sistemas generativos recuperan, jerarquizan o eventualmente aprenden contenidos.
Tampoco está demostrado que los 124 informes hayan sido escritos íntegramente por inteligencia artificial. El volumen y la velocidad son compatibles con un proceso automatizado o fuertemente asistido, pero esa inferencia no equivale a una prueba forense.
Y aquí aparece una paradoja incómoda: que no pueda demostrarse la automatización no vuelve tranquilizador el caso. Si no fue una máquina produciendo a semejante velocidad, entonces existió una infraestructura humana o híbrida, extraordinariamente organizada, capaz de generar medio millón de palabras en nueve días sobre algunos de los asuntos políticamente más sensibles del planeta.
El dilema no es entre una explicación alarmante y otra tranquilizadora. Es entre automatización industrial del relato o industrialización humana del relato.
La fábrica de duda
Lo más sofisticado de Hanover no era la mentira frontal. Era la arquitectura de la duda.
The Guardian encontró un patrón mucho más fino. Cuando organizaciones de derechos humanos calificaban las acciones israelíes como apartheid o genocidio, determinados informes introducían repetidamente la advertencia de que todavía no existía una sentencia judicial definitiva. Las cifras de víctimas o de ayuda humanitaria eran acompañadas en numerosos documentos por reservas respecto de la parte que las proporcionaba. Y un estudio académico de 2022 sobre comentarios antisemitas publicados en páginas de Facebook de medios británicos, franceses y alemanes fue citado 454 veces en 88 informes, llegando a aparecer en textos sobre materias tan diferentes como el registro de tierras en los territorios ocupados, las expulsiones palestinas de 1948, el bloqueo de Gaza o el número de muertos.
Ésta es una forma de desinformación bastante más sofisticada que inventar un dato.
Un hecho puede ser verdadero y formar, sin embargo, parte de una construcción engañosa si es seleccionado, jerarquizado, descontextualizado o asociado sistemáticamente con otros elementos para producir determinada interpretación.
Es ‘framing’, encuadre: la estructura interpretativa que decide qué aparece en primer plano, qué queda relegado, dónde se introduce una duda, qué relación causal se sugiere y qué asociación se repite hasta que termina pareciendo natural.
No es necesario escribir “Israel no hizo esto” si se puede conseguir que cada aparición de “esto” venga rodeada de suficientes advertencias como para que el lector termine pensando que nada puede conocerse realmente.
Tampoco es necesario afirmar que toda crítica a Israel constituye antisemitismo. Puede bastar con introducir una y otra vez el antisemitismo dentro de discusiones cuya relación con aquel estudio resulta, siendo generosos, remota.
La propaganda burda exige adhesión.
La propaganda disfrazada de conocimiento ofrece prudencia.
Ésa es justamente su ventaja.
Seguir el dinero
La investigación de Spanish Revolution permite entrar al caso. Para comprender su verdadera profundidad hay que abandonarla momentáneamente y descender desde los reportajes hasta las fuentes primarias.
Piro, Inc. aparece registrada ante FARA con el número 7732. FARA obliga a determinadas personas y organizaciones que actúan en Estados Unidos por cuenta de intereses extranjeros a declarar esa relación y determinadas actividades asociadas a ella.
El Exhibit A (Anexo A) presentado por Piro identifica a la Israel Government Advertising Agency, LaPam —Agencia Gubernamental de Publicidad de Israel— como la agencia gubernamental representada. Aparecen además los nombres de los funcionarios Eran Shayovitch y Guy Getz. El documento fue firmado por Daniel Rosenberg bajo pena de perjurio el 2 de junio de 2026. Documento: U.S. Department of Justice, FARA Registration No. 7732, Exhibit A, páginas 1 a 3 del PDF.
El Exhibit B (Anexo B) es todavía más claro. Identifica como principal extranjero a “Havas Media Germany GmbH on behalf of the Israel Government Advertising Agency (LaPam)” (“Havas Media Germany GmbH en representación de la Agencia Gubernamental de Publicidad de Israel [LaPam]”). El contrato está fechado el 30 de abril de 2026 y Piro declara que proporcionará “strategic communications and media relations services in connection with LaPam’s engagement on behalf of the State of Israel” (“servicios de comunicación estratégica y relaciones con los medios en relación con el encargo de LaPam en representación del Estado de Israel”). Documento: FARA No. 7732, Exhibit B, página 5 del PDF.
Después llega una declaración que elimina buena parte de los eufemismos posibles. El formulario pregunta si las actividades incluirán “political activities” (“actividades políticas”) conforme a FARA. Piro responde que sí y agrega: “Activities may include communications activities intended to influence the U.S. public” (“Las actividades pueden incluir acciones de comunicación destinadas a influir en el público estadounidense”). Documento: FARA No. 7732, Exhibit B, página 6 del PDF.
No es una caracterización de The Guardian. No es una interpretación de Spanish Revolution. No es un adjetivo mío. Es lo que la propia empresa declaró al Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Piro tiene la gentileza de explicar el método. Piro comercializa actualmente un servicio llamado AI Story Optimization, que puede traducirse como optimización de relatos para inteligencia artificial. Su propia publicidad corporativa resulta extraordinariamente útil para comprender qué significa. “The engineering gets you cited. The story makes you chosen” (“La ingeniería consigue que te citen. La historia consigue que te elijan”), afirma la compañía.
Luego explica el procedimiento. Piro dice cartografiar “every surface the models read” (“cada superficie que leen los modelos”): conversaciones de Reddit, transcripciones de YouTube, reseñas, páginas de medios, foros y sitios comparativos. Después clasifica esas fuentes según cuánto influyen realmente en aquello que los motores de IA dicen.
La siguiente fase consiste en crear contenidos “engineered for how LLMs evaluate credibility” (“diseñados teniendo en cuenta cómo los grandes modelos de lenguaje evalúan la credibilidad”). LLM significa Large Language Model, gran modelo de lenguaje: la familia tecnológica a la que pertenecen sistemas como ChatGPT, Claude o Gemini.
Y luego viene una frase particularmente reveladora. Piro dice que ese contenido puede desplegarse en el sitio del cliente o en “trusted third-party properties we build” (“propiedades de terceros de apariencia confiable que nosotros construimos”).
Finalmente se cierra el circuito: “We measure, revise, and re-earn it” (“Medimos, revisamos y volvemos a conseguirlo”), refiriéndose a la presencia en las respuestas y citas de los motores generativos.
Esto ya no es simplemente publicidad. Es ingeniería del entorno informativo.
Durante décadas, el SEO —Search Engine Optimization, optimización para motores de búsqueda— buscó conseguir que una página apareciera entre los primeros resultados de Google.
El GEO —Generative Engine Optimization, optimización para motores generativos— persigue algo diferente: aumentar la probabilidad de que un sistema generativo encuentre, utilice, represente o cite determinado material al construir su respuesta.
La diferencia es política. Un buscador tradicional entrega enlaces que el lector todavía puede comparar. Una inteligencia artificial puede seleccionar las fuentes, sintetizarlas y devolver una respuesta única, ordenada, limpia y escrita con una voz aparentemente neutral. Quien logra instalarse dentro de las fuentes que la máquina considera relevantes ya no compite solamente por un clic. Compite por formar parte de la respuesta.
Y entonces aparece Clock Tower X. Hanover constituye el centro de esta historia. Clock Tower X es una arista paralela y no debe confundirse con una prueba de que Clock Tower haya creado Hanover.
La conexión importante es otra: ambas ramas aparecen en contrataciones vinculadas a Havas y al Estado de Israel, y el expediente FARA de Clock Tower demuestra que afectar el encuadre producido por sistemas GPT no es una interpretación que los periodistas hayan añadido después.
Está escrito en un contrato.
Clock Tower X LLC aparece en FARA con el número 7649. Su Exhibit A identifica a Havas Media Network como principal extranjero y declara en el apartado correspondiente: “Supervised: State of Israel” (“Supervisada: Estado de Israel”). El documento fue firmado por Bradley Parscale el 18 de septiembre de 2025 bajo pena de perjurio. Documento: FARA Registration No. 7649, Exhibit A, páginas 1 a 3 del PDF.
En el Exhibit B, Clock Tower declara que proporcionará “strategic communications, planning, and media services” (“servicios de comunicación estratégica, planificación y medios”) para apoyar el encargo de Havas por parte del Estado de Israel destinado a desarrollar y ejecutar en Estados Unidos una campaña nacional presentada contractualmente como dirigida a combatir el antisemitismo. Documento: FARA No. 7649, Exhibit B, página 5 del PDF.
El contrato adjunto lleva la marca “CONFIDENTIAL” (“CONFIDENCIAL”). Dentro de su definición de información confidencial incluye “strategic plans, campaign concepts” y “narrative frameworks” (“planes estratégicos, conceptos de campaña” y “marcos narrativos”), además de investigación de audiencias, encuestas, análisis de participación, tácticas de distribución y métricas de rendimiento. Documento: Services Agreement (Acuerdo de Servicios), página interna 4; página 13 del PDF FARA.
No son categorías agregadas por una periodista para dramatizar el caso. Están escritas en el contrato.
El manual de operaciones
El Initial Statement of Work —Declaración Inicial de Trabajo, es decir, el anexo contractual que establece concretamente qué debe hacer el contratista— permite observar la maquinaria en funcionamiento.
El presupuesto combinado comienza con 1,5 millones de dólares mensuales durante cuatro meses aportados por el cliente, además de cualquier aporte equivalente de Clock Tower. Sólo la contribución base contemplada en el documento suma seis millones de dólares. Documento: Initial Statement of Work, página interna 1; página 22 del PDF FARA.
La campaña debía realizar investigación cultural, demográfica y de sentimiento; segmentar audiencias, incluida específicamente la Generación Z; identificar voces, comunidades y nodos de distribución influyentes; construir un “narrative framework and messaging blueprint” (“marco narrativo y plan maestro de mensajes”) y actualizar mensualmente los mensajes y encuadres a partir de datos y pruebas con audiencias.
Luego aparece la fábrica.
El contrato exige producir al menos 100 piezas creativas matrices cada mes y 5.000 variantes mensuales. Como mínimo, el 80 % debía adaptarse a públicos de la Generación Z a través de TikTok, Instagram, YouTube, podcasts y otros medios. Las campañas pagadas debían generar al menos 50 millones de impresiones mensuales. Una impresión significa que un contenido fue mostrado; no equivale necesariamente a una persona distinta, porque el mismo usuario puede acumular varias. Documento: Initial Statement of Work, página interna 2; página 23 del PDF FARA.
Después llega la sección “Search and Language Operations” (“Operaciones de búsqueda y lenguaje”). El contrato establece campañas mensuales de SEO mediante MarketBrew —una plataforma de análisis y optimización de buscadores asistida por inteligencia artificial— para mejorar “the visibility and ranking of relevant narratives” (“la visibilidad y el posicionamiento de narrativas relevantes”). Exige además un mínimo de veinte páginas mensuales para palabras clave y categorías prioritarias y análisis mensuales de los cambios en el ecosistema de búsqueda.
Y entonces aparece una frase que modifica la dimensión completa del caso: “Deployment of websites and content to deliver GPT framing results on GPT conversations.” “Despliegue de sitios web y contenidos para producir resultados de encuadre GPT en conversaciones con GPT.” Documento: Clock Tower LLC & Havas Media Germany GmbH, Initial Statement of Work, página interna 2; página 23 del PDF FARA.
Hay que leer exactamente lo que dice. No dice utilizar GPT para producir publicidad. No dice estudiar GPT. No dice comprar anuncios alrededor de GPT. Dice desplegar sitios web y contenidos para conseguir resultados de encuadre en conversaciones GPT.
Eso no demuestra que Clock Tower haya controlado ChatGPT. No demuestra que OpenAI haya colaborado con la campaña. No demuestra una modificación de los parámetros internos de ningún modelo. Tampoco permite afirmar que todos los objetivos contractuales hayan sido alcanzados.
Demuestra algo diferente y suficientemente grave: intervenir mediante sitios web y contenidos en el encuadre de conversaciones GPT figuraba explícitamente entre los objetivos de una campaña vinculada al Estado de Israel.
Ya no estamos especulando sobre si alguien podría querer hacerlo. Alguien escribió que quería hacerlo. Y presupuestó la operación. La cláusula que explica por qué “desinformación” no significa solamente mentir. El mismo contrato contiene una cláusula que, a primera vista, parecería contradictoria. Establece que los materiales de campaña no deberán incluir deliberadamente contenido “false, defamatory, or unlawful” (“falso, difamatorio o ilegal”). Documento: Services Agreement, página interna 5; página 14 del PDF FARA.
No contradice el problema. Lo explica. La idea de que sólo existe desinformación cuando alguien inventa un dato falso es demasiado pobre para comprender el ecosistema informativo contemporáneo.
Una representación del mundo puede ser profundamente engañosa aunque cada ladrillo utilizado para construirla sea técnicamente verdadero. Se puede omitir sistemáticamente determinada evidencia, sobreexponer otra, convertir excepciones en tendencias, introducir reservas sólo en una dirección, repetir asociaciones hasta naturalizarlas y multiplicar fuentes aparentemente independientes que dependen en realidad del mismo centro de financiamiento.
No es necesario fabricar la realidad. También se puede editarla. Y hacerlo a escala industrial.
El rastro no termina en el contrato
El expediente FARA de Clock Tower tampoco termina en aquel documento de 2025. El registro oficial del Departamento de Justicia muestra una Supplemental Statement —declaración complementaria— presentada el 18 de mayo de 2026, nuevos Short-Forms —formularios abreviados mediante los cuales determinadas personas vinculadas al registrante declaran su actividad— y una sucesión de Informational Materials, es decir, materiales informativos registrados conforme a FARA.
Lo especialmente relevante es cómo los identifica el propio índice oficial: “State of Israel via Havas Media Germany GmbH.” “Estado de Israel a través de Havas Media Germany GmbH.” El expediente registra materiales con esa identificación durante 2026, además de la declaración complementaria de mayo.
Esto amplía la fotografía. No estamos observando únicamente un proyecto contractual redactado en agosto de 2025. Existe un rastro administrativo posterior de actividad registrada durante 2026. Y entonces, en agosto de 2026, aparece Hanover. La segunda audiencia ya no es humana. Aquí el caso cambia de naturaleza. Piro lo explica con una franqueza casi pedagógica. Para su producto existen dos audiencias simultáneas: “the engine that recommends you, and the person who believes it” (“el motor que te recomienda y la persona que le cree”). Ésa puede ser una de las frases más importantes de toda esta investigación.
La propaganda tradicional necesitaba convencer a personas. La nueva infraestructura puede intentar convencer primero al intermediario que seleccionará la información para esas personas. Es una operación aguas arriba. En lugar de limitarse a discutir la respuesta, se interviene el río antes de que la respuesta sea construida.
Hanover adquiere entonces una importancia que excede completamente sus 124 informes. El supuesto instituto no necesitaba conseguir millones de lectores humanos. Bastaba con existir como una fuente legible por máquinas, con aspecto académico, abundantemente citada y estructurada alrededor de preguntas extraordinariamente semejantes a las que los usuarios plantean a los motores generativos.
El viejo propagandista necesitaba audiencia. El nuevo puede intentar conseguir intermediarios.
Common Crawl y la segunda puerta
Existe además una segunda vía potencial. Common Crawl mantiene un enorme archivo abierto de la web utilizado en investigación y como materia prima para diversos conjuntos de datos. Su rastreo de julio de 2026 recopiló 2.140 millones de páginas entre el 7 y el 25 de julio, equivalentes a aproximadamente 364 tebibytes de contenido sin comprimir.
The Guardian encontró páginas pertenecientes a sitios relacionados con Clock Tower dentro de ese índice. Hanover no podía aparecer en aquella recopilación de julio porque sus informes fueron publicados posteriormente, en agosto.
Aquí la frontera metodológica debe ser absoluta. Aparecer en Common Crawl no significa haber sido utilizado para entrenar ChatGPT. Entre una página rastreada y un modelo de inteligencia artificial existen procesos de selección, filtrado, limpieza, deduplicación y construcción de conjuntos de datos que varían según el desarrollador. Por tanto, no existe evidencia para afirmar que Hanover haya “contaminado el entrenamiento de ChatGPT”.
Pero eso no elimina el riesgo. Significa que esa puerta concreta no puede darse por atravesada. La otra ya existe: producir contenidos destinados a aumentar la probabilidad de que sistemas generativos los encuentren, los representen o los citen.
Y existe una diferencia decisiva entre ambas vías. Cuando un sistema consulta una página en tiempo real y muestra su fuente, todavía podemos seguir la cita, averiguar quién publicó el contenido, descubrir quién lo financió y descartarlo. Cuando una asociación ha sido incorporada estadísticamente durante un proceso de entrenamiento, esa trazabilidad puede desaparecer para el usuario.
La propaganda deja entonces de presentarse como una fuente. Puede convertirse en una probabilidad.
Del lavado de fuentes a la captura epistémica
A partir de aquí comienza la prospección. Y conviene separar escrupulosamente aquello que ya está documentado de aquello que constituye un escenario posible. El escenario más conservador ya existe: actores políticos y comerciales estudian qué fuentes utilizan los motores generativos, producen contenido específicamente preparado para resultar legible y creíble para esos sistemas, lo colocan donde las máquinas buscan y miden posteriormente si aparece citado. Piro describe exactamente ese circuito como un servicio comercial.
El riesgo inmediato es la captura de las citas. Si determinados Estados, corporaciones, lobbies o multimillonarios poseen recursos para producir una cantidad enormemente superior de contenidos, pueden intentar aumentar artificialmente su presencia dentro del universo documental que los sistemas consultan. La desigualdad económica puede transformarse así en desigualdad epistémica.
El segundo escenario es la fabricación de corroboración artificial. Supongamos que un mismo actor financia veinte sitios aparentemente independientes. Cada uno publica una versión ligeramente diferente del mismo argumento. Después otros dominios los citan, los agregadores los reproducen y las redes sociales los enlazan. Una máquina podría encontrarse ante veinte URL. Pero detrás existiría una sola voz.
Eso es lo que podemos denominar lavado de procedencia: el origen político o financiero del mensaje se vuelve progresivamente menos visible a medida que éste atraviesa dominios, resúmenes, agregadores, buscadores y motores generativos.
Para el periodismo supone revisar una vieja regla. Ya no basta con preguntar cuántas fuentes confirman algo. Hay que preguntar cuántos propietarios, financiadores y centros reales de producción existen detrás de esas fuentes. Veinte URL pueden ser una sola voz con veinte disfraces.
El escenario severo: colonizar los corpus
El siguiente escenario es más grave y todavía no está demostrado para Hanover. Si producir millones de páginas se vuelve extraordinariamente barato, un operador podría diseñar contenidos específicamente destinados a maximizar su supervivencia dentro de rastreos web y repositorios que posteriormente pudieran alimentar conjuntos de entrenamiento.
Los grandes modelos de lenguaje no necesitan memorizar una consigna textual para verse afectados por una distribución informativa. Aprenden regularidades estadísticas. Si cantidades enormes de contenido relacionaran sistemáticamente determinada crítica política con antisemitismo, o caracterizaran repetidamente las fuentes palestinas bajo un estándar de sospecha diferente del aplicado a fuentes israelíes, la preocupación no sería encontrar una frase secreta escondida en el modelo. Sería una pendiente estadística.
No tenemos evidencia de que Hanover haya conseguido eso. Tenemos evidencia de que la infraestructura técnica que permitiría intentar algo semejante existe. Y tenemos evidencia documental de que otro contratista dentro del ecosistema estudiado incluyó entre sus tareas desplegar sitios y contenidos para obtener determinados resultados de encuadre en conversaciones GPT.
El escenario audaz: entrenar el entorno
Existe un escenario todavía más sofisticado. Una operación puede interrogar sistemáticamente a distintos modelos, detectar en qué preguntas obtiene respuestas desfavorables, identificar las fuentes utilizadas, producir nuevos contenidos diseñados específicamente para esas consultas, colocarlos en dominios que los motores consideran creíbles y volver a ejecutar las preguntas.
Pregunta. Respuesta. Medición. Producción. Publicación. Nueva pregunta. Nueva medición.
Piro ya describe comercialmente buena parte de ese circuito: mapear las superficies que leen los modelos, identificar las consultas relevantes, producir contenidos diseñados para sus criterios de credibilidad, desplegarlos en propiedades digitales y ejecutar continuamente el ciclo de medición y revisión. Automatizado y aplicado políticamente a gran escala, ese mecanismo podría convertirse en un bucle de retroalimentación adversarial.
No sería hackeo en el sentido informático tradicional. Sería entrenamiento del entorno. El escenario extremo: fabricar consenso. La frontera más preocupante sería la captura epistémica.
Estados, corporaciones y grandes fortunas podrían competir sistemáticamente por colonizar el corpus disponible para las inteligencias artificiales hasta conseguir que aquello que la máquina percibe como “consenso” refleje, al menos parcialmente, quién tuvo mayor capacidad económica para producir y distribuir fuentes.
Este escenario no está demostrado. Pero, sus componentes tecnológicos ya existen por separado: generación industrial de contenidos, redes de sitios, publicidad programática, GEO, monitoreo automatizado de respuestas, construcción de propiedades digitales de terceros, rastreos masivos de Internet y sistemas de inteligencia artificial que sintetizan enormes volúmenes de información para millones de personas.
Lo que falta no es tecnología. Es escala, persistencia y coordinación. Y precisamente escala, persistencia y coordinación son las propiedades que empiezan a aparecer en los documentos examinados.
El enclave criminal de desinformación
Por eso califico Hanover y la arquitectura que lo rodea como un enclave criminal de desinformación. “Criminal” no significa aquí que FARA haya declarado delictiva la operación. No lo ha hecho. Tampoco significa que exista una sentencia penal estadounidense que establezca que Piro, Clock Tower, Havas o Hanover integraron una organización criminal.
Es mi calificación política y moral de una maquinaria que, según mi interpretación de la evidencia documentada, interviene deliberadamente el derecho colectivo a recibir información sobre una guerra, una ocupación y acusaciones de algunos de los crímenes más graves contemplados por el derecho internacional.
Separar ambas cosas no debilita el juicio. Lo hace intelectualmente limpio. La evidencia documental establece quién contrató a quién, qué actividades fueron declaradas, qué objetivos aparecen escritos y qué mecanismos se presupuestaron. El juicio editorial me pertenece.
Gaza y la batalla por el archivo
Este aparato no trabaja sobre un producto comercial inocuo. Trabaja sobre Gaza. Y eso importa.
La Corte Internacional de Justicia no ha dictado todavía una sentencia definitiva sobre el fondo de la demanda presentada por Sudáfrica contra Israel bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Pero tampoco es correcto reducir lo ocurrido ante la Corte a que “no existe sentencia por genocidio” y detener allí el relato.
El 26 de enero de 2024, la Corte determinó que “at least some of the rights claimed by South Africa […] are plausible” (“al menos algunos de los derechos invocados por Sudáfrica […] son plausibles”). Especificó cuáles: “the right of the Palestinians in Gaza to be protected from acts of genocide and related prohibited acts” (“el derecho de los palestinos de Gaza a ser protegidos contra actos de genocidio y otros actos prohibidos relacionados”). Documento: International Court of Justice, Order of 26 January 2024, párrafos 54 y 59.
En el párrafo 66 añadió que esos derechos plausibles son de una naturaleza tal que su vulneración puede provocar un daño irreparable. La Corte ordenó medidas provisionales vinculantes destinadas a protegerlos. Y el 24 de mayo de 2024 volvió expresamente sobre aquella determinación. En el párrafo 32 recordó la conclusión de enero y señaló que no encontraba razón para revisarla. Esto es jurídicamente mucho más preciso que afirmar que la CIJ “declaró plausible un genocidio”, cosa que la Corte no dijo. También demuestra por qué el encuadre importa. Es perfectamente cierto escribir que todavía no existe una sentencia definitiva sobre genocidio.
También es perfectamente cierto escribir todo lo que viene después de esa frase. Elegir sistemáticamente la primera verdad y omitir la segunda no convierte necesariamente una oración en falsa. Puede convertir el relato en engañoso. Los genocidas también disputan la memoria.
Yo califico al Estado de Israel como un Estado terrorista. Es mi juicio político y moral; no pretendo atribuírselo a la Corte Internacional de Justicia ni convertirlo fraudulentamente en una categoría judicial que esas instituciones no hayan establecido.
Y considero que esta campaña debe leerse dentro de una lucha mucho mayor por conservar impunidad y disputar la memoria de los crímenes. Los genocidas necesitan dominar algo más que el territorio. Necesitan disputar el archivo. Necesitan que dentro de veinte años la certeza pueda volver a parecer polémica, que la víctima aparezca otra vez como fuente dudosa y que el responsable pueda convertirse simplemente en “una de las partes” de un episodio cuya causalidad resulte cada vez más difícil de reconstruir.
La inteligencia artificial introduce una posibilidad que nunca había existido en esta escala: colocar una máquina entre el ciudadano y el archivo. Una generación que antes habría buscado cinco periódicos, dos documentos, un libro y una enciclopedia puede formular hoy una pregunta a un sistema y recibir diez párrafos de síntesis. La fuente desaparece detrás del narrador.
Quien consiga influir sobre los materiales del narrador adquiere una forma nueva de poder político. Ahí está el verdadero salto que permite observar Hanover. Hanover no es solamente un sitio falso. Es un prototipo. El derecho a estar informado entra en otra era. La defensa del derecho a la información ya no puede limitarse a combatir noticias falsas.
Necesitamos hablar de integridad del ecosistema informativo.
Un sistema de inteligencia artificial debería ser capaz de distinguir diez fuentes verdaderamente independientes de diez dominios financiados por un mismo actor. Debería conservar información de procedencia —quién financió, quién publicó, quién controla, quién registró— y utilizarla como una señal relevante al evaluar material político.
Los registros FARA y otros sistemas equivalentes pueden convertirse en herramientas fundamentales para ese trabajo.
También habrá que auditar los sistemas de recuperación: qué fuentes privilegian, cuánto peso conceden a la repetición, cómo identifican redes coordinadas de contenidos y hasta qué punto pueden ser manipulados mediante optimización para motores generativos.
Y el periodismo tendrá que investigar no solamente textos. Tendrá que investigar infraestructuras. Quién registró el dominio, quién paga la publicidad, quién comparte servidores, quién firmó el contrato, quién aparece en FARA, quién construyó el sitio, quién cita a quién, quién produce medio millón de palabras en nueve días y quién espera que una máquina las lea.
La alfabetización mediática deberá convertirse también en alfabetización de procedencia algorítmica. Ya no bastará con preguntar:
“¿Esto es verdad?” Habrá que agregar: “¿Por qué esta máquina aprendió esto?” “¿De qué fuentes lo obtuvo?” “¿Quién pagó para que esas fuentes existieran?”
La ironía final
Hay algo casi grotesco en todo esto. Mientras se desarrollaban campañas destinadas a modificar la percepción sobre Israel, su imagen pública en Estados Unidos continuaba deteriorándose, especialmente entre sectores jóvenes, precisamente uno de los públicos que los documentos contractuales examinados señalan expresamente como objetivo prioritario. The Guardian situó la operación dentro de ese deterioro reputacional y de las dudas existentes incluso sobre la eficacia de semejantes inversiones comunicacionales.
Quizás exista una explicación bastante menos sofisticada que un problema de marketing. Después de años de muertos, destrucción, desplazamiento, hambre, acusaciones de crímenes de guerra y procedimientos ante tribunales internacionales, cabe la posibilidad de que una parte del deterioro reputacional no sea consecuencia de que Israel haya explicado mal lo que hace. Puede ser consecuencia de que la gente ha visto lo que hace. Y entonces aparece la tentación definitiva del aparato propagandístico: si no puedes modificar aquello que produce rechazo, modifica el relato sobre aquello que produce rechazo.
Hanover pertenece a ese momento. Clock Tower lleva la lógica todavía más lejos, porque su contrato introduce explícitamente las conversaciones GPT como territorio de intervención. Ahí está la nueva frontera.
Durante un siglo, la propaganda quiso controlar lo que las personas leían. Después quiso controlar lo que los buscadores y las plataformas les mostraban. Ahora intenta influir sobre lo que las máquinas les responderán.
El viejo poder quería escribir la historia. El nuevo quiere intervenir también al historiador automático. No termina en Israel. Ésta es quizás la conclusión más grave. Nada de lo descrito aquí pertenece tecnológicamente sólo a Israel. Mañana puede hacerlo cualquier Estado, corporación, partido político, servicio de inteligencia, lobby, secta o multimillonario con dinero suficiente para comprar infraestructura, producir contenidos y aprender qué señales utilizan las máquinas para decidir qué merece ser leído.
Si Hanover fuese una anomalía, sería una historia extraordinaria. Si es un precursor, estamos ante algo mucho mayor.
La producción automática reduce brutalmente el costo de fabricar documentos. La optimización generativa permite diseñarlos pensando en máquinas. Los rastreadores web pueden incorporarlos a enormes archivos. Los motores generativos pueden encontrarlos. Los sistemas de recuperación pueden citarlos. Y los ciudadanos pueden recibir el producto final sin haber visto jamás la cadena de producción.
La vieja propaganda tenía que llegar a millones de personas. La nueva puede intentar llegar primero a unas pocas máquinas. Y dejar que ellas hagan el resto.
Por eso esta investigación no termina en Hanover. Empieza allí.
A la verdad ya no basta con defenderla de la censura, la mentira y el silencio. También habrá que defenderla de la saturación. Porque en la era de la inteligencia artificial quizá la manera más eficiente de esconder un hecho ya no sea borrarlo. Puede bastar con fabricar un millón de documentos alrededor.
Referencias
Common Crawl Foundation. (2026, 28 de julio). July 2026 Crawl Archive Now Available (Archivo del rastreo de julio de 2026 disponible). Fuente primaria sobre el archivo de julio: 2.140 millones de páginas recopiladas entre el 7 y el 25 de julio de 2026.
International Court of Justice. (2024, 26 de enero). Application of the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide in the Gaza Strip (South Africa v. Israel), Order of 26 January 2024 (Aplicación de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio en la Franja de Gaza [Sudáfrica c. Israel], Orden de 26 de enero de 2024). Véanse especialmente párrs. 54, 59 y 66.
International Court of Justice. (2024, 24 de mayo). Application of the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide in the Gaza Strip (South Africa v. Israel), Order of 24 May 2024 (Aplicación de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio en la Franja de Gaza [Sudáfrica c. Israel], Orden de 24 de mayo de 2024). Véase especialmente párr. 32.
Piro, Inc. (2026). AI Story Optimization (Optimización de relatos para inteligencia artificial). Fuente empresarial primaria sobre el sistema comercial mediante el cual Piro identifica fuentes consultadas por motores generativos, crea contenidos adaptados a los criterios de credibilidad de grandes modelos de lenguaje, los despliega en sitios propios o propiedades de terceros y mide posteriormente su aparición en las respuestas.
Spanish Revolution. (2026, 3 de septiembre). Hanover Institute: cómo Israel está hackeando ChatGPT para engañarte. Reportajes SR. Presenta Patricia Salvador. Investigación audiovisual secundaria que constituye el punto de partida de esta investigación. [Reportaje de Spanish Revolution](https://youtu.be/p3qv9R0Jol4?utm_source=chatgpt.com)
U.S. Department of Justice, National Security Division. (2025, 18 de septiembre). Clock Tower X LLC, Foreign Agents Registration Act Registration No. 7649, Exhibit A, Exhibit B, Services Agreement and Initial Statement of Work (Registro FARA n.º 7649, Anexos A y B, Acuerdo de Servicios y Declaración Inicial de Trabajo). Fuente primaria. Contiene la relación declarada con Havas y el Estado de Israel, investigación de audiencias, marcos narrativos, producción de 5.000 variantes mensuales, 50 millones de impresiones, operaciones SEO y la cláusula “Deployment of websites and content to deliver GPT framing results on GPT conversations” (“Despliegue de sitios web y contenidos para producir resultados de encuadre GPT en conversaciones con GPT”). [Documento FARA 7649 completo](https://efile.fara.gov/docs/7649-Exhibit-AB-20250918-1.pdf?utm_source=chatgpt.com)
U.S. Department of Justice, National Security Division. (2026, 18 de mayo y registros posteriores). Clock Tower X LLC, Registration No. 7649, Supplemental Statement and Informational Materials (Declaración complementaria y materiales informativos). El índice oficial registra materiales bajo la identificación “State of Israel via Havas Media Germany GmbH” (“Estado de Israel a través de Havas Media Germany GmbH”). [Expediente FARA 7649 e índice documental](https://efile.fara.gov/ords/fara/f?p=1381%3A200%3A%3A%3ANO%3ARP%2C200%3AP200_REG_NUMBER%3A7649&utm_source=chatgpt.com)
U.S. Department of Justice, National Security Division. (2026, 2 de junio). Piro, Inc., Foreign Agents Registration Act Registration No. 7732, Exhibit A and Exhibit B (Registro FARA n.º 7732, Anexos A y B). Fuente primaria. Identifica a Havas Media Germany GmbH actuando en representación de la Israel Government Advertising Agency (LaPam), registra el encargo relacionado con el Estado de Israel y declara actividades de comunicación que pueden estar destinadas a influir en el público estadounidense. [Documento FARA 7732 completo](https://efile.fara.gov/docs/7732-Exhibit-AB-20260602-0.pdf?utm_source=chatgpt.com)
Wilson, J. (2026, 26 de agosto). Fake US thinktank set up and funded by Israel sought to game AI for propaganda (Falso centro de estudios estadounidense creado y financiado por Israel buscó manipular la IA con fines propagandísticos). The Guardian. Investigación secundaria que documentó Hanover, sus 124 informes, las más de 560.000 palabras publicadas en nueve días, los patrones de encuadre y la infraestructura orientada a motores generativos. [Investigación original de The Guardian](https://www.theguardian.com/world/2026/aug/26/fake-thinktank-israel-ai-propaganda?utm_source=chatgpt.com)
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