Por: David Andersson. Fuente: Agencia Pressenza.
(Imagen de ustin McIntosh / wikimedia)
A menudo me faltan las palabras para transmitir el genocidio de Israel en Gaza y los estragos incesantes que el gobierno israelí permite que los colonos inflijan a los palestinos en Cisjordania. En lugar de escribir otro artículo más para expresar mi indignación y repugnancia, he optado por manifestarme de una forma más inmediata: reflexiones breves, urgentes, acompañadas de imágenes que no necesitan adorno alguno. He seleccionado diez de estas publicaciones de mi página de Facebook.
Por Dr. Alon Ben-Meir
En su conjunto, estas publicaciones retratan una realidad que debería sacudir cualquier conciencia: la extraordinaria crueldad con la que soldados y colonos israelíes actúan en total impunidad. No se trata de violencia aleatoria. Es una campaña sostenida de coerción cuyo propósito es dolorosamente claro: despojar a los palestinos de sus tierras y hacerles la vida insoportable hasta que no les quede más opción que marcharse.
En Israel, la verdad es traición
NAZA, el documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, ha incendiado Israel, pero no de remordimiento, sino de rabia. En lugar de confrontar lo que la película documenta, la mayoría de los israelíes la ha condenado. El gobierno tildó de traidores a ambos cineastas, varios ministros exigieron que se les revocara la ciudadanía y hoy viven bajo amenazas de muerte. Esto es vergonzoso. Sin embargo, la mayor tragedia es la negativa de Israel a mirarse al espejo y admitir que en Gaza se han cometido un Crimen de lesa humanidad —un genocidio—. La negación no es un escudo; es un colapso moral. Una nación incapaz de afrontar lo que ha infligido a los palestinos cargará con ese estigma durante generaciones. ¿Cuándo despertarán los israelíes? Hasta que lo hagan, la verdad seguirá esperando, y el precio a pagar será cada vez más alto y destructivo.
El apetito de Netanyahu por los crímenes de guerra parece insaciable
El apetito del primer ministro Netanyahu por los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad parece insaciable. Tras fracasar en su intento de destruir a Hamás, Hezbolá y los hutíes, y tras el catastrófico fracaso de forzar un cambio de régimen en Irán, ahora dirige cada vez más su atención hacia Cisjordania. Desde Washington no ha llegado ni una sola palabra para detenerlo. Peor aún, la opinión pública israelí y los partidos de la oposición apenas dicen nada sobre la farsa que se despliega ante sus ojos. El prestigio de Israel en la comunidad internacional ya está hecho añicos; cuesta saber qué más queda por destruir. De este modo, Netanyahu está enterrando lo que alguna vez fue el sueño de un Estado judío: vivir en paz y seguridad con sus vecinos.
Comparar al gobierno de Netanyahu con una bestia es insultar a los animales
La forma en que Israel ha tratado a los niños palestinos hambrientos en Gaza es una atrocidad que escapa a la comprensión humana. Cuando se arroja comida al suelo y se obliga a niños famélicos a rebuscar entre los restos, reduciéndolos a la condición de ratas, su dignidad no solo se degrada, se la aplasta y anula con saña. Niños debilitados por la inanición son forzados a pelear por alimentos no aptos para el consumo humano, para luego terminar con una sopa aguada y las manos vacías.
Esto no es ayuda humanitaria; es una degradación calculada. El gobierno de Netanyahu y los soldados que ejecutaron sus crímenes de guerra han quebrado la moral de Israel hasta un punto de no retorno. Comparar este embate salvaje contra los palestinos con el de una bestia sedienta de sangre es un insulto para los propios animales.
El gobierno de Netanyahu: una amenaza para los judíos de todo el mundo
El gobierno de Netanyahu pretende hablar en nombre de los judíos de todo el mundo mientras comete crímenes contra la humanidad en Cisjordania y Gaza. Sus políticas de despojo, destrucción masiva, desplazamiento, asesinatos y terror contra civiles palestinos traicionan la herencia moral del judaísmo. Además, ponen en peligro a los judíos de todo el mundo al crear la ponzoñosa impresión de que todos ellos son cómplices de las atrocidades de Israel, provocando un aumento sin precedentes del antisemitismo. Los crímenes de Netanyahu y su gobierno fascista no alcanzan la escala colosal de los cometidos por los nazis contra los judíos; aun así, la mentalidad, la inhumanidad y la crueldad exhibidas son equiparables en espíritu, intención y determinación.
Un criminal de guerra
La estrategia del gobierno de Netanyahu en Cisjordania no consiste solo en subyugar a los palestinos, sino en hacer que sus vidas sean lo más miserables posible y desgastarlos hasta un punto de no retorno. Para lograrlo, recurre a métodos de pesadilla mediante incursiones nocturnas sistemáticas, demoliciones continuas de viviendas, encarcelamientos rutinarios y la expulsión forzosa de las familias de sus hogares. Más de 190 infraestructuras de agua y saneamiento han sido dañadas o destruidas este año. La consiguiente pérdida de agua potable y segura ha propagado enfermedades cutáneas e infecciones entre una población ya despojada de cualquier protección. La historia registrará esto como una campaña deliberada para quebrar a un pueblo, y señalará y condenará a los criminales que la ordenaron, a quienes la ejecutaron y a quienes la presenciaron en silencio.
Los niños de Gaza marcarán a Israel con una mancha eterna de vergüenza
Lo que los médicos describen desde Gaza supera cualquier horror: niños quemados hasta quedar irreconocibles, destrozados por las explosiones y desangrándose en los suelos de los hospitales mientras el personal médico, desbordado y sin suministros, debe decidir a quiénes puede salvar. Un médico que trabajó allí afirmó haber visto más niños incinerados en una sola semana que en toda su carrera médica en diversas zonas de guerra. No son estadísticas. Son niños —cada uno con un nombre, una familia y un futuro— destruidos por el implacable y deshumanizado asalto de Israel. Ningún objetivo político, ninguna apelación a la seguridad puede excusar la matanza y mutilación masiva de niños. Lo que Netanyahu y su infame gobierno han infligido a la infancia de Gaza marcará a Israel con una mancha de vergüenza imborrable.
La cobardía y la complicidad de Europa permiten las atrocidades de Israel
Las democracias europeas no son espectadoras inocentes; al negarse a imponer medidas punitivas reales contra Israel, se han convertido en cómplices de sus crímenes. Observan cómo Gaza es reducida a escombros y cómo los palestinos de Cisjordania son expulsados de sus tierras por el terror, la violencia y la brutalidad militar de los colonos, para luego responder con huecas declaraciones de «preocupación». Incluso la propia evaluación de la Unión Europea halló pruebas incontestables de que Israel ha violado flagrantemente la cláusula de derechos humanos de su Acuerdo de Asociación. A pesar de ello, Europa sigue protegiendo los privilegios comerciales, mantiene la normalidad diplomática y es incapaz de detener el flujo de armas. Europa debe suspender su acuerdo con Israel, sancionar a los funcionarios responsables, retirar a sus embajadores e imponer un embargo de armas. El silencio ante semejante devastación es intolerable; es cobardía y es complicidad.
Trump es cómplice de crímenes contra la humanidad
Sucesivas administraciones estadounidenses han facilitado la ocupación israelí y sus reiterados ataques contra los palestinos mediante el respaldo diplomático, la ayuda militar y el blindaje sistemático de Israel frente a cualquier rendición de cuentas internacional significativa. Sin embargo, Trump ha elevado esa complicidad a un nivel mucho más descarado. En un momento en que los civiles palestinos son asesinados, desplazados, hambreados y privados de ayuda humanitarian básica, ha optado por no utilizar la inmensa influencia de Estados Unidos para exigir el fin inmediato de estas atrocidades. Al contrario, su autorización de 2.800 millones de dólares en armamento adicional premia y sostiene la devastadora campaña militar de Israel. Suministrar armas en medio de semejante destrucción constituye una participación activa y acarrea una responsabilidad moral y política ineludible por su continuidad. Esto es complicidad en crímenes contra la humanidad.
Las mejores mentes de Israel huyen de la ruina moral de su país
Israel está expulsando a las personas que menos puede permitirse perder. Desde 2023, cerca de 200.000 israelíes han emigrado del país, entre ellos médicos, ingenieros, científicos y profesionales del sector tecnológico: una fuga de cerebros acelerada que debilita el futuro de la nación. No huyen de la inseguridad ni de la incertidumbre económica. Muchos abandonan un Estado que se hunde cada vez más en la catástrofe moral provocada por la destrucción deliberada de Gaza y el despojo interminable de los palestinos en Cisjordania. Una nación no puede brutalizar a otro pueblo, normalizar la impunidad y pretender que su propio tejido moral y social sobreviva intacto. Los líderes de Israel están destruyendo vidas palestinas y, al hacerlo, sacrifican a sus ciudadanos más brillantes, quienes ya no ven un futuro al cual regresar.
Los israelíes deben alzarse para detener los crímenes contra la humanidad cometidos en su nombre
El asalto de Israel contra los palestinos es una catástrofe moral que exige indignación, no silencio. La presión internacional es esencial, pero los propios israelíes deben alzarse y denunciar categóricamente estos crímenes cometidos en su nombre. Su gobierno no solo está masacrando a los palestinos; está destruyendo los cimientos morales sobre los que se fundó Israel y mancillando la conciencia del pueblo judío en todo el mundo. Su deshumanización del pueblo palestino pone en peligro su propio futuro y plantea serios interrogantes sobre su derecho a existir. Los israelíes no pueden limitarse a guardar luto o a disentir en privado. Deben organizarse, resistir, protestar y declararse en una ‘huelga general’. Deben exigir el fin inmediato de la brutalidad estatal. Si no lo hacen, se quedarán con un Estado vacío, indigno de su nombre, y pagarán el precio definitivo.
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Dr. Alon Ben-Meir es presidente del ‘Institute for Humanitarian Conflict Resolution’.