Por: Peter Noordendorp. Fuente: Agencia Pressenza
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Lo que comenzó como una pequeña protesta en Madrid para defender a una mujer de 87 años que fue violentamente expulsada de su departamento donde vivió desde que tenía 17 años, en que en solo un día creció convirtiéndose en una movilización nacional contra el poder de las empresas que se llevan el premio por los alquileres de las viviendas que llegan a cifras exponenciales.
La expulsión de una anciana fue suficiente para encender la chispa que ardía durante años en los corazones de millones de personas, jóvenes y mayores. Las manifestaciones masivas y una acampada con carpas de campaña permanente en la Plaza del Sol de Madrid están exigiendo el fin de la degeneración total del derecho al alquiler y el derecho a la vivienda.
No se detuvo allí. Cuando la anciana murió en el hospital como consecuencia del estrés extremo por el que pasó, surgieron nuevas manifestaciones masivas, denunciando su desaparición como un asesinato.
El gobierno español reaccionó apresuradamente para mejorar la situación, pero el Parlamento de derecha rechazó su propuesta y obligó al gabinete minoritario de Pedro Sánchez a convocar a nuevas elecciones generales.
En Francia, los estudiantes de Lycée comenzaron protestas frente a sus escuelas, debido al estado desplorable de sus escuelas y la falta masiva de maestros. La policía antidisturbios los atacó violentamente y los padres, maestros y directores de escuelas tuvieron que protegerlos del ataque. Estamos hablando de jóvenes de entre 12 y 17 años. Debido a la violencia inicial de la policía antidisturbios, estas protestas en toda Francia se convirtieron en manifestaciones masivas en París el 6 de octubre. Tomaron la Bastilla, un monumento que se erige en el lugar donde en los primeros días de la Revolución Francesa de 1797 la población irrumpió en la prisión de la Bastilla. Una repetición simbólica de la toma de la prisión de la Bastilla, con una gran bandera anunciando la Segunda Revolución.
La violencia de la policía antidisturbios contra las masas de jóvenes fue excesiva, mostrando cómo Francia se ha convertido en un verdadero estado policial. Pero los jóvenes manifestantes mantuvieron una actitud no violenta, avergonzando a la policía con sus constantes consignas denunciando su violencia cobarde. Una poderosa respuesta proveniente de miles de voces. Y las protestas no han terminado.
También aquí el Primer Ministro tuvo que luchar, prometiendo 5.000 nuevos maestros, sin mencionar nada sobre el precario estado de los edificios escolares. De dónde sacará de repente 5.000 profesores, nadie lo sabe.
En Francia ya no se trata solo de las escuelas. Se ha convertido en una denuncia de todo el establishment político, responsable de la crisis económica y social, y de su creciente belicismo. Esta joven generación quiere cambios profundos que garanticen un futuro brillante y pacífico. No creo que se rindan fácilmente.
En Alemania ya se han celebrado varios mítines de paz y contra la guerra en Berlín y otras ciudades alemanas, con muchos miles de participantes, donde los jóvenes alemanes rompieron las cartas que recibieron del Ministerio de Defensa para incentivar el reclutamiento militar.
También en los Países Bajos se han celebrado los primeros mítines de paz y lucha contra la guerra, también con muchos jóvenes. En ambos países se ha producido un renacimiento repentino de las marchas contra la guerra.
En Italia, la generación joven protesta contra las leyes anti-inmigración, defendiendo los derechos de las personas que buscan una vida mejor.
Todos sabemos que fueron los jóvenes los que en Europa encabezaron las manifestaciones masivas en apoyo del pueblo palestino y denunciaron el genocidio de Israel en Gaza.
En todas estas protestas está claro que la joven generación de hoy quiere un cambio profundo y el fin de todas las formas de violencia. De la discriminatoria, económica, educacional, social, política, etc.
Cuando escuchas lo que dicen, caes en cuenta que no es un eslogan. Explican con palabras claras lo que quieren y lo que no quieren. Sus voces son suaves mientras explican, no estridentes. Con sentimiento.
Son la esperanza para nuestro futuro. Ellos son el cambio. Démosle toda la fuerza que necesitan para continuar y ampliar su lucha no violenta hasta que todos los sectores de la sociedad se unan a ellos, convirtiéndose en una fuerza imparable que ni siquiera los gobiernos y su policía antidisturbios y sus armas puedan detener.