Por: Juan Pablo Cinelli. Fuente: Tiempo Argentino.
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Escritor Francés. Emmanuel Carrère. Foto: JOEL SAGET / AFP
La visita del escritor Emmanuel Carrère, uno de los más exitosos y respetados de la literatura contemporánea en lengua francesa, desató en Buenos Aires una especie de beatlemanía de tal magnitud, que parece que nadie es inmune a su influencia. Dueño de una obra que incluye más de 20 títulos, casi todos publicados en castellano por la editorial Anagrama a través de sus distintas colecciones.
Carrère pasó por acá como una verdadera estrella de rock. Un tsunami que arrastró multitudes no solo en cada una de las actividades de las que participó, en el marco del 18° Festival Internacional de Literatura (Filba). También en el mundo virtual, donde los posteos, las fotos, los tuits y los videos que invariablemente lo tienen como protagonista consiguieron competirle por un rato, pero de igual a igual, a aquellos que todos los días desbordan las marquesinas de las redes sociales para dar cuenta de la angustiosa y grave actualidad del país.
Durante la mañana de este viernes, el celebrado francés compartió un desayuno con dos decenas de periodistas culturales, con quienes dialogó durante una hora sin esquivarle el bulto a ningún tema. Por supuesto, repasó algunas de sus obras de rigor, con especial énfasis en su último trabajo, la novela Koljós, que junto a Una novela rusa (publicada 18 años antes) compone un díptico ad hoc en el que, entre otras cosas, aborda en profundidad su historia familiar, con particular énfasis en la figura de su madre. Pero también se habló de otros trabajos emblemáticos, como el libro de no ficción El adversario, la novela De vidas ajenas o el volumen de crónicas V13, en los que la literatura y la realidad siempre se intersecan.
Siempre amable y de hablar claro y pausado, Carrère respondió y aceptó dialogar de todo. Aunque hablar de su obra inevitablemente remite, como se dijo, a indagar en el lugar que su propia narrativa familiar ocupa dentro de ella. En especial el vínculo con su madre, historiadora y miembro de la Academia Francesa. A tal punto era conflictiva esa relación, que en Una novela rusa el escritor traicionó el pedido de no contar la historia de su familia, porque, según dice el personaje de su madre, esa «es mi historia, no la tuya». Un tema que regresa en Koljós, aunque al momento de su publicación en 2025 ella llevaba dos años muerta.
“Creo que tal vez sea por eso que Koljós es un libro mucho más sereno, aplacado, a diferencia de Una novela rusa, que es algo más estridente, más transgresor y más nervioso”, concedió Carrère, aunque en Una novela rusa su madre dice que si él publica “eso” ella se muere. “Mi madre tenía miedo de que fuera una catástrofe para ella, pero no pasó nada ni le supuso ningún problema. Creo que, en el fondo, ese libro la alivió, aunque es cierto que fue una terapia muy violenta. Unos años después me dijo que había hecho bien en escribir ese libro. Lo dijo a su manera, rápidamente, sin detenerse demasiado. Pero lo dijo”.

Por eso Carrère aceptó que de alguna manera Koljós representa un ejercicio de reparación en ese sentido, no sin aclarar enseguida que “en realidad esta cuestión ya la habíamos dirimido con mis padres mucho antes de su muerte”. “Es cierto que mi madre y yo tuvimos una verdadera pelea de dos o tres años. Pero después hicimos las paces y durante los años que siguieron mantuvimos una relación muy buena”, concluyó. Sin embargo, el autor reconoció haber ido más allá de algunos límites que, con la experiencia del tiempo ahora de su lado, hoy no volvería a atravesar. “Cuando uno escribe sobre sí mismo, es uno el que decide lo que cuenta: lo más problemático es escribir sobre los demás. En esos casos hay imperativos éticos que uno debe enfrentar en esas situaciones y que en Una novela rusa claramente los transgredí. Lo hecho, hecho está, pero no me gustaría repetirlo”.
En ese mismo sentido, Carrère también admitió que hay otros límites que no piensa cruzar de ningún modo, entre ellos, sobre todo, el de incluir a sus hijos en sus próximos libros. “Escribir sobre nuestros hijos debería ser para los escritores casi como el tabú del incesto: no podemos invadirlos con un relato. Si uno cuenta su propia historia o la de sus padres, no dejan de ser historias que ya están consumadas. Pero los hijos están construyendo el propio relato de sus vidas, entonces no somos quiénes para imponer un relato en nombre de ellos”, afirmó de manera concluyente.
El de la compleja situación geopolítica y el avance de la extrema derecha en todo el mundo, incluida Francia, donde la extremista Marine Le Pen lidera la intención de voto para las próximas elecciones en abril de 2027, eran temas dificiles de evitar. Al pedirle un análisis del clima político actual en su país, Carrère sostuvo que “por el momento no se sabe qué va a pasar dentro de cinco meses. Podemos esperar que finalmente no ocurra aquello que tememos [el triunfo electoral de Le Pen]”. En ese sentido reconoció que la ausencia de un candidato que represente una alternativa real agrava el problema. “La situación sería distinta si al menos empezara a desmarcarse un candidato de centro-derecha o centro-izquierda, un candidato lejos de los extremos. Si llegara a aparecer un demócrata más o menos honorable (porque tampoco nos vamos a poner muy exigentes), se lo agradeceríamos al cielo”, sostuvo. Para matizar ese panorama sombrío mencionó el caso de Hungría, al que calificó como “tranquilizador, porque demuestra que es posible dar marcha atrás y que las cosas no van en un sentido único”.
Con libros como V13 (que recoge una serie de crónicas sobre el juicio de 2017 por los atentados al Teatro Bataclan, ocurridos en 2015) o El adversario (donde narra la historia real de un hombre que en 1993 asesinó a toda su familia), Carrère confirma que lo que ocurre a su alrededor lo afecta y le interesa como material literario. ¿Pero qué es lo que ocurre cuando se les pide a los artistas que definan una posición frente a la realidad, como sucede actualmente con la intervención del Estado de Israel en territorios palestinos, exigiéndoles que se pronuncien con claridad?
“Por supuesto que comparto el sentimiento de espanto generalizado que hay respecto a la situación en Gaza y en los territorios ocupados. Es algo obvio, pero esa es mi posición en tanto ciudadano”, afirmó el escritor, antes de aclarar que como artista la cosa es más compleja. “La verdad es que como escritor me cuesta mucho, porque siento que en este momento la realidad se nos escapa completamente. Y en todos los campos. En el de la política y la geopolítica… o en el campo de lo ecológico, obviamente. Me siento muy desamparado como hombre y también como padre. Tengo hijos, tengo un nieto, y tengo la impresión de que van a vivir en un mundo de pesadillas”.
En ese cruce de escritura y realidad, Carrère también fue consultado por las diferencias que encuentra entre su trabajo literario y el periodístico, entre escribir sobre una noticia y hablar de temas reales en una novela. “En términos de escritura no hay ninguna diferencia. Es lo mismo cuando escribo para un libro o para un medio gráfico”, aclaró. “Soy consciente de la suerte que tengo, de que gracias a mi notoriedad puedo permitirme escribir para un medio periodístico con la misma libertad y soltura con la que lo hago en un libro. Y la libertad significa también tener espacio. Además me gustaba esta limitante de tener que entregar una crónica los lunes después de haberla trabajado durante el fin de semana. Por más que la temática que estaba abordando era terrible, ese ritmo de trabajo era satisfactorio”.

El tema de las inteligencias artificiales, una de las grandes preocupaciones de la actualidad, tampoco podía estar ausente. Al ser consultado acerca de la labor artesanal en la creación literaria, en un contexto donde lo artificial comienza a permear las escrituras, el autor francés aseguró que valora mucho la parte técnica del oficio de escribir, a la que definió como una actividad placentera. “Con respecto a la inteligencia artificial, diría que, de algún modo, tengo la suerte de ser demasiado viejo para que ese sea un problema propio. Si fuera un joven escritor sin dudas sentiría que se trata de algo que va a ser muy problemático. Ya empieza a haber una hibridación, pero en mi caso todavía puedo trabajar a la antigua”, afirmó.
Sin embargo, también reconoció que le da mucha curiosidad leer textos literarios producidos por ese tipo de modelos de lenguaje y mencionó el caso del escritor canadiense-haitiano Thélyson Orélien, cuya exitosa novela C’était ça ou mourir (Era eso o morir) había sido seleccionada entre los finalistas al premio Goncourt, el más importante de la lengua francesa, pero su candidatura fue retirada luego de que se lo acusara de haber utilizado inteligencia artificial para escribir casi la totalidad del texto. “Yo no leí su novela, pero me pregunto si, de haberlo hecho antes de que se supiera la verdad, me hubiera dado cuenta de la diferencia”.
A partir de eso y al ser consultado sobre las consecuencias que puede tener sobre escritura este tipo de hibridación entre lo humano y la máquina, Carrère reconoció que “eso es parte del modo en que la IA esté cambiando nuestras vidas de manera tan radical y a una velocidad tan loca en todas las áreas”. “¿Alguien recuerda qué lugar tenía la IA hace 2 o 3 años en nuestras vidas?”, se preguntó el francés. “Casi nada. Era como una cosa abstracta que veíamos medio de lejos y ahora ha penetrado un montón de aspectos de nuestra vida diaria. Y no tenemos ninguna capacidad para imaginar qué va a pasar de aquí a unos años. La velocidad de despliegue de todo esto es alucinante”, concluyó con una resignación que le dio a sus palabras un tono aún más apocalíptico.
Otro tema que no podía faltar en una charla entre 20 argentinos y un francés era el psicoanálisis. Por eso cuando se le consultó a Carrère, un psicoanalizado confeso, cuáles son los beneficios que esos procesos le aportaron a su obra, respondió sin dudarlo. “En el terreno de lo personal no es posible saber qué beneficios le reporta el psicoanálisis a nuestras vidas, porque no sabemos que hubiera pasado si no hubiéramos atravesado ese proceso”, pero reconoció que es más fácil a la hora de hablar de su influencia en la escritura. El escritor francés mencionó en ese punto el principio de la asociación libre, un recurso que está presente en el psicoanálisis y al mismo tiempo una herramienta que admitió utilizar con frecuencia a la hora de escribir.
Carrère también abordó en la charla con los periodistas argentinos de qué forma suele atravesar las distintas etapas que constituyen el proceso de la escritura de un libro. “Lo que me genera más dificultades es sacar una primera versión, el primer borrador, como se dice en el cine. El material con el que se empieza a trabajar. A partir de esa primera versión, por más que se trate de un material al que todavía hay que afinar, comienza un trabajo que disfruto mucho. Ese trabajo de montaje es lo que más me gusta, tanto en una película como en un libro”, confesó.
El recurso permanente de incluir a personas reales en sus libros le ha permitido a Carrère aparecer como personaje en muchos de ellos. Sobre el final de la que tal vez sea su novela más famosa, De vidas ajenas, Etienne, el protagonista, le dice al personaje del escritor: «Me gusta el tipo que lleva mi nombre en tu libro». A propósito de eso, alguien aprovechó para preguntarle si se lleva bien con las versiones de sí mismo que fue acumulando en sus propios textos. “Por momentos sí”, aceptó, “aunque a veces me encuentro un poco antipático”.
“El hecho de autonarrarse, tanto para los defectos como para las virtudes, funciona como si se le subiera un poco el volumen a todos esos rasgos”, admitió. Como corolario, al indagar acerca de cuál de los libros que lleva publicados hasta ahora es el que más le gusta, el autor escogió justamente De vidas ajenas. “Creo que es el libro más conmovedor y el más humano que he hecho. Si tuviera que presentarme ante un tribunal, ese sería el libro que mostraría en mi defensa”, señaló entre risas.