lunes 28 de septiembre de 2026 - Edición Nº2854

Economía | 28 sep 2026

El Capitalismo y Ciclo de Inversión.

La inteligencia artificial y la nueva “fiebre del oro”

07:17 |Actualmente vivimos uno de los mayores ciclos de inversión en la historia del capitalismo, relacionado con el despliegue de las infraestructuras para la inteligencia artificial (en adelante, IA).


Por: Cristóbal Reyes. Fuente: https://geolat.info/

Actualmente vivimos uno de los mayores ciclos de inversión en la historia del capitalismo, relacionado con el despliegue de las infraestructuras para la inteligencia artificial (en adelante, IA).

Este frenesí inversor es la expresión de una carrera despiadada entre las mayores corporaciones de tecnologías digitales –Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft, Nvidia, entre otras–, que asumen que la vía más eficaz para imponerse sobre sus competidoras y para alcanzar la IA general es el escalamiento: extraer más datos, fabricar procesadores más potentes, procesar volúmenes crecientes de información y construir infraestructuras cada vez más grandes. A su vez, este auge se alimenta de las enormes expectativas que la propia industria y organizaciones como el Foro Económico Mundial han generado en torno a esta tecnología. El resultado es una auténtica “fiebre del oro”, en la que enormes cantidades de trabajo y recursos se destinan a la producción de infraestructuras para una tecnología muy potente que, sin embargo, aún no ha mostrado un camino claro hacia la rentabilidad.

El auge de las inversiones relacionadas con la IA es de dos tipos: bursátil y en activos fijos. En esta entrega, por motivos de espacio, se centra la atención en el “gasto de capital” (capital expenditure) realizado por las grandes empresas tecnológicas,[1] no en sus estratosféricas valuaciones bursátiles, que han llevado a muchos analistas a hablar de una burbuja especulativa en torno a la IA.

Las inversiones en capital fijo de las grandes empresas tecnológicas han crecido a un ritmo acelerado. El gasto de capital realizado por los gigantes tecnológicos casi se triplicó entre 2022 –año del lanzamiento de ChatGPT– y 2025, al pasar de 162 mil millones de dólares a 448 mil millones de dólares al año. Para 2026, las cuatro mayores empresas tecnológicas que construyen y operan los centros de datos de “híper-escala” –Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta– han anunciado que invertirán alrededor de 725 mil millones de dólares en capital fijo, más del cuádruple que en 2022. Como punto de referencia, sólo esas cuatro empresas realizan un gasto de capital superior a la formación bruta de capital realizada en algunas de las mayores economías del mundo en 2024, como Reino Unido (704 mil millones de dólares) o Francia (679 mil millones), y muy por encima de la de países como México (448 mil millones).

Al respecto, dos tendencias son relevantes y novedosas: 1) cada vez más, la construcción de centros de datos para la IA se financia mediante deuda, lo que representa un cambio respecto de los patrones previos, pues históricamente el gasto de capital de los gigantes tecnológicos era cubierto con sus propios flujos de efectivo; y 2) la intensidad del gasto de capital ha alcanzado niveles sin precedentes: las grandes tecnológicas destinan alrededor de 50% de sus ingresos a invertir en activos fijos. De esta manera, las grandes tecnológicas están apostando todo a la IA: reducen su disponibilidad de efectivo a mínimos en décadas, se endeudan masivamente para sostener la escala de sus inversiones y pasan de ser empresas de software con relativamente pocos activos a convertirse en algunas de las mayores inversionistas en infraestructuras físicas del mundo.

La escala de las inversiones en centros de datos e infraestructuras ha impulsado el crecimiento de la economía estadounidense, salvándola del estancamiento. Economistas e instituciones como la Reserva Federal han documentado que la inversión masiva en las tecnologías e infraestructuras necesarias para la IA fue responsable de entre 75% y 92% del crecimiento del producto interno bruto de Estados Unidos en 2025. Si se excluye la inversión en equipo de cómputo, software y centros de datos, la economía estadounidense habría tenido un crecimiento económico cercano a cero, situando al país al borde de la recesión.

Según algunas estimaciones, en 2025 el ciclo de inversiones vinculado a la IA se convirtió en el segundo más importante en la historia de la economía estadounidense, por delante de las inversiones en la industria automotriz en la década de 1920 y en las telecomunicaciones en la década de 1990 –ciclos que, cabe señalar, fueron el preludio de grandes crisis, como la de 1929 y 2000-2001. La oleada de inversiones en IA sólo es superada por el boom de los ferrocarriles del último tercio del siglo XIX. Algunas proyecciones prevén que, de mantenerse las tendencias actuales, podría llegar a ser el mayor ciclo de inversión de la historia hacia 2028.

Fuente: Financial Times.

Una diferencia importante entre el auge ferroviario del siglo XIX y el actual ciclo alcista en torno a la IA es la tasa de depreciación de las infraestructuras. Mientras las vías de ferrocarril siguieron siendo útiles durante décadas tras la inversión inicial, las infraestructuras de la IA –en especial, las GPUs, los chips especializados que se usan de forma intensiva para el cómputo de IA– se deprecian a un ritmo mucho más acelerado. Su vida útil es muy breve: típicamente, las GPUs tienen una vida útil de 4 o 5 años, lo que supone una depreciación de entre 20% y 25% anual. Dicho de otro modo, diez años después de realizar su inversión, un accionista de una empresa ferroviaria del siglo XIX aún tenía un derecho de propiedad sobre vías férreas utilizables; dentro de cinco años, hacia 2030, las GPUs de las grandes tecnológicas serán chatarra –y, frente a los acelerados avances tecnológicos, probablemente habrán quedado obsoletas.

En términos económicos, el problema de fondo es el abismo entre el gasto de capital y los ingresos que obtienen las empresas de IA –que, aunque son cuantiosos, resultan insuficientes. Para que el ciclo de inversiones en la IA fuese sostenible, los ingresos y ganancias de las grandes empresas tecnológicas deberían ser varias veces mayores de lo que son actualmente. En suma, el gasto de capital es enorme y crece de manera acelerada, pero todavía no genera ingresos que lo justifiquen, por lo que hay un desacople estructural entre las inversiones destinadas a la IA y los limitados ingresos que esta tecnología permite (al menos, por ahora).

Episodios como éste son comunes en la historia del capitalismo, como muestran el boom ferroviario de la segunda mitad del siglo XIX o la burbuja de las punto-com en la vuelta de siglo. La experiencia histórica muestra que, a largo plazo, estos frenesíes de inversiones sientan las bases para el despliegue de tecnologías transformadoras que terminan revolucionando el conjunto de la economía; no obstante, a corto plazo, las inversiones pueden resultar ruinosas y, en muchos casos, llevar a la quiebra a muchas de las empresas involucradas, incluso a algunas de las que parecían más aventajadas en la carrera por la tecnología.


[1] En la jerga corporativa, la expresión “gasto de capital” (capital expenditure, o capex) se refiere al dinero que una empresa gasta en adquirir, mejorar o renovar activos físicos cuyo uso productivo se extiende por más de un año. En este texto, uso de manera indistinta las expresiones gasto de capital o inversión en capital fijo.

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